Me ven ahora
9 de abril de 2012
Kafka ocho veces plagiado - José de la Colina
13 de agosto de 2008
Microrelatos- José de la Colina

Mitos revisitados -1
ORFEO BUSCA A EURÍDICE
Habiendo perdido a Eurídice, Orfeo la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que encantaban a todos los ciudadanos, quienes le daban monedas y le pedían encores. Luego fue a buscar a Eurídice al infierno, y allí cantó sus endechas ante Plutón.
Plutón escuchó con placer y le dijo:
—Te devuelvo a tu esposa, pero sólo podrán los dos salir de aquí si en el camino ella te sigue y nunca te vuelves a verla, porque la perderías para siempre.
Y echaron los dos esposos a andar, él mirando hacia delante y ella siguiendo sus pasos...
Mientras andaban y a punto de llegar a la salida, recordó Orfeo aquello de que los Dioses infligen desgracias a los hombres para que tengan asuntos que cantar, y sintió nostalgia de los aplausos y los honores y las riquezas que le habían logrado las elegías motivadas por la ausencia de su esposa.
Y entonces con el corazón dolido y una sonrisa de disculpa volvió el rostro y miró a Eurídice.
Ardiente
¿Quieres soplarme en este ojo? -me dijo ella-. Algo se me metió en él que me molesta.
Le soplé en el ojo y vi su pupila encenderse como una brasa que acechara entre cenizas.
Mitos revisitados -2
LA LIEBRE Y LA TORTUGA
Jadeante hasta la agonía y poco antes de desplomarse al suelo, la Liebre le preguntó a la Tortuga:
— ¿Cómo es posible? ¿Tú? ¿Tú ganarme la carrera?
Y la Tortuga, mirándose las uñas, susurró:
— Lo siento, pero olvidé decirte que mi otro nombre es Muerte.
7 de agosto de 2008
Micro relato - José de la Colina

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
-Ah, es una delicia -me respondió- ya estoy leyéndolo.
Augusto Monterroso- El dinosaurio
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.Ana María Shua - Naufragio
¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.1 de mayo de 2008
El silencio de las sirenas Franz Kafka- Marco Denevi -José de la Colina -Jorge Luis Borges

Franz Kafka
(Praga, 1883 - Viena, 1924)El silencio de las sirenas

