Me ven ahora
5 de julio de 2012
Ryszard Kapuściński Frases
"Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas".
"Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante".
"Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático".
"La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso".
4 de julio de 2012
Wislawa Szymborska / Ella Fitzgerald en el cielo
Cerca de 10.000 personas, entre ellos el primer ministro y el presidente de Polonia, Donald Tusk y Bronislaw Komorowski, asistieron al entierro en Cracovia de la poetisa Wislawa Szymborska, premio Nobel de Literatura en 1996.
Soldados portaron la condecoración del Águila Blanca, la más honrosa del país, que recibió Szymborska en 2011 y la urna con las cenizas de la Mozart de la poesía, sonaba la canción favorita de Wislawa Szymborska, Black Coffee, de Ella Fitzgerald. En la versión optimista, seguramente la está escuchando fumando un cigarrillo y tomando su café, dijo su secretario personal y amigo, Michal Rusinek.
Le rezaba a Dios,Ella Fitzgerald en el cielo
le rezaba ardientemente,
para que hiciera de ella
una feliz chiquilla blanca.
Y si ya es tarde para esos cambios,
pues al menos, Mi Señor, mira cuánto peso
y quita de aquí como poco la mitad.
Pero el misericordioso Dios dijo No.
Simplemente puso la mano en su corazón,
le miró la gargante, le acarició la cabeza.
Y cuando todo haya pasado—añadió—,
me llenarás de júbilo viniendo a mí,
mi alegría negra, mi tonel cantarín.
(Del libro Aquí, Bartleby editores, Madrid, 2009, traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano),
I'm feeling mighty lonesome, haven't slept a wink,
I walk the floor, watch the door,
And in between I drink, black coffee,
Loves a hand-me-down brew,
I'll never know a white sunday, in this weekday blue,
I'm talking to the shadows one o'clock till four,
And lord how slow the moments go,
All I do is pour, black coffee..
Since the blues caught my eye,
I'm hanging out on monday,
But sunday dreams too dry.
They say a man, is born to go alone,
And a woman, is born to weep and fret,
To stay at home and drown her past regrets
In coffee and cigarettes.
And moody all the morning, moody all night.
And in between I drink black coffee.
3 de julio de 2012
Vita contemplativa Adam Zagajewski
"Cristo en casa de Marta y María", de Velsazquez
«VITA CONTEMPLATIVA»
Era ya septiembre, tal vez. Bebiendo un café insípido
en el jardín de la cafetería en el Museumsinsel,
yo pensaba en Berlín, en sus oscuras aguas.
He aquí negros edificios que han visto mucho.
Pero en Europa hay paz, los diplomáticos dormitan,
el sol es pálido, el verano muere tranquilamente,
las arañas le tejen una mortaja brillante, las hojas secas
de los plátanos escriben sus recuerdos de juventud.
Esto es la vita contemplativa.
Las oscuras paredes de Pérgamo; dentro, blancas esculturas.
Bustos de belleza griega. Es esto.
Un altar ante el que nadie reza.
Esto es la vita contemplativa.
Narkissos: una copia romana de un joven griego
con prótesis de cobre (¿un inválido de alguna
guerra?).
Al lado un kurós con su escroto (el phallus desapareció).
Tal vez estemos en una isla desierta.
Sin prisa avanza el tiempo, lentamente.
Bendita perplejidad, esto es la vita contemplativa.
Felicidad. Un instante sin hora, como dijo el poeta
muerto en Lublin por una bomba. Es esto.
Y si estallara la vita activa de nuevo,
en esta o en otra ciudad, ¿qué haría Artemisa
del siglo iv a. C.? ¿O Narciso? ¿O Hermes?
Caras apergaminadas que me miran con envidia;
yo todavía me puedo equivocar, ellas ya no.
Un equinoccio; es esto.
De la realidad con el sueño, del mundo y de la mente. Es alegría.
Quietud, una tensa atención, un levitar del corazón.
En negros muros, débilmente, arden claros pensamientos.
Es esto. No sabemos lo que es.
Vivimos en un abismo. En las aguas oscuras. En el resplandor.
De: Mano Invisible, 2012. Fuente: Acantilado.
Traducción de Xavier Farré
2 de julio de 2012
«VITA CONTEMPLATIVA»
Era ya septiembre, tal vez. Bebiendo un café insípido
en el jardín de la cafetería en el Museumsinsel,
yo pensaba en Berlín, en sus oscuras aguas.
He aquí negros edificios que han visto mucho. Pero en Europa hay paz, los diplomáticos dormitan,
el sol es pálido, el verano muere tranquilamente,
las arañas le tejen una mortaja brillante, las hojas secas
de los plátanos escriben sus recuerdos de juventud.
Esto es la vita contemplativa.
Las oscuras paredes de Pérgamo; dentro, blancas esculturas.
Bustos de belleza griega. Es esto.
Un altar ante el que nadie reza.
Esto es la vita contemplativa.
Narkissos: una copia romana de un joven griego
con prótesis de cobre (¿un inválido de alguna
guerra?).
Al lado un kurós con su escroto (el phallus desapareció).
Tal vez estemos en una isla desierta.
Sin prisa avanza el tiempo, lentamente. Bendita perplejidad, esto es la vita contemplativa.
Felicidad. Un instante sin hora, como dijo el poeta
muerto en Lublin por una bomba. Es esto.
Y si estallara la vita activa de nuevo,
en esta o en otra ciudad, ¿qué haría Artemisa
del siglo iv a. C.? ¿O Narciso? ¿O Hermes?
Caras apergaminadas que me miran con envidia;
yo todavía me puedo equivocar, ellas ya no.
Un equinoccio; es esto.
De la realidad con el sueño, del mundo y de la mente. Es alegría.
Quietud, una tensa atención, un levitar del corazón.
En negros muros, débilmente, arden claros pensamientos.
Es esto. No sabemos lo que es.
Vivimos en un abismo. En las aguas oscuras. En el resplandor.
Traducción del polaco de Xavier Farré. De: Mano Invisible, 2012. Fuente: Acantilado.
Era ya septiembre, tal vez. Bebiendo un café insípido
en el jardín de la cafetería en el Museumsinsel,
yo pensaba en Berlín, en sus oscuras aguas.
He aquí negros edificios que han visto mucho. Pero en Europa hay paz, los diplomáticos dormitan,
el sol es pálido, el verano muere tranquilamente,
las arañas le tejen una mortaja brillante, las hojas secas
de los plátanos escriben sus recuerdos de juventud.
Esto es la vita contemplativa.
Las oscuras paredes de Pérgamo; dentro, blancas esculturas.
Bustos de belleza griega. Es esto.
Un altar ante el que nadie reza.
Esto es la vita contemplativa.
Narkissos: una copia romana de un joven griego
con prótesis de cobre (¿un inválido de alguna
guerra?).
Al lado un kurós con su escroto (el phallus desapareció).
Tal vez estemos en una isla desierta.
Sin prisa avanza el tiempo, lentamente. Bendita perplejidad, esto es la vita contemplativa.
Felicidad. Un instante sin hora, como dijo el poeta
muerto en Lublin por una bomba. Es esto.
Y si estallara la vita activa de nuevo,
en esta o en otra ciudad, ¿qué haría Artemisa
del siglo iv a. C.? ¿O Narciso? ¿O Hermes?
Caras apergaminadas que me miran con envidia;
yo todavía me puedo equivocar, ellas ya no.
Un equinoccio; es esto.
De la realidad con el sueño, del mundo y de la mente. Es alegría.
Quietud, una tensa atención, un levitar del corazón.
En negros muros, débilmente, arden claros pensamientos.
Es esto. No sabemos lo que es.
Vivimos en un abismo. En las aguas oscuras. En el resplandor.
Traducción del polaco de Xavier Farré. De: Mano Invisible, 2012. Fuente: Acantilado.
Adam Zagajewski: A mí mismo en mis memorias
Leonid Afremov
A mí mismo en mis memorias
Fluye, fluye, nube gris,
se abre la flor de la peonía,
nada te une ya a esta tierra,
nada te une ya a este cielo.
Delira en la canícula el jardín,
un gato da bostezos en el porche.
Caminas por la calle de los tilos
en flor, de qué ciudad, lo ignoras,
en qué país, no lo recuerdas.
Brillan livianos los estorninos,
la noche se aproxima suavemente,
juegan al escondite los capullos de las rosas.
Eres tan sólo un sueño, una imagen,
sólo un anhelo eres.
Cuando te vayas, como las nubes,
se teñirá de bronce tu recuerdo.
Y rondarás los ríos
y las sombras de los árboles,
pero naufragarás en la tierra, en la tierra, en la tierra.
Versión de Elzbieta Bortkiewicz
1 de julio de 2012
La peor noche de bodas de Fernando VII
Su total desconocimiento acerca del sexo y la fogosidad de Fernando VII provocaron que María Josefa Amalia de Sajonia sufriera la peor experiencia de su vida tras casarse con el rey
Durante muchos años, el sexo ha constituido uno de los mayores tabúes de la sociedad occidental. Esto ha provocado numerosas situaciones embarazosas y traumáticas, como la que vivió María Josefa Amalia de Sajonia la noche de su boda con el rey español Fernando VII.
Este suceso, ha llegado hasta nuestros días recogido en una carta que el escritor francés Prosper Mérimée remitió a su gran amigo Stendhal (Sept lettres de Mérimée a Stendhal )y que sirve para ilustrar lo alejadas del mundo que vivían las jóvenes aristócratas europeas siglos atrás.
La anécdota narra la noche de bodas de Fernando VII con su tercera esposa, María Josefa Amalia de Sajonia, una joven que aún no había cumplido los 16 años cuando contrajo matrimonio con el rey español, en 1819. Tras la muerte de su madre, Josefa se había criado en un convento, por lo que su conocimiento de las relaciones carnales era absolutamente inexistente. El monarca, en cambio, era conocido por sus arrebatos sexuales, además de por su obsesión por engendrar un hijo varón que asegurase la continuidad de la monarquía.
Por aquel entonces era costumbre que justo antes de comenzar la noche de bodas, la princesa de sangre ya casada y más cercana en categoría al rey pasase quince minutos con la novia explicándole lo que sucedería después.
Sin embargo, llegado el momento, la cuñada del rey, María Teresa de Braganza, se negó a ejercer tal función ya que era hermana de Isabel de Braganza, la anterior esposa de Fernando. A falta de la princesa, la función debía de ser cumplida por la camarera mayor. Sin embargo, esta también se negó, alegando que «nunca se había fijado en las cosas que su marido le hacía en la cama».
Así que el rey entra en la habitación de una asustada niña de 16 años que al verlo así -gordo, entrado en años y, con toda probabilidad, tremendamente excitado- intenta huir de él corriendo por toda la habitación. De nada sirve intentar comunicarse hablando, puesto que ella no conoce el español, solo el alemán.
Fernando VII monta en cólera y llama a su cuñada y a la camarera mayor para que instruyan a la novia inmediatamente. Tras la breve charla de ambas mujeres con la joven, el rey retorna a la habitación y se dispone a consumar el matrimonio sin encontrar resistencia alguna.
Sin embargo, el temor de María Josefa Amalia de Sajonia era tan grande que, mientras Fernando la penetraba, se fue de vientre sobre él. El rey, concluye la carta, se limpió como pudo y no volvió a tocar a su esposa en ocho días. Curiosamente, la reina murió diez años después y sin haber tenido descendencia.
Fuente: Historias de España
30 de junio de 2012
ELEGIA EN LA MUERTE DE UN PERRO Miguel de Unamuno
"Moises", óleo sobre lienzo, 65 x 81 cm.Almudena Salamanca
La quietud sujetó con recia mano
al pobre perro inquieto,
y para siempre
fiel se acostó en su madre
piadosa tierra.
Sus ojos mansos
no clavará en los míos
con la tristeza de faltarle el habla;
no lamerá mi mano
ni en mi regazo su cabeza fina
reposará.
Y ahora, ¿en qué sueñas?
¿dónde se fue tu espíritu sumiso?
¿no hay otro mundo
en que revivas tú, mi pobre bestia,
y encima de los cielos
te pasees brincando al lado mío?
¡El otro mundo!
¡Otro… otro y no éste!
Un mundo sin el perro,
sin las montañas blandas,
sin los serenos ríos
a que flanquean los serenos árboles,
sin pájaros ni flores,
sin perros, sin caballos,
sin bueyes que aran…
¡El otro mundo!
¡Mundo de los espíritus!
Pero allí ¿no tendremos
en torno de nuestra alma
las almas de las cosas de que vive,
el alma de los campos,
las almas de las rocas,
las almas de los árboles y ríos,
las de las bestias?
Allá, en el otro mundo,
tu alma, pobre perro,
¿no habrá de recostar en mi regazo
espiritual su espiritual cabeza?
La lengua de tu alma, pobre amigo,
¿no lamerá la mano de mi alma?
¡El otro mundo!
¡Otro… otro y no éste!
¡Oh, ya no volverás, mi pobre perro,
a sumergir los ojos
en los ojos que fueron tu mandato;
ve, la tierra te arranca
de quien fue tu ideal, tu dios, tu gloria!
Pero él, tu triste amo,
¿te tendrá en la otra vida?
¡El otro mundo!…
¡El otro mundo es el del puro espíritu!
¡Del espíritu puro!
¡Oh, terrible pureza,
inanidad, vacío!
¿No volveré a encontrarte, manso amigo?
¿Serás allí un recuerdo,
recuerdo puro?
Y este recuerdo
¿no correrá a mis ojos?
¿No saltará, blandiendo en alegría
enhiesto el rabo?
¿No lamerá la mano de mi espíritu?
¿No mirará a mis ojos?
Ese recuerdo,
¿no serás tú, tú mismo,
dueño de ti, viviendo vida eterna?
Tus sueños, ¿qué se hicieron?
¿Qué la piedad con que leal seguiste
de mi voz el mandato?
Yo fui tu religión, yo fui tu gloria;
a Dios en mí soñaste;
mis ojos fueron para ti ventana
del otro mundo.
¿Si supieras, mi perro,
qué triste está tu dios, porque te has muerto?
¡También tu dios se morirá algún día!
Moriste con tus ojos
en mis ojos clavados,
tal vez buscando en éstos el misterio
que te envolvía.
Y tus pupilas tristes
a espiar avezadas mis deseos,
preguntar parecían:
¿Adónde vamos, mi amo?
¿Adónde vamos?
El vivir con el hombre, pobre bestia,
te ha dado acaso un anhelar oscuro
que el lobo no conoce;
¡tal vez cuando acostabas la cabeza
en mi regazo
vagamente soñabas en ser hombre
después de muerto!
¡Ser hombre, pobre bestia!
Mira, mi pobre amigo,
mi fiel creyente;
al ver morir tus ojos que me miran,
al ver cristalizarse tu mirada,
antes fluida,
yo también te pregunto: ¿adónde vamos?
¡Ser hombre, pobre perro!
Mira, tu hermano,
ese otro pobre perro,
junto a la tumba de su dios, tendido,
aullando a los cielos,
¡llama a la muerte!
Tú has muerto en mansedumbre,
tú con dulzura,
entregándote a mí en la suprema
sumisión de la vida;
pero él, el que gime
junto a la tumba de su dios, de su amo,
ni morir sabe.
Tú al morir presentías vagamente
vivir en mi memoria,
no morirte del todo,
pero tu pobre hermano
se ve ya muerto en vida,
se ve perdido
y aúlla al cielo suplicando muerte.
Descansa en paz, mi pobre compañero,
descansa en paz; más triste
la suerte de tu dios que no la tuya.
Los dioses lloran,
los dioses lloran cuando muere el perro
que les lamió las manos,
que les miró a los ojos,
y al mirarles así les preguntaba:
¿adónde vamos?
28 de junio de 2012
amor Feliz
Amor feliz. ¿Es normal,
es serio, es positivo?
¿De qué le sirven al mundo dos seres
que no ven el mundo?
Enaltecidos mutuamente sin merecerlo,
dos cualesquiera entre un millón, mas convencidos
de que les sucedería. ¿En recompensa de qué? De nada.
La luz cae de ninguna parte.
¿Por qué da en ellos y no en otros?
¿Ofende a la justicia? Sí.
¿Infringe las normas establecidas con esmero,
despeña la moraleja desde la cumbre? Infringe y despeña.
Mirad a los felices:
¡Si al menos se escondieran un poco,
si fingieran agobio para reconfortar a los amigos!
Escuchad cómo ríen: es una afrenta.
En qué lengua hablan, al parecer comprensible.
Y esos ceremoniales, esos miramientos,
esas primorosas y mutuas atenciones,
¡diríase un complot a espaldas de la humanidad!
¿Qué ocurriría
si su ejemplo se imitara?
A qué recurrirían la religión y la poesía,
qué sería recordado y qué olvidado,
quién eligiría permanecer encerrado en el círculo.
Amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el juicio obligan a silenciarlo
como si fuera un escándalo de las altas esferas de la Vida.
Los bebés espléndidos nacen
pero nunca lograrán poblar la tierra
ya que pocas veces sucede.
Que quienes no conocen el amor feliz
sigan afirmando que no existe un amor feliz en ningún sitio del mundo.
Con esa creencia les será más fácil vivir y también morir.
Wislawa Szymborska / ADOLESCENTE
ADOLESCENTE
¿Yo, adolescente?Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí,
¿tendría que saludarla como a una persona próxima,
a pesar de que es para mí extraña y lejana?
¿Soltar una lágrima, besarla en la frente
por el mero hecho
de que tenemos la misma fecha de nacimiento?
Hay tantas diferencias entre nosotras
que probablemente sólo los huesos son los mismos,
la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos.
Porque ya sus ojos son como un poco más grandes,
sus pestañas más largas, su estatura mayor
y todo el cuerpo recubierto de una piel
ceñida y tersa, sin defectos.
Nos unen, es cierto, familiares y conocidos
pero casi todos están vivos en su mundo,
y en el mío prácticamente nadie
de ese círculo común.
Somos tan diferentes,
pensamos y decimos cosas tan distintas.
Ella sabe poco,
pero con una obstinación digna de mejores causas.
Yo sé mucho más,
pero, a cambio, sin ninguna seguridad.
Me muestra unos poemas
escritos con una letra cuidada, clara,
que no tengo ya desde hace tiempo.
Leo y leo esos poemas.
A lo mejor este de aquí,
si lo acortáramos,
y lo corrigiéramos en un par de lugares.
El resto no augura nada bueno.
La conversación no fluye.
En su pobre reloj
el tiempo es barato e impreciso.
En el mío mucho más caro y exacto.
Al despedirnos nada, una especie de sonrisa
y ninguna emoción.
Sólo cuando desaparece
y olvida con la prisa la bufanda.
Una bufanda de pura lana virgen,
a rayas de colores,
hecha a ganchillo por nuestra madre para ella.
Todavía la conservo.
Del libro Aquí 2009
(Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano)
27 de junio de 2012
El hombre imaginario Nicanor Parra
El hombre imaginario
El hombre imaginariovive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario
de Hojas de parra (Santiago, Ganímedes, 1985)
26 de junio de 2012
Wislawa Szymborska / Agradecimiento
AGRADECIMIENTO
Debo mucho
a quienes no amo.
El alivio con que acepto
que son más queridos por otro.
La alegría de no ser yo
el lobo de sus ovejas.
Estoy en paz con ellos
y en libertad con ellos,
y eso el amor ni puede darlo
ni sabe tomarlo.
No los espero
en un ir y venir de la ventana a la puerta.
Paciente
casi como un reloj de sol
entiendo
lo que el amor no entiende;
perdono
lo que el amor jamás perdonaría.
Desde el encuentro hasta la carta
no pasa una eternidad,
sino simplemente unos días o semanas.
Los viajes con ellos siempre son un éxito,
los conciertos son escuchados,
las catedrales visitadas,
los paisajes nítidos.
Y cuando nos separan
lejanos países
son países
bien conocidos en los mapas.
Es gracias a ellos
que yo vivo en tres dimensiones,
en un espacio no-lírico y no-retórico,
con un horizonte real por lo móvil.
Ni siquiera imaginan
cuánto hay en sus manos vacías.
"No les debo nada",
diría el amor
sobre este tema abierto.
24 de junio de 2012
Julio Cortazar Rayuela Capitulo 7
Rayuela, Cap. 7
Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
22 de junio de 2012
Wislawa Szymborska / Aquí
AQUÍ
No sé cómo será en otras partes
pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.
Aquí se fabrican sillas y tristezas,
tijeras, violines, ternura, transistores,
diques, bromas, tazas.
Puede que en otro sitio haya más de todo,
pero por algún motivo no hay pinturas,
cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.
Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.
Algunos te pueden gustar especialmente,
puedes llamarlos a tu manera,
y librarlos del mal.
Puede que en otro sitio haya lugares así,
aunque nadie los encuentre bonitos.
Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,
aquí tengas un torso separado
y con él los instrumentos necesarios
para añadir los propios a los niños de otros.
Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.
La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,
todo el tiempo cuenta, compara, mide,
saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.
Ya, ya sé lo que estás pensando.
Aquí no hay nada duradero,
porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos.
Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido
y a veces tienen que descansar mucho
hasta la próxima vez.
Y sé qué más estás pensando.
Guerras, guerras, guerras.
Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes – la gente es mala.
Descansen – la gente es buena.
A la voz de firmes se produce devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.
La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.
Y por si eso fuera poco,
giras sin billete en un carrusel de planetas,
y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,
en unos tiempos tan vertiginosos
que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.
Porque mira bien
la mesa está donde estaba,
en la mesa una carta, colocada como estaba,
a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura
por la que el viento se te lleve a ninguna parte.
Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano
21 de junio de 2012
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, EL CUENTO DEL GALLO CAPÓN
EL CUENTO DEL GALLO CAPÓN
Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento del gallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.
20 de junio de 2012
Julio Cortázar, Diario a diario
El diario a diario
Un señor toma un tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diaro, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.
En Historia de Cronopios y Famas
Julio Cortazar
19 de junio de 2012
Augusto Monterroso - La vida en común - Guatemala
LA VIDA EN COMÚN
Alguien que a toda hora se queja con amargura de tener que soportar su cruz (esposo, esposa, padre, madre, abuelo, abuela, tío, tía, hermano, hermana, hijo, hija, padrastro, madrastra, hijastro, hijastra, suegro, suegra, yerno, nuera) es a la vez la cruz del otro, que amargamente se queja de tener que sobrellevar a toda hora la cruz (nuera, yerno, suegra, suegro, hijastra, hijastro, madrastra, padrastro, hija, hijo, hermana, hermano, tía, tío, abuela, abuelo, madre, padre, esposa, esposo) que le ha tocado cargar en esta vida, y así, de cada quien según su capacidad y a cada quien según sus necesidades.La bella durmiente Quim Monzó
En medio de un claro, el caballero ve el cuerpo de la muchacha, que duerme sobre una litera hecha con ramas de roble y rodeada de flores de todos los colores. Desmonta rápidamente y se arrodilla a su lado. Le coge una mano. Está fría. Tiene el rostro blanco como el de una muerta. Y los labios finos y amoratados. Consciente de su papel en la historia, el caballero la besa con dulzura. De inmediato la muchacha abre los ojos, unos ojos grandes, almendrados y oscuros, y lo mira: con una mirada de sorpresa que enseguida (una vez ha meditado quién es y dónde está y por qué está allí y quién será ese hombre que tiene al lado y que, supone, acaba de besarla) se tiñe de ternura. Los labios van perdiendo el tono morado y, una vez recobrado el rojo de la vida, se abren en una sonrisa. Tiene unos dientes bellísimos. El caballero no lamenta nada tener que casarse con ella, como estipula la tradición. Es más: ya se ve casado, siempre junto a ella, compartiéndolo todo, teniendo un primer hijo, luego una nena y por fin otro niño. Vivirán una vida feliz y envejecerán juntos.
Las mejillas de la muchacha han perdido la blancura de la muerte y ya son rosadas, sensuales, para morderlas. Él se incorpora y le alarga las manos, las dos, para que se coja a ellas y pueda levantarse. Y entonces, mientras (sin dejar de mirarlo a los ojos, enamorado) la muchacha (débil por todo el tiempo que ha pasado acostada) se incorpora gracias a la fuerza de los brazos masculinos, el caballero se da cuenta de que (unos 20 o 30 metros más allá, antes de que el claro dé paso al bosque) hay otra muchacha dormida, tan bella como la que acaba de despertar, igualmente acostada en una litera de ramas de roble y rodeada de flores de todos los colores.
16 de junio de 2012
Liberacion Sándor Márai (Fragmento)
“—Ya ve —dice el hombre, indulgente, como si le divirtiera la conversación—, tal vez eso esté en la base de todo malentendido. La generalización, ése es el gran problema, la causa común de todo mal. Usted tiene las mejores intenciones, sin embargo dice: ellos, los judíos… Es la primera en creer que los judíos comparten un secreto común, un funesto espíritu de pertenencia. Pero eso no es verdad —asegura serio, casi solemne—. Hablar de los judíos es una generalización igual que decir «los cristianos». Hay judíos y hay cristianos, y la ascendencia, la religión, la forma de vida, la raza, sin duda reflejan ciertos rasgos comunes… Pero los judíos entre sí se diferencian más de lo que se asemejan. Créame…”
14 de junio de 2012
Edgar Allan Poe El cuervo
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.
Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”
Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.
Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.
Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!
De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”
Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”
Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”
En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!
Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!
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