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25 de agosto de 2011

Albert Camus "La peste"

Esto que ocurre, tan cercano a mí, me recuerda esa inolvidable novela francesa que Camus escribiera por allá en 1947, en donde se cuenta la aparición de una peste en un pueblo de Argel (en aquel entonces colonia francesa) que amenaza abruptamente la vida de todo ser humano. Inmediatamente después del derrumbe de Europa por las dos grandes guerras del siglo XX, una situación de pestilencia agravaría más la situación de todo ser humano en el mundo. Aquí Camus supone que nuestro destino también depende de un poder mucho mayor que las mismas acciones humanas, evidentemente es el poder de la magnánima naturaleza.

La Peste es esa novela que relata de forma cruda cómo la naturaleza a través de un virus desconocido puede llegar a destruir miles de vidas, sin que la Humanidad tenga la posibilidad de hacer algo para evitarlo. Es una situación absurda e inevitable que cada ser humano tendrá que enfrentar como parte de su destino.

El modo de narración que utiliza Camus para relatar La Peste se distancia de aquel utilizado en su primera novela El Extranjero; recordemos que en esta última Mersault hablaba en primera persona y de modo introvertido –si lo analizamos psicológicamente-, mientras que en La Peste las situaciones son narradas en tercera persona centrándose en la figura del doctor Bernard Rieux, con situaciones mucho más sociales y detalladas de forma más minuciosa. Existen también más personajes que luchan por su existencia y buscan un lugar en la obra para expresar su voz: el padre Paneloux, Rambert el periodista, Grand, Michel, Jean Tarrou y Richard; son tan solo algunas de las personas que sufren y luchan contra el advenimiento y desarrollo de la peste en Orán. Sin dudarlo, pienso que la novela posiciona a Camus como uno de los más grandes escritores de la literatura existencialista y uno de los filósofos-literatos más importantes que el mundo contemporáneo haya podido concebir. A grandes rasgos, La Peste es una dramática situación que ataca inmisericorde y sin contemplaciones toda vida, no sólo humana, sino general.

El inicio de la peste en Orán

Lo que pasa actualmente en los países de América como México, Estados Unidos, Argentina y demás, podría ser similar a lo que ocurrió en el Orán de Camus, en Argel, lugar en donde una peste comenzó atacando a las ratas y luego a todos sus habitantes. Esta peste no contemplaba la situación de los individuos: mujeres, niños y ancianos, todos eran inevitables víctimas del poder de la naturaleza. Por supuesto, encontramos en personajes como Bernard Rieux y Rambert la condición humana que enfrenta este drama con resistencia, en busca de desesperadas formas de solventar la crítica situación. Todos somos igual de culpables al nacer, somos potenciales víctimas de la naturaleza, de la peste como una posibilidad de castigo divino. Nadie está exento de recibir a la muerte en cualquier momento.

Orán es una ciudad como cualquier otra: una antigua prefectura francesa en aquella época de 194… –no se precisa el año-. El narrador considera que es una ciudad fea, que en verano tiene un calor que puede llegar a ser insoportable. No es una ciudad original, por ejemplo: “Era Orán como en otras partes por falta de tiempo y de reflexión, en donde se ve uno obligado a amar sin darse cuenta”. Lo más original allí es la diferencia para encontrar la muerte. Orán es una ciudad sin vegetación, sin alma, que sirve de reposo para unos simpáticos habitantes a espaldas del mar.

El día 16 de Abril 194…, inicia el drama para Bernard Rieux y el resto de Orán. Las ratas comienzan a salir de sus nidos para morir en la superficie, emanando sangre y revolcándose agónicamente. Poco a poco las ratas aumentan su mortalidad y se van amontonando los cadáveres putrefactos en la ciudad. Para el 28 de abril, más de ocho mil ratas han muerto, mientras que la población se alarma. Para los habitantes de Orán comenzaría también la mortalidad, los síntomas se manifiestan de forma abrupta en seres inocentes. La gente vomita bilis roja, pierde sus fuerzas, la temperatura aumenta en sus cuerpos, y surgen la fiebre e inflamaciones.

La desratización (limpieza de los cadáveres de las ratas) y la primera víctima humana (el portero del pueblo), traen consigo el fin de un periodo lleno de signos desconcertantes y el comienzo de otro periodo relativamente difícil, como se verá, la peste atacando toda vida humana.

Antecedentes de la peste

Como antecedentes de esta situación están las pestes de Constantinopla con diez mil muertos; en Cantón en el siglo XIX cuarenta mil ratas mueren. La gente ha concebido las pestes como un fenómeno irreal que no puede tocarlos, por ser una circunstancia excepcional. El autor dilucida al respecto:

“Las plagas en efecto, son una cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas (…) Nuestros conciudadanos, a este respecto eran como el mundo, pensaban en ellos mismo; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar y no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan y los humanistas en primer lugar porque no han tomado precauciones” 

El sufrimiento de un pueblo en el exilio

La epidemia es un mal inevitable para todo habitante de Orán. Esta desgracia, alcanza cada vez más todo aspecto de la vida de los hombres, desde su más profunda intimidad hasta la vida social, para ponerlos a luchar contra todo tipo de sentimiento:

“En el momento más grave de la epidemia no se vio más que un caso en que los sentimientos humanos fueron más fuertes que el miedo a la muerte entre torturas… Así, pues, lo primero que la peste trajo a nuestros conciudadanos fue el exilio” (Pág. 61)

Implacablemente, la peste comienza a separar a los enfermos de sus seres queridos, quienes no está preparados para alejarse de su propia gente. Para esta humanidad, ahora en la más funesta desgracia, la peste es la peor de todas las prisiones, el más insoportable exilio para quien lo padece. Por su absurdo advenimiento es una situación desesperanzadora, ya no existe expectativa alguna, sólo la certeza de la muerte. En su sentir, los dolientes conciben frases desconsoladoras como esta:

“Entonces comprendíamos que nuestra separación tenía que durar y que no nos quedaba más remedio que reconciliarnos con el tiempo. Entonces aceptábamos nuestra condición de prisioneros, quedábamos reducidos a nuestro pasado, y si algunos tenían la tentación de vivir en el futuro, tenían que renunciar muy pronto, al menos, en la medida de lo posible, sufriendo finalmente las heridas que la imaginación inflige a los que se confían a ella”

En medio de su exilio, sus tormentos se conjugan con un ayer escondido y experiencias de vida confinadas en sus memorias. Sólo era clara esa certeza de que la vida tiene un inminente final, la implacable muerte. En medio de esta certeza, los dolientes persisten y se aferran a lo único que en verdad consideran importante, sus propias vidas:

“El sufrimiento profundo que experimentaban era el de todos los prisioneros y el de todos los exiliados, el sufrimiento de vivir en un recuerdo inútil. Ese pasado mismo en el que pensaban continuamente sólo tenía el sabor de la nostalgia” 

Para agravar sus penas se suman al dolor del exilio, la soledad y la falta de colaboración de los prójimos sanos. Un individualismo exacerbado se evidencia entre los que aún no contraen el virus y los afectados que luchan por una cura para sus males. Ya no hay cabida para permitirse confiar cualquier tipo de secreto. Cada quien debe ensimismarse y sufrir en silencio su propio dolor.

“En tales momentos de soledad, nadie podía esperar la ayuda de su vecino; cada uno seguía solo en su preocupación. Si alguien por casualidad intentaba hacer confidencias o decir algo de sus sufrimientos, la respuesta que recibía le hería casi siempre” 

Pese a que un mal mayor aquejaba a los exiliados, un halo de esperanza se vislumbraba en su oscurecido horizonte. El sentimiento del amor logra prevalecer en muchos de los individuos como algo personal, muy de ellos dentro de sí:

“En el egoísmo del amor les preservaba, y si pensaban en la peste era solamente en la medida en que podía poner a su separación en el peligro de ser eterna” 

El Aislamiento en La Peste y su relación con Mersault

El dolor del aislamiento que sentían los enfermos de la peste en Orán, los hacía sentirse extraños frente al mundo, como si fuesen la peor escoria que haya existido jamás. Todos los enfermos entraban en cuarentena, tomándose con ellos medidas profilácticas, siendo confinados en pabellones de seguridad. Curiosamente, esta situación puede asemejarse, de cierta manera, con la aprehensión por parte de las autoridades a Mersault, después del asesinato del árabe, en la otra aclamada obra de Camus El Extranjero. De igual manera, su protagonista estaría confinado y aislado del resto del mundo de forma, insistimos, absurda.

La intertextualidad, que es una constante en las obras de Camus, por supuesto se retrata de forma abierta en La Peste. Vemos como se hace referencia a El Extranjero en medio de la peste. Grand discute con una vendedora de tabaco sobre el episodio de Mersault, ocurrido no muy lejos de Orán.

“En medio de una conversación, la vendedora había hablado de un proceso reciente que había hecho mucho ruido en Argel. Se trataba de un joven empleado que había matado a un árabe en una playa” 

La vendedora afirmaba que era mejor ver a ese tipo de chusma en la cárcel para que la gente decente respirara. Así mismo pasa con los enfermos: hay que confinarlos para que no contagien a los sanos. Probablemente a las situaciones absurdas que enfrentó Mersault se le pudo haber sumado la posibilidad de lidiar con la peste, como otro de los absurdos momentos de su vida.
___________________

Se podría decir muchísimo más sobre La Peste, gran libro que no se agota en una sola lectura. Cada lector debe experimentar sus contenidos para sacar conclusiones propias.  Con esta reseña he dado apenas una humilde opinión desde mi lectura de la obra, imprescindible para comprender la llamada filosofía de rebelión en Albert Camus. Dejemos como final esta bella frase que siempre me ha acompañado y que, sin duda, muchos han sentido por su tránsito en la existencia:

"Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo"

Poetas polacos


CUAN DIFÍCIL ES PISAR...

Cuán difícil es pisar
las grandes caídas
¿Y acabar con los ataúdes ya destruidos
es tarea de los poetas?
Cuán fácil es también injuriar
al extraño
escondiéndose tras el muro
de los defensores de la justicia
Pero ser cabal
en hora del desdén
levantar la voz
cuando todos los zorros huyeron a sus guaridas
gritar fuerte
cuando murmuran todos
¡Ay! qué pocos son
los que son capaces


Jaroslaw Iwaszkiewicz (1894)


NOTRE DAME

¡Y el espacio brotó
de un millón de dedos unidos para rezar!
Pero el terror puntiagudo me hundió en su Entraña
Encarnecido y despreciado por las quimeras
con su boca abierta por la lluvia
me pregunto ¿quién soy yo vivo
al pie de los pilares?
Estos muros desprendidos de la roca
resucitan - con sus quijadas de sarcófago
¿Quién sacudió estas tinieblas?
¿Quién las plegó, quién las abrazó?
Las cruces que cargan a sus Cristos
las convierto en andamios
verticales con sus peldaños
y a mi voluntad igual con el azul
más hondo del cielo,
a mi propia muerte,
¡las clavaré con el rayo
del gótico!
- arriba en la piedra angular
palpita el vuelo atrapado de las flechas -
Perduro bajo el trueno de las piedras
que suben siempre, implacablemente,
hasta que de repente el vértigo
no las haga caer desde la cumbre,
revelando su forma de dos torres,
dos torres - dos grietas impedidas
¿Quién concibió este abismo?
¿Quién lo expulsó arriba?

Julian Przybos (1901)

HAY TIERRA ENTERADA DE LA SOLEDAD

Hay tierra entera de la soledad
y sólo un surco
el de tu sonrisa
Hay mar entero de la soledad
el ave perdida de tu ternura
vuela sobre él

Hay cieloulian Przybos (1901)

HAY TIERRA ENTERADA DE LA SOLEDAD

Hay tierra entera de la soledad
y sólo un surco
el de tu sonrisa
Hay mar entero de la soledad
el ave perdida de tu ternura
vuela sobre él
Hay cielo entero de la soledad
y sólo un ángel cuyas alas
pesan tan poco como tus palabras
Nosotros parimos a los machos con manos de hierro
entero de la soledad
y sólo un ángel cuyas alas
pesan tan poco como tus palabras
Nosotros parimos a los machos con manos de hierro
sin sonrisa pero con dolor
y con su tierra - oliendo
a hierba cortada bajo el sol de julio
En las hondas barrancas de nuestras entrañas
hay nidos de musgo y picos hambrientos
allí se hace cuerpo el misterio de la vida
se sobreponen las capas de la prehistoria
sin que las mencionen las memorias del mundo
Por encima de nuestras frentes vuelan
los renacimientos en nuestros ojos
se arrodillan los pensamientos medievos
nosotras - Marías sumisas aceptamos humildemente
la sed de nuestras entrañas, el destino de nuestros brazos

Halina Poswiatowska (1935)

LAMENTO

Me dirijo a vosotros sacerdotes
maestros jueces artistas
zapateros médicos empleados
y a ti padre mío
¡Escuchadme!
No soy joven
y que mi cuerpo esbelto
no les equivoque
ni la ternura del cuello blanco
ni la claridad de la frente abierta
ni los vellos sobre los dulces labios
ni la sonrisa querubina
ni el paso elástico
No soy joven
que no les conmueva
mi inocencia
ni mi castidad
ni mi debilidad
y simpleza
Tengo veinte años
soy un asesino
soy un instrumento
tan ciego como el hacha
en la mano del verdugo
he matado a un hombre
y con mis dedos ensangrentados
he acariciado los senos blancos de las mujeres
Mutilado no he visto
ni el cielo ni la rosa
ni el nido ni el pájaro ni el árbol
ni a San Francisco
ni a Aquiles ni a Héctor
Durante seis años
rascó de la nariz vapor de sangre cálida
No creo en la transformación del agua en vino
no creo en la absolución de los pecados

Tadeuz Rozewicz (1921)

SÁLVAME

Sálvame delas guirnaldas
hora que avanzas

y permíteme alentar
en aquella mi ley
Los herreros cansados
nuestras águilas en tierra
arenosa la tierra
aquí sembraremos los huesos y el viento
¡qué duros son los espacios!
¡Que la comunión santa sea para la rata
y para esos que están en el camino y en los Cárpatos
los niños estén de regreso
quítales a las aguas mirada!
Así en la ropa de la tierra nace el poema
nuestro único acreedor

Wincenty Rozansky (1938)

AMOR

Cuatro ramas fulgurando - cuatro labios mordidos
yacen en sí mismos alimentados de silencio.
La madera viva siembra con sus hojas chispas
cubriendo las huellas que olfatea y sigue la bestia
Hemos llegado aquí enlazados sobre los hombros
nuestras manos son ajenas, los rostros próximos y lejanos,
y una sonrisa frágil como de agua aprisionada
que de pronto por los agujeros baja huyendo.
Caímos dentro del bosque perforados y aún nos hería la hierba
del cenegal; los cabellos chorreaban como sangre sobre los rostros;
en la oscuridad en nosotros deleitándose
hasta que pasamos de su garganta a sus intestinos.
Cuando queremos volver hacia la pared del horizonte
el cenegal se relame, chupa el cuerpo con el cual andamos;
gritamos pidiendo una mano;
nos cree el viento; acaso la noche.

Boguslaw Zurakowski (1939)

POEMA

Tocada por tu palabra
a vibra en mí el suceso
Soy ola conmovida
Me estrelló en súbita marea
Desbordó todos mis nombresCon lenguas de mi aliento
Mientras mi piel se abre
Hambrienta de fieles navíos
Tocada por tus manos
Ya no sé nada de mí
Soy carne o tal vez fluido
Acaso soplo con fuego
No creo que fuera tierra
Con terremotos hendida
Sin fuerzas para morir


Krystyna Rodowska

AQUÍ

Aquí cada árbol
es un fuete lacerante
aquí cada viento
tiene baleado el cráneo
aquí cada pájaro
está vestido con la piel de la cebra
aquí cada piedra
está numerada
aquí cada camino
está adoquinado de sangre
aquí cada palabra
comienza a oler a cuerpo chamuscado
aquí
desde cada
ventana
se ven
90 mil
asesinados
estoy
en Stutthof
en la plaza cercana
mi padre se aprestaba
para la revisión
cuando caía la helada
la revisión duraba del crepúsculo al alba
mi padre estaba desnudo
en posición de firme
mojado por el "cappo" furioso
bajo la helada el agua se congelaba rápidamente
- los cuerpos humanos escarchados
despertaban la carcajada de
alemanes
en qué pensaba mi padre
cuando vio los rostros gesticulantes/SS
seguramente pensó
qué se debe hacer
para que no quede tan sólo
el recuerdo del fascismo.

Piotr Jerzy Domansky (1949)

17 de agosto de 2011

CANTO DEL MACHO ANCIANO. Por Pablo de Rokha


Pablo de Rokha [que figuraba ya en Selva lírica, la siempre citada antología de 1917] irrumpe de cuerpo entero con una obra de excepción, Los gemidos [1922]. Desde este momento el poeta no pasará ya inadvertido. Su aporte no era la quiebra del verso libre [ya hecha por Pedro Prado en 1908 con sus Flores de cardo] ni la expresión de la transformación del mundo por la imagen [iniciada por Huidobro en El espejo de agua, 1916], sino la amalgamación de un desenfadado ímpetu verbal con el acarreo de todos los materiales reputados hasta entonces como antipoéticos. Irrumpen juntos 'el barro y las rosas', al decir del novel poeta de aquel entonces Pablo Neruda, en una nota crítica de Claridad, la revista de los estudiantes. Es un caudaloso torrente en el cual un Yo hipertrofiado se revela en una dicción a veces trabajosa, pero que arrastra en un torrente conmovedor los dichos y hechos de nuestra tierra y de sus hombres. Pablo de Rokha tiene la virtud de concitar la más decidida animadversión o la admiración más rendida ['este es un poema que hay que leer de rodillas', dice el poeta Mahfud Massis*, yerno suyo, al referirse al Canto del Macho Anciano]. Sus antiapologistas suelen coincidir en un punto: 'un poeta cuyos versos buenos son como hallar -y se halla- una aguja en un pajar, demasiado hablante, siempre lanzando peñascos de la misma dimensión'.

Sin embargo, si se accede a leer su copiosa obra, se ve una evolución en espiral.

Del anarquismo inicial [expresado en su libro de ensayos Heroísmo sin alegría, 1927] en donde define al comunismo como 'cosa de cerdos', deriva a un tono de epopeya popular a través de un personaje rabelesiano: Escritura de Raimundo Contreras -que continúa en parte de su obra actual. Luego siente el impacto del comunismo y se incorpora a la lucha política, lo que se refleja en su obra especialmente a partir de Canto de trinchera [1933], culminando en su último libro Estilo de masas. Por otra parte [y esto es un peligroso clisé donde frecuentemente se quiere encarcelar al poeta], Pablo de Rokha es el cantor de las comidas y bebidas de nuestra tierra, partiendo -como él mismo lo ha dicho- de que se ha bebido y comido a casi todo Chile. Su vida trashumante, de vendedor de sus propios libros, le ha dado un conocimiento minucioso del país, y ha hecho que se transforme -para el vulgo- en una especie de Gargantúa. Pero pensemos que, esencialmente, Pablo de Rokha es un hombre del viejo Chile central, nacido en una época todavía patriarcal, en un país que aún era 'rector en América Latina', con una moneda fuerte, con confianza en sí mismo [no existía aún el complejo del subdesarrollo, estimulado por nuestros subdesarrollados economistas]. Era un Chile dionisíaco, cuya personalidad está reflejada con real originalidad en de Rokha:

Y, ¿qué me dicen ustedes de un costillar de chancho con ajo, picantísimo, asado en asador de maqui, en junio, a las riberas del peumo o la patagua o el boldo que resumen la atmósfera dramática del atardecer lluvioso de Quirihue o de Cauquenes, / o de la guanaco en caldo de ganso, completamente talquina o licantenino de parentela?,

La chichita bien madura brama en las bodegas como una gran vaca sagrada, / y San Javier de Linares ya estará dorado, como un asado a la parrilla, / en los caminos ensangrentados en abril, la guitarra / del otoño llorará como la mujer viuda de un soldado, / y nosotros nos acordaremos de todo lo que no hicimos o pudimos y debimos y quisimos hacer, como un loco / asomado a la noria vacía de la aldea...

Sí, un gran dionisíaco, pero torturado por la certidumbre de que ese mundo patriarcal es un mundo en ruinas, y de que su camino debe ser otro; que abandona ese mundo, así como abandona el de la iglesia que atrapó su adolescencia ['Primero me agarró, por adentro, la Iglesia Católica, el Seminario, su manotada más pálida y su día domingo en lúgubre...'], de ahí a entonces se incorpora a una interpretación del mundo contemporáneo, trata de abrazar todos los tiempos, todos los países, todos los fenómenos históricos. De esa poesía épica, en tono mayor [tildada de monocorde], nacen a veces grandes descripciones, como aquella de Lenguaje del continente [1943] cuya descripción de los EE.UU. no vacilamos en estimar como de mayor intensidad que la de Howl de Allen Ginsberg, que tanta conmoción causa en muchos círculos poéticos de América Latina. Veamos un trozo:

...He mirado bajar a patadas al capitán negro con sus condecoraciones / de héroe nacional todo de luto desde los / tranvías de ajedrez del Washington infernal y asesinarlo / entre los oros pálidos de P. Street, en Dupont-Cercle, / he mirado los hoteles cósmicos de Miami albergar gangsters / y estrellas de Hollywood, / banqueros, prostitutas, obispos y diplomáticos, echando con / asco al varón de color, / y comer basura en New Orleans a los viejos judíos que / huían de Chicago acosados como estropajos por las jaurías inmundamente / borrachas del Ku-Klux-Klan, abrigándose el estómago con los poemas / de Cari Sandburg con el delirio genital religioso del Sinaí / ardiendo.

Pero este poeta épico da también en ocasiones las más hermosas notas líricas. Recordemos ese tan citado poema 'Círculo':

Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente / como la eternidad encima de los muertos / recuerdo que viniste y has existido siempre / mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres, / toda la especie humana se lamenta en tus huesos.

En fin, el Premio Nacional ha venido a señalar a la atención publica
y a dar una suerte de inmortalidad a un poeta que ha recorrido todo Chile con gran amor, y 'ganándose la vida a patadas', como él mismo lo ha dicho. Que ha hecho de su poesía tanto su expresión vital como un arma de combate. Que como la mayor parte de los poetas de Chile, ha vivido con máxima modestia. A un poeta que lo ha sido toda una larga y azarosa vida.

CANTO DEL MACHO ANCIANO. Pablo de Rokha

Sentado a la sombra inmortal de un sepulcro,
o enarbolando el gran anillo matrimonial herido a la manera de palomas
............... que se deshojan como congojas,
escarbo los últimos atardeceres.
Como quien arroja un libro de botellas tristes a la Mar-Océano
o una enorme piedra de humo echando sin embargo espanto a los acantilados
............... de la historia
o acaso un pájaro muerto que gotea llanto,
voy lanzando los peñascos inexorables del pretérito
contra la muralla negra.
Y como ya todo es inútil,
como los candados del infinito crujen en goznes mohosos,
su actitud llena la tierra de lamentos.
Escucho el regimiento de esqueletos del gran crepúsculo,
del gran crepúsculo cardíaco o demoníaco, maníaco de los enfurecidos ancianos,
la trompeta acusatoria de la desgracia acumulada,
el arriarse descomunal de todas las banderas, el ámbito terriblemente pálido
de los fusilamientos, la angustia
del soldado que agoniza entre tizanas y frazadas, a quinientas leguas abiertas
del campo de batalla, y sollozo como un pabellón antiguo.
Hay lágrimas de hierro amontonadas, pero
por adentro del invierno se levanta el hongo infernal del cataclismo personal,
............... y catástrofes de ciudades
que murieron y son polvo remoto, aúllan.
Ha llegado la hora vestida de pánico
en la cual todas las vidas carecen de sentido, carecen de destino, carecen de
estilo y de espada,
carecen de dirección, de voz, carecen
de todo lo rojo y terrible de las empresas o las epopeyas o las vivencias ecuménicas,
que justificarán la existencia como peligro y como suicidio; un mito enorme,
equivocado, rupreste, de rumiante
fue el existir; y restan las chaquetas solas del ágape inexorable, las risas caídas
y el arrepentimiento invernal de los excesos,
en aquel entonces antiquísimo con rasgos de santo y de demonio,
cuando yo era hermoso como un toro negro y tenía las mujeres que quería
y un revólver de hombre a la cintura.

Fallan las glándulas
y el varón genital intimidado por el yo rabioso, se recoge a la medida del abatimiento
............... o atardeciendo
araña la perdida felicidad en los escombros;
el amor nos agarró y nos estrujó como a limones desesperados;
yo ando lamiendo su ternura,
pero ella se diluye en la eternidad, se confunde en la eternidad, se destruye en
............... la eternidad y aunque existo porque batallo y 'mi poesia es mi
............... militancia',
todo lo eterno me rodea amenazándome y gritando desde la otra orilla.
Busco los musgos, las cosas usadas y estupefactas,
lo post pretérito y difícil, arado de pasado e infinitamente de olvido, polvoso
y mohoso como las panoplias de antaño, como las familias de antaño
...............como las monedas de antaño,
con el resplandor de los ataúdes enfurecidos,
el gigante relincho de los sombreros muertos, o aquello únicamente aquello
que se está cayendo en las formas,
el yo público, la figura atronadora del ser
que se ahoga contradiciéndose.

Ahora la hembra domina, envenenada,
y el vino se burla de nosotros como un cómplice de nosotros, emborrachándonos,
...............cuando nos llevamos la copa a la boca dolorosa,
acorralándonos y aculatándonos contra nosotros mismos como mitos.

Estamos muy cansados de escribir universos sobre universos
y la inmortalidad que otrora tanto amaba el corazón adolescente, se arrastra
como una pobre puta envejeciendo;
sabemos que podemos escalar todas las montañas de la literatura como en la
..............juventud heroica, que nos aguanta el ánimo
el coraje suicida de los temerarios, y sin embargo yo,
definitivamente viudo, definitivamente solo, definitivamente viejo, y apuñalado
de padecimientos,
ejecutando la hazaña desesperada de sobrepujarme,
el autorretrato de todo lo heroico de la sociedad y la naturaleza me abruma;
¿qué les sucede a los ancianos con su propia ex-combatiente sombra?
se confunden con ella ardiendo y son fuego rugiendo sueño de sombra hecho de sombra,
lo sombrío definitivo y un ataúd que anda llorando sombra contra sombra.
Viviendo del recuerdo, amamantándome
del recuerdo, el recuerdo me envuelve y al retornar a la gran soledad de la adolescencia,
padre y abuelo, padre de innumerables familias,
rasguño los rescoldos, y la ceniza helada agranda la desesperación
en la que todos están muertos entre muertos,
y la más amada de las mujeres, retumba en la tumba de truenos y héroes
labrada con palancas universales o como bramando.
¿En qué bosques de fusiles nos esconderemos de aquestos pellejos ardiendo?
porque es terrible el seguirse a sí mismo cuando lo hicimos todo, lo quisimos
..............todo, lo pudimos todo y se nos quebraron las manos,
las manos y los dientes mordiendo hierro con fuego;
y ahora como se desciende terriblemente de lo cuotidiano a lo infinito, ataúd por ataúd,
desbarrancándonos como peñascos o como caballos mundo abajo,
vamos con extraños, paso a paso y tranco a tranco midiendo el derrumbamiento general,
calculándolo, a la sordina,
y de ahí entonces la prudencia que es la derrota de la ancianidad;
vacias restan las botellas,
gastados los zapatos y desaparecidos los amigos más queridos, nuestro viejo tiempo, la época
y tu, Winétt, colosal e inexorable.
Todas las cosas van siguiendo mis pisadas, ladrando desesperadamente,
como un acompañamiento fúnebre, mordiendo el siniestro funeral del mundo,
..............como el entierro nacional
de las edades, y yo voy muerto andando.
Infinitamente cansado, desengañado, errado,
con la sensación categórica de haberme equivocado en lo ejecutado o desperdiciado
..............o abandonado o atropellado al avatar del destino
en la inutilidad de existir y su gran carrera despedazada;
comprendo y admiro a los líderes,
pero soy el coordinador de la angustia del universo, el suicida que apostó su destino
..............a la baraja
de la expresionalidad y lo ganó perdiendo el derecho a perderlo,
el hombre que rompe su época y arrasándola, le da categoría y régimen,
pero queda hecho pedazos y a la expectativa;
rompiente de jubilaciones, ariete y símbolo de piedra,
anhelo ya la antigua plaza de provincia
y la discusión con los pájaros, el vagabundaje y la retreta apolillada en los extramuros.
Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo,
¡ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo siempre y el vendaval desenfrenado
..............que yo soy íntegro, se asocie
a la personalidad popular del huracán!
A la manera de la estación de ferrocarriles,
mi situación está poblada de adioses y de ausencia, una gran lágrima enfurecida
derrama tiempo con sueño y águilas tristes;
cae la tarde en la literatura y no hicimos lo que pudimos,
cuando hicimos lo que quisimos con nuestro pellejo.
El aventurero de los océanos deshabitados,
el descubridor, el conquistador, el gobernador de naciones y el fundador de
..............ciudades tentaculares,
como un gran capitán frustrado,
rememorando lo soñado como errado y vil o trocando en el escarnio celestial del vocabulario
espadas por poemas, entregó la cuchilla rota del canto
al soñador que arrastraría adentro del pecho universal muerto, el cadáver de
..............un conductor de pueblos,
con su bastón de mariscal tronchado y echando llamas.

4 de agosto de 2011

El Maestro de Go Yasunari Kawabata

Yasunari Kawabata
Tablero de Go


El Maestro de Go

Hacia 1938, el jugador de Go Shusai Honnimbo-, imbatible meijingodokoro, está próximo a morir. Es el Gran Maestro de la época, luego de él no habrá ningún otro jugador de tan alto grado. Los maestros, elegidos en el seno de familias nobles, deben integrar el torneo anual en donde compiten bajo la tutela del shogun. El tiempo de Shu-sai, el último de los Honnimbo-, estará medido por la partida con el joven maestro Otake, quien simboliza el tránsito ideal de la tradición a un mundo nuevo, diferente y aún indeterminado. Espectador de excepción de la contienda, Yasunari Kawabata asistió al interminable torneo, que duró casi medio año, con una extensa interrupción de tres meses a causa del agravamiento de Shu-sai. Derrotado definitivamente el 4 de diciembre de 1938, éste muere un año después. El Maestro de Go es la biografía ficticia de un hombre que va al encuentro de su destino con extraordinaria dignidad, una obra impar del Premio Nobel de Literatura 1968.

«El Maestro de go» cuenta una histórica partida de go desarrollada en 1938. El viejo y frágil Maestro Shüsai, vigésimo primero en la sucesión Honnimbö, se enfrenta al joven y robusto Okate. La finalidad de este torneo es continuar la sucesión de grandes maestros. Cualquiera sea el resultado, el Maestro Shüsai dará por cerrado su ciclo, y le pasará el mando a su rival.

El evento es organizado por un periódico de Tokio y Kawabata (Nobel de Literatura 1968) es el corresponsal enviado por ese medio. Convive con los jugadores, que permanecen aislados en posadas durante todo el encuentro (salvo un impasse de tres meses, cuando el Maestro Shüsai estuvo internado) y tiene acceso exclusivo a ellos y a la histórica partida. Años después, el autor reelaborará la crónica que escribiera día a día para el Tokio Nichinichi, y le dará forma de novela.

Al comenzar la lectura se experimenta cierto extrañamiento con los nombres japoneses. Uno no sabe muy bien cuándo hacen referencia a personas, cuando a linajes, a épocas, a posadas, lugares o ciudades. Pero a medida que se avanza en la lectura, el mundo nipón se deja penetrar y este extrañamiento se disuelve.

Hay en esta obra dos características que la debilitan: la primera es, para la mayoría de los lectores, el desconocimiento del juego del go y de sus reglas, que deriva en la incapacidad de apreciar nada en los minuciosos diagramas que el libro ofrece.
La segunda es el registro cronológico. Resulta excesivo en algunos pasajes, cuando se detalla la hora de comienzo de cada sesión, o la demora de cada jugador.


3 de agosto de 2011

De La Traducción Poética de Zbigniew Herbert

Nació en Lowov,Polonia (hoy parte de Ucrania) El 29 de octubre de1924. De padre banquero y abuelo profesor emigrante de Gran Bretaña a Polonia para enseñar Inglés, desarrolló su educación en plena II guerra mundial y en la clandestinidad bajo la ocupación nazi. Fue miembro activo de la resistencia placa. Durante su estancia en Cracovia en 1947 se graduó en Economía. Así mismo estudió Derecho y Filosofía en las Universidades Nicolás Copérnico de Varsovia.


Como un abejorro zompón
que se posó sobre la flor
hasta que se encorvó el flexible tallo
y ahora se abre paso entre filas de pétalos
parecidos a hojas de diccionario
y se dirige hacia el centro
donde están el aroma y el dulzor
y aunque pescó un catarro
y ha perdido el sabor
aún persiste
hasta que su cabeza golpea
contra el pistilo amarillo

y aquí ya el fin
difícil es penetrar
por los cálices de las flores
hasta la raíz
así el abejorro se aleja
muy ufano
y zumbando con vigor:
dentro me metí
y a quienes
no acaban de creerle
su nariz enseña
amarilla de polen

1957

De “Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas” (Editorial Hiperión, 1993)
Versión de Xaverio Ballester

30 de julio de 2011

Wislawa Symborka Una Premio Nobel te lo explica



Cómo escribir y cómo no escribir poesía
Una Premio Nobel te lo explica
Por Wislawa Symborska

Durante tres décadas, la afamada poeta Wislawa Szymborska escribió una columna en el periódico polaco Vida Literaria. En ella respondía las preguntas de personas interesadas en escribir versos. Esta selección es una muestra de esa paciente y prolongada pedagogía poética.


Para Heliodor, de Przemysl

Escribes: “Sé que mis poemas tienen muchos errores, ¿y qué con eso? No voy a parar a corregirlos”. ¿Y por qué no, querido Heliodor? ¿Será que para ti la poesía es sagrada? ¿O tal vez la consideras algo insignificante? Ambos modos de acercarse a ella son errados, y lo peor es que liberan al neófito de la necesidad de trabajar en sus versos. Es gratificante y placentero decir a nuestros conocidos que el espíritu se apoderó de nosotros el viernes a las 2:45 p.m. y comenzó a susurrarnos misteriosos secretos al oído. Lo hizo con tal vehemencia que escasamente tuvimos tiempo de anotarlos. Pero en casa, a puerta cerrada, corregimos con ahínco. Tachamos y revisamos esas expresiones que parecen de otro mundo. Los espíritus son una maravilla, pero hasta la poesía tiene su lado prosaico.

Para H. O., de Poznan, un posible traductor
El traductor no está obligado a serle fiel al texto únicamente. Debe dejar ver la belleza de la poesía conservando su forma y reteniendo, en la medida de lo posible, el estilo y el espíritu de la época.

Para Grazyna, de Starachowice
Quitémonos las alas y tratemos de escribir con los pies sobre la tierra, ¿sí?

Para el señor G. Kr., de Varsovia
Necesitas un bolígrafo nuevo. El que tienes comete muchos errores. Debe ser extranjero.

Para Pegaso, de Niepolomice
En rima, preguntas si la vida tiene centavos. Mi diccionario responde que no.

Para el señor K. K., de Bytom
Utilizas el verso libre como si su libertad fuera absoluta. Pero la poesía (a pesar de lo que pueda decirse) es, era y será un juego. Y, como todos los niños saben, los juegos tienen reglas. ¿Por qué lo olvidan los adultos?

Para Putzka, de Radom
El aburrimiento debe ser descrito con gusto. ¿Cuántas cosas están ocurriendo en un día en el que no pasa nada?

Para Boleslaw L-k, de Varsovia
Tus dolores existenciales te vienen con demasiada facilidad. Ya hemos padecido suficiente desesperanza y nos hemos adentrado en las sombrías profundidades demasiadas veces. “Los pensamientos profundos –dice mi querido Thomas (Mann, por supuesto, ¿de cuál otro podría tratarse?)– deben hacernos sonreír”. Leyendo tu poema “Océano” nos descubrimos forcejando en un pozo poco profundo. Concibe tu vida como una aventura extraordinaria que te ha acontecido. Por el momento ése es nuestro único consejo.

Para Marek, también de Varsovia
Tenemos por fundamento la creencia de que todos los poemas que versan sobre la primavera quedan automáticamente descalificados. El tema ha dejado de existir en la poesía. Por supuesto, continúa desarrollándose como parte de la vida. Pero se trata de dos asuntos distintos.

Para B. L., de los alrededores de Breslavia
El miedo al discurso preciso, el esfuerzo constante por convertir todo en una metáfora, la inagotable necesidad de que en cada línea se demuestre que eres un poeta: éstas son ansiedades que acosan a todo poeta en formación. Pero pueden curarse si se descubren a tiempo.

Para Zb. K., de Poznan
A lo largo de su vida la mayoría de los poetas no han utilizado tantas palabras majestuosas como las que has apiñado en tres cortos poemas. “Patria”, “verdad”, “libertad”, “justicia”. Ese tipo de palabras no deben tomarse a la ligera. Sangre de verdad las recorre y la tinta no puede reemplazarla.

Para Michal, en Nowy Targ
Rilke advirtió a los jóvenes poetas que los temas majestuosos son difíciles y exigen una gran madurez artística. Les aconsejó escribir sobre lo que observan en torno a ellos y cómo viven cada día; sobre lo que se ha perdido y lo que se ha encontrado. Los animaba a utilizar lo que estaba a su alrededor como herramienta para desarrollar su arte; imágenes de los sueños, objetos del recuerdo. “Si la vida diaria te parece pobre –escribió–, no la culpes. La culpa es tuya. No eres tan buen poeta como para percatarte de su riqueza”. Este consejo te puede parecer superfluo y estúpido. Por eso sustentamos nuestro argumento con uno de los poetas más esotéricos del mundo de la literatura. ¡Observa cómo alaba las cosas ordinarias!

Para Ula, de Sopot
Definir la poesía en una frase... ¡vaya! Conocemos por lo menos quinientas definiciones, pero ninguna nos parece lo suficientemente precisa y abarcadora a la vez. Cada una expresa el sabor de su época. Un escepticismo de nacimiento nos impide dar una definición propia. Pero recordamos un hermoso aforismo de Carl Sandburg: “La poesía es el diario escrito por una criatura del mar, que vive en la tierra y desea volar”. ¿Será que él lo escribirá un día de estos?

Para L-k, de Slupsk
Requerimos más de un poeta que se compara con Ícaro que lo que el largo poema cifrado nos revela. Señor L-k, usted no cuenta con que el Ícaro de hoy en día tiene que elevarse sobre un paisaje distinto al de la antigüedad. Ve autopistas repletas de carros y camiones, aeropuertos, pasarelas, grandes ciudades, puertos modernos y costosos y demás cosas por el estilo. ¿No le pasaría por el lado un jet de vez en cuando?

Para T. W., de Cracovia
En el colegio no se pierde tiempo en un análisis estético de las obras literarias. Las temáticas centrales se estudian junto con el contexto histórico. Ese tipo de conocimiento es crucial pero no será suficiente para quien desee convertirse en un lector independiente, bueno; y menos aún para alguien con ambiciones creativas. Nuestros jóvenes corresponsales a menudo se sorprenden de que sus poemas sobre la reconstrucción de Varsovia después de la guerra, o acerca de las tragedias vividas en Vietnam, no sean lo suficientemente buenos. Están convencidos de que una intención honorable puede pasar por encima de la forma. Si quieres ser un buen zapatero no basta que te entusiasme el pie humano. Tienes que conocer tu material, tus herramientas, escoger el modelo correcto. Con la creación artística ocurre lo mismo.

Para el señor Br. K, de Laski
Tus poemas en prosa están impregnados de la figura del Gran Poeta que escribe sus extraordinarias obras llevado por la euforia del alcohol. Podríamos adivinar cuál es el personaje que tienes en mente, pero los apellidos no son el tema que nos ocupa en este último análisis. Nuestro interés se centra en la errada convicción de que el alcohol facilita el ejercicio de la escritura, envalentona la imaginación, agudiza el ingenio y realza otras funciones que entusiasman al espíritu bardo. Mi querido señor K, ni esta poeta, ni ninguno de los que conocemos y con seguridad tampoco los que nos son desconocidos, han escrito jamás algo de valor bajo la influencia del alcohol. Toda buena obra surge de un trabajo minucioso llevado a cabo en medio de los dolores de la sobriedad y sin ningún zumbido placentero rondando en la cabeza. “Siempre he tenido ideas, pero después del vodka me duele la cabeza”, dijo Wyspianski. Si un poeta consume alcohol, es entre un poema y el otro. Ésta es la cruda realidad. Si el alcohol promoviera la buena poesía, entonces cada tercer ciudadano de este país sería por lo menos un Hortensio. Nos vemos forzados a rebatir otra leyenda más. Esperamos que emerjas ileso de entre las ruinas.

Para E. L., en Varsovia
Quizá puedas aprender a amar en la prosa.

Para Esko, de Sieradz
La juventud es un período interesante en la vida de una persona. Si a las dificultades de la juventud les sumas la ambición de escribir, hay que tener un carácter fuerte para sobrellevar el estrés. Tener cualidades como la perseverancia, la rapidez, poseer un amplio bagaje literario, ser curioso y mirar con atención. Hay que saber tomar distancia de uno mismo, ser capaz de sentir el dolor ajeno, tener una mente crítica, sentido del humor y la irrompible convicción de que el mundo se merece: a) seguir existiendo, y b) más suerte de la que ha tenido hasta ahora. Los poemas que nos has mandado dejan ver un deseo por escribir pero no alguna de las cualidades antes mencionadas. Tienes bastante trabajo por delante.

Para Kali, de Lodz
“Por qué” es la combinación de palabras más importante en cualquiera de los idiomas de este planeta y es probable que ocurra lo mismo en las otras galaxias.

Para el señor Pal-Zet, de Skarzysko-Kamieanna
Los poemas que has enviado sugieren que no has logrado percibir una diferencia fundamental entre la poesía y la prosa. Por ejemplo, el poema titulado “Aquí” es meramente una descripción en prosa de un cuarto y sus muebles. En prosa una descripción así sirve a una función específica: presenta el escenario de la acción que viene. En un momento la puerta se abrirá, alguien entrará y algo pasará. En la poesía la descripción misma debe “suceder”. Todo se vuelve significativo, la elección de las imágenes, su disposición, la forma que toma en las palabras. La descripción de un cuarto ordinario debe aparecer ante tus ojos como el descubrimiento de ese cuarto, y la emoción contenida en esa descripción debe ser compartida por los lectores. De otra manera, la prosa se queda prosa, aunque te esfuerces en cortar oraciones en columnas de verso. Y lo que es peor, nada pasa.

17 de julio de 2011

Borges La muerte y la brújula

Jorge Luis Borges

"La muerte y la brújula"


A Mandie Molina Vedia

De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño - tan rigurosamente extraño, diremos - como la periódica serie de hechos de sangre que culminaron en la quinta de Triste-le-Roy, entre el interminable olor de los eucaliptos. Es verdad que Erik Lönnrot no logró impedir el último crimen, pero es indiscutible que lo previó. Tampoco adivinó la identidad del infausto asesino de Yarmolinsky, pero sí la secreta morfología de la malvada serie y la participación de Red Scharlach, cuyo segundo apodo es Scharlach el Dandy. Ese criminal (como tantos) había jurado por su honor la muerte de Lönnrot, pero éste nunca se dejó intimidar. Lönnrot se creía un puro razonador, un Auguste Dupin, pero algo de aventurero había en él y hasta de tahur.
El primer crimen ocurrió en el Hôtel du Nord, ese alto prisma que domina el estuario cuyas aguas tienen el color del desierto. A esa torre (que muy notoriamente reúne la aborrecida blancura de un sanatorio, la numerada divisibilidad de una cárcel y la apariencia general de una casa mala) arribó el día tres de diciembre el delegado de Podólsk al Tercer Congreso Talmúdico, doctor Marcelo Yarmolinsky, hombre de barba gris y ojos grises. Nunca sabremos si el Hôtel du Nord le agradó: lo aceptó con la antigua resignación que le había permitido tolerar tres años de guerra en los Cárpatos y tres mil años de opresión y de pogroms. Le dieron un dormitorio en el piso R, frente a la suite que no sin esplendor ocupaba el Tetrarca de Galilea. Yarmolinsky cenó, postergó para el día siguiente el examen de la desconocida ciudad, ordenó en un placard sus muchos libros y sus muy pocas prendas, y antes de medianoche apagó la luz. (Así lo declaró el chauffeur del Tetrarca, que dormía en la pieza contigua.) El cuatro, a las 11 y 3 minutos A.M., lo llamó por teléfono un redactor de la Yidische Zaitung; el doctor Yarmolinsky no respondió; lo hallaron en su pieza, ya levemente oscura la cara, casi desnudo bajo una gran capa anacrónica. Yacía no lejos de la puerta que daba al corredor; una puñalada profunda le había partido el pecho. Un par de horas después, en el mismo cuarto, entre periodistas, fotógrafos y gendarmes, el comisario Treviranus y Lönnrot debatían con serenidad el problema.
-No hay que buscarle tres pies al gato-decía Treviranus, blandiendo un imperioso cigarro-.Todos sabemos que el Tetrarca de Galilea posee los mejores zafiros del mundo. Alguien, para robarlos, habrá penetrado aquí por error. Yarmolinsky se ha levantado; el ladrón ha tenido que matarlo. ¿Qué le parece?
-Posible, pero no interesante-respondió Lönnrot-. Usted replicará que la realidad no tiene la menor obligación de ser interesante. Yo le replicaré que la realidad puede prescindir de esa obligación, pero no las hipótesis. En la que usted ha improvisado interviene copiosamente el azar. He aquí un rabino muerto; yo preferiría una explicación puramente rabínica, no los imaginarios percances de un imaginario ladrón.
Treviranus repuso con mal humor:
-No me interesan las explicaciones rabínicas; me interesa la captura del hombre que apuñaló a este desconocido.
-No tan desconocido-corrigió Lönnrot -. Aquí están sus obras completas-. Indicó en el placard una fila de altos volúmenes; una Vindicación de la cábala; un Examen de la filosofía de Robert Fludd; una traducción literal del Sepher Yezirah; una Biografía del Baal Shem; una Historia de la secta de los Hasidim; una monografía (en alemán) sobre el Tetragrámaton; otra, sobre la nomenclatura divina del Pentateuco. El comisario los miró con temor, casi con repulsión. Luego, se echó a reír.
-Soy un pobre cristiano-repuso-. Llévese todos esos mamotretos, si quiere; no tengo tiempo que perder en supersticiones judías.
-Quizás este crimen pertenece a la historia de las supersticiones judías-murmuró Lönnrot.
-Como el cristianismo-se atrevió a completar el redactor de la Yidische Zaitung. Era miope, ateo y muy tímido.
Nadie le contestó. Uno de los agentes había encontrado en la pequeña máquina de escribir una hoja de papel con esta sentencia inconclusa.

La primera letra del Nombre
ha sido articulada.

Lönnrot se abstuvo de sonreír. Bruscamente bibliófilo o hebraísta, ordenó que le hicieran un paquete con los libros del muerto y los llevó a su departamento. Indiferente a la investigación policial, se dedicó a estudiarlos. Un libro en octavo mayor le reveló las enseñanzas de Israel Baal Shem Tobh, fundador de la secta de los Piadosos; otro, las virtudes y terrores del Tetragrámaton, que es el inefable Nombre de Dios; otro, la tesis de que Dios tiene un nombre secreto, en el cual está compendiado (como en la esfera de cristal que los persas atribuyen a Alejandro de Macedonia), su noveno atributo, la eternidad, es decir, el conocimiento inmediato de todas las cosas que serán, que son y que han sido en el universo. La tradición enumera noventa y nueve nombres de Dios; los hebraístas atribuyen ese imperfecto número al mágico temor de las cifras pares; los Hasidim razonan que ese hiato señala un centésimo nombre. El Nombre Absoluto.
De esa erudición lo distrajo, a los pocos días, la aparición del redactor de la Yidische Zaitung. Este quería hablar del asesinato; Lönnrot prefirió hablar de los diversos nombres de Dios; el periodista declaró en tres columnas que el investigador Erik Lönnrot se había dedicado a estudiar los nombres de Dios para dar con el nombre del asesino. Lönnrot, habituado a las simplificaciones del periodismo, no se indignó. Uno de esos tenderos que han descubierto que cualquier hombre se resigna a comprar cualquier libro, publicó una edición popular de la Historia de la secta de los Hasidim.
El segundo crimen ocurrió la noche del tres de enero, en el más desamparado y vacío de los huecos suburbios occidentales de la capital. Hacia el amanecer, uno de los gendarmes que vigilan a caballo esas soledades vio en el umbral de una antigua pintorería un hombre emponchado, yacente. El duro rostro estaba como enmascarado de sangre; una puñalada profunda le había rajado el pecho. En la pared, sobre los rombos amarillos y rojos, había unas palabras en tiza. El gendarme las deletreó... Esa tarde, Treviranus y Lönnrot se dirigieron a la remota escena del crimen. A izquierda y derecha del automóvil, la ciudad se desintegraba; crecía el firmamento y ya importaban poco Mandie Molina Vedia
 las casas y mucho un horno de ladrillos o un álamo. Llegaron a su pobre destino: un callejón final de tapias rosadas que parecían reflejar de algún modo la desaforada puesta de sol. El muerto ya había sido identificado. Era Daniel Simó Azevedo, hombre de alguna fama en los antiguos arrabales del Norte, que había ascendido de carrero a guapo electoral, para degenerar después en ladrón y hasta en delator. (El singular estilo de su muerte les pareció adecuado: Azevedo era el último representante de una generación de bandidos que sabía el manejo del puñal, pero no del revólver.) Las palabras en tiza eran las siguientes:
La segunda letra del Nombre
ha sido articulada.
El tercer crimen ocurrió la noche del tres de febrero. Poco antes de la una, el teléfono resonó en la oficina del comisario Treviranus. Con ávido sigilo, habló un hombre de voz gutural; dijo que se llamaba Ginzberg (o Ginsburg), y que estaba dispuesto a comunicar, por una remuneración razonable, los hechos de los dos sacrificios de Azevedo y Yarmolinsky. Una discordia de silbidos y de cornetas ahogó la voz del delator. Después, la comunicación se cortó. Sin rechazar la posibilidad de una broma (al fin, estaban en carnaval), Treviranus indagó que le habían hablado desde el Liverpool House, taberna de la Rue de Toulon -esa calle salobre en la que conviven el cosmorama y la lechería, el burdel y los vendedores de biblias. Treviranus habló con el patrón. Este (Black Finnegan, antiguo criminal irlandés, abrumado y casi anulado por la decencia) le dijo que la última persona que había empleado el teléfono de la casa era un inquilino, un tal Gryphius, que acababa de salir con unos amigos. Treviranus fue enseguida al Liverpool House. El patrón le comunicó lo siguiente: Hace ocho días, Gryphius había tomado pieza en los altos del bar. Era un hombre de rasgos afilados, de nebulosa barba gris, trajeado pobremente de negro; Finnegan (que destinaba esa habitación a un empleo que Treviranus adivinó) le pidió un alquiler sin duda excesivo; Gryphius inmediatamente pagó la suma estipulada. No salía casi nunca; cenaba y almorzaba en su cuarto; apenas si le conocían la cara en el bar. Esa noche, bajó a telefonear al despacho de Finnegan. Un cupé cerrado se detuvo ante la taberna. El cochero no se movió del pescante; algunos parroquianos recordaron que tenía máscara de oso. Del cupé bajaron dos arlequines; eran de reducida estatura y nadie pudo no observar que estaban muy borrachos. Entre balidos de cornetas, irrumpieron en el escritorio de Finnegan; abrazaron a Gryphius, que pareció reconocerlos, pero que les respondió con frialdad; cambiaron unas palabras en yiddish -él en voz baja, gutural, ellos con las voces falsas, agudas- y subieron a la pieza del fondo. Al cuarto de hora bajaron los tres, muy felices; Gryphius, tambaleante, parecía tan borracho como los otros. Iba, alto y vertiginoso, en el medio, entre los arlequines enmascarados. (Una de las mujeres del bar recordó los losanges amarillos, rojos y verdes.) Dos veces tropezó; dos veces lo sujetaron los arlequines. Rumbo a la dársena inmediata, de agua rectangular, los tres subieron al cupé y desaparecieron. Ya en el estribo del cupé, el último arlequín garabateó una figura obscena y una sentencia en una de las pizarras de la recova.
Treviranus vio la sentencia. Era casi previsible; decía:

La última de las letras del Nombre
ha sido articulada.

Examinó, después, la piecita de Gryphius-Ginzberg. Había en el suelo una brusca estrella de sangre; en los rincones, restos de cigarrillo de marca húngara; en un armario, un libro en latín -el Philologus hebraeograecus(1739), de Leusden- con varias notas manuscritas. Treviranus lo miró con indignación e hizo buscar a Lönnrot. Este, sin sacarse el sombrero, se puso a leer, mientras el comisario interrogaba a los contradictorios testigos del secuestro posible. A las cuatro salieron. En la torcida Rue de Toulon, cuando pisaban las serpentinas muertas del alba, Treviranus dijo:
-¿Y si la historia de esta noche fuera un simulacro?
Erik Lönnrot sonrió y le leyó con toda gravedad un pasaje (que estaba subrayado) de la disertación trigésima tercera del Philologus: Dies Judaeorum incipit a solis occasu usque ad solis occasum diei sequentis. Esto quiere decir -agregó-, El día hebreo empieza al anochecer y dura hasta el siguiente anochecer.
El otro ensayó una ironía.
-¿Ese dato es el más valioso que usted ha recogido esta noche?
-No. Más valiosa es una palabra que dijo Ginzberg.
Los diarios de la tarde no descuidaron esas desapariciones periódicas. La Cruz de la Espada las contrastó con la admirable disciplina y el orden del último Congreso Eremítico; Erns Palast, en El Mártir, reprobó "las demoras intolerables de un pogrom clandestino y frugal, que ha necesitado tres meses para liquidar tres judíos"; la Yidische Zaitung rechazó la hipótesis horrorosa de un complot antisemita, "aunque muchos espíritus penetrantes no admiten otra solución del triple misterio"; el más ilustre de los pistoleros del Sur, Dandy Red Scharlach, juró que en su distrito nunca se producirían crímenes de ésos y acusó de culpable negligencia al comisario Franz Treviranus.
Este recibió, la noche del primero de marzo, un imponente sobre sellado. Lo abrió: el sobre contenía una carta firmada Baruj Spinoza y un minucioso plano de la ciudad, arrancado notoriamente de un Baedeker. La carta profetizaba que el tres de marzo no habría un cuarto crimen, pues la pinturería del Oeste, la taberna de la Rue de Toulon y el Hôtel du Nord eran "los vértices perfectos de un triángulo equilátero y místico"; el plano demostraba en tinta roja la regularidad de ese triángulo. Treviranus leyó con resignación ese argumento more geométrico y mandó la carta y el plano a casa de Lönnrot, indiscutible merecedor de tales locuras.
Erik Lönnrot las estudió. Los tres lugares, en efecto, eran equidistantes. Simetría en el tiempo (3 de diciembre, 3 de enero, 3 de febrero); simetría en el espacio también... Sintió, de pronto, que estaba por descifrar el misterio. Un compás y una brújula completaron esa brusca intuición. Sonrió, pronunció la palabra Tetragrámaton (de adquisición reciente) y llamó por teléfono al comisario. Le dijo:
-Gracias por ese triángulo equilátero que usted anoche me mandó. Me ha permitido resolver el problema. Mañana viernes los criminales estarán en la cárcel; podemos estar muy tranquilos.
-Entonces, ¿no planean un cuarto crimen?
-Precisamente, porque planean un cuarto crimen, podemos estar muy tranquilos.
-Lönnrot colgó el tubo. Una hora después, viajaba en un tren de los Ferrocarriles Australes, rumbo a la quinta abandonada de Triste-le-Roy. Al sur de la ciudad de mi cuento fluye un ciego riachuelo de aguas barrosas, infamado de curtiembres y de basuras. Del otro lado hay un suburbio donde, al amparo de un caudillo barcelonés, medran los pistoleros. Lönnrot sonrió al pensar que el más afamado -Red Scharlach- hubiera dado cualquier cosa por conocer su clandestina visita. Azevedo fue compañero de Scharlach; Lönnrot consideró la remota posibilidad de que la cuarta víctima fuera Scharlach. Después, la desechó... Virtualmente, había descifrado el problema; las meras circunstancias, la realidad (nombres, arrestos, caras, trámites judiciales y carcelarios) apenas le interesaban ahora. Quería pasear, quería descansar de tres meses de sedentaria investigación. Reflexionó que la explicación de los crímenes estaba en un triángulo anónimo y en una polvorienta palabra griega. El misterio casi le pareció cristalino; se abochornó de haberle dedicado cien días.
El tren paró en una silenciosa estación de cargas. Lönnrot bajó. El aire de la turbia llanura era húmedo y frío. Lönnrot echó a andar por el campo. Vio perros, vio un furgón en una vía muerta, vio el horizonte, vio un caballo plateado que bebía del agua crapulosa de un charco. Oscurecía cuando vio el mirador rectangular de la quinta de Triste-le-Roy, casi tan alto como los negros eucaliptos que lo rodeaban. Pensó que apenas un amanecer y un ocaso (un viejo resplandor en el oriente y otro en el occidente) lo separaban de la hora anhelada por los buscadores del Nombre.
Una herrumbrada verja definía el perímetro irregular de la quinta. El portón principal estaba cerrado. Lönnrot, sin mucha esperanza de entrar, dio toda la vuelta. De nuevo ante el porton infranqueable, metió la mano entre los barrotes, casi maquinalmente, y dio con el pasador. El chirrido del hierro lo sorprendió. Con una pasividad laboriosa, el portón entero cedió.
Lönnrot avanzó entre los eucaliptos, pisando confundidas generaciones de rotas hojas rígidas. Vista de cerca, la casa de la quinta de Triste-le-Roy abundaba en inútiles simetrías y en repeticiones maniáticas: a una Diana glacial en un nicho lóbrego correspondía en un segundo nicho otra Diana; un balcón se reflejaba en otro balcón; dobles escalinatas se abrían en doble balaustrada. Lönnrot rodeó la casa como había rodeado la quinta. Todo lo examinó: bajo el nivel de la terraza vio una estrecha persiana.
La empujó: unos pocos escalones de mármol descendían a un sótano. Lönnrot, que ya intuía las preferencias del arquitecto, adivino que en el opuesto muro del sótano había otros escalones. Los encontró, subió, alzó las manos y abrió la trampa de salida.
Un resplandor lo guió a una ventana. La abrió: una luna amarilla y circular definía en el triste jardín dos fuentes cegadas. Lönnrot exploró la casa. Por ante comedores y galerías salió a patios iguales y repetidas veces al mismo patio. Subió por escaleras polvorientas a antecámaras circulares; infinitamente se multiplicó en espejos opuestos; se cansó de abrir o entreabrir ventanas que le revelaban, afuera, el mismo desolado jardín desde varias alturas y varios ángulos; adentro, muebles con fundas amarillas y arañas embaladas en tarlatán. un dormitorio lo detuvo; en ese dormitorio, una sola flor en una copa de porcelana; al primer roce los pétalos antiguos se deshicieron. En el segundo piso, en el último, la casa le pareció infinita y creciente. La casa no es tan grande, pensó. La agrandan la penumbra, la simetría, los espejos, los muchos años, mi desconocimiento, la soledad.
Por una escalera espiral llegó al mirador. La luna de esa tarde atravesaba los losanges de las ventanas; eran amarillos, rojos y verdes. Lo detuvo un recuerdo asombrado y vertiginoso. Dos hombres de pequeña estatura, feroces y fornidos, se arrojaron sobre él y lo desarmaron; otro, muy alto, lo saludó con gravedad y le dijo:
-Usted es muy amable. Nos ha ahorrado una noche y un día.
Era Red Scharlach. Los hombres maniataron a Lönnrot. Este, al fin, encontró su voz.
-Scharlach, ¿usted busca el Nombre Secreto?
Scharlach seguía de pie, indiferente. No había participado en la breve lucha, apenas si alargó la mano para recibir el revólver de Lönnrot. Habló; Lönnrot oyó en su voz una fatigada victoria, un odio del tamaño del universo, una tristeza no menor que aquel odio.
-No- dijo Scharlach.- Busco algo más efímero y deleznable, busco a Erik Lönnrot. Hace tres años, en un garito de la Rue de Toulon, usted mismo arrestó e hizo encarcelar a mi hermano. En un cupé, mis hombres me sacaron del tiroteo con una bala policial en el vientre. Nueve días y nueve noches agonicé en esta desolada quinta simétrica; me arrasaba la fiebre, el odioso Jano bifronte que mira los ocasos y las auroras daban horror a mi ensueño y a mi vigilia. Llegué a abominar de mi cuerpo, llegué a sentir que dos ojos, dos manos, dos pulmones, son tan monstruosos como dos caras. Un irlandés trató de convertirme a la fe de Jesús; me repetía la sentencia de los goim: Todos los caminos llevan a Roma. De noche, mi delirio se alimentaba de esa metáfora: yo sentía que el mundo es un laberinto, del cual era imposible huir, pues todos los caminos, aunque fingieran ir al Norte o al Sur, iban realmente a Roma, que era también la cárcel cuadrangular donde agonizaba mi hermano y la quinta de Triste-le-Roy. En esas noches yo juré por el dios que ve con dos caras y por todos los dioses de la fiebre y de los espejos tejer un laberinto en torno del hombre que había encarcelado a mi hermano. Lo he tejido y es firme: los materiales son un heresiólogo muerto, una brújula, una secta del siglo XVIII, una palabra griega, un puñal, los rombos de una pinturería.
El primer término de la serie me fue dado por el azar. Yo había tramado con algunos colegas- entre ellos, Daniel Azevedo- el robo de los zafiros del Tetrarca. Azevedo nos traicionó: se emborrachó con el dinero que le habíamos adelantado y acometió la empresa el día antes. En el enorme hotel se perdió; hacia las dos de la madrugada irrumpió en el dormitorio de Yarmolinsky. Este, acosado por el insomnio, se había puesto a escribir. Verosímilmente, redactaba unas notas o un artículo sobre el Nombre de Dios; había escrito ya las palabras La primera letra del Nombre ha sido articulada. Azevedo le intimó silencio; Yarmolinsky alargó la mano hacia el timbre que despertaría todas las fuerzas del hotel; Azevedo le dio una sola puñalada en el pecho. Fue casi un movimiento reflejo; medio siglo de violencia le había enseñado que lo más fácil y seguro es matar... A los diez días yo supe por la Yidische Zaitung que usted buscaba en los escritos de Yarmolinsky la clave de la muerte de Yarmolinsky. Leí la Historia de la secta de los Hasidim; supe que el miedo reverente de pronunciar el Nombre de Dios había originado la doctrina de que ese Nombre es todopoderoso y recóndito. Supe que algunos Hasidim, en busca de ese Nombre secreto, habían llegado a cometer sacrificios humanos... Comprendí que usted conjeturaba que los Hasidim habían sacrificado al rabino; me dediqué a justificar esa conjetura.
Marcelo Yarmolinsky murió la noche del 3 de diciembre; para el segundo "sacrificio" elegí la noche del 3 de enero. Murió en el Norte; para el segunYo picoteo, tú picoteas, dejémoslos picotear.do "sacrificio" nos convenía un lugar del Oeste. Daniel Azevedo fue la víctima necesaria. Merecía la muerte: era un impulsivo, un traidor; su captura podía aniquilar todo el plan. Uno de los nuestros lo apuñaló; para vincular su cadáver al anterior, yo escribí encima de los rombos de la pinturería La segunda letra del Nombre ha sido articulada.
El tercer "crimen" se produjo el tres de febrero. Fue, como Treviranus adivinó, un mero simulacro. Gryphius-Ginzberg-Ginsburg soy yo; una semana interminable sobrellevé (suplementado por una tenue barba postiza) en ese perverso cubículo de la Rue de Toulon, hasta que los amigos me secuestraron. Desde el estribo del cupé, uno de ellos escribió en un pilar La última de las letras del Nombre ha sido articulada. Esa escritura divulgó que la serie de crímenes era triple. Así lo entendió el público; yo, sin embargo, intercalé repetidos indicios para que usted, el razonador Erik Lönnrot, comprendiera que es cuádruple. Un prodigio en el Norte, otros en el Este y en el Oeste, reclaman un cuarto prodigio en el Sur; el Tetragrámaton -el nombre de Dios, JHVH- consta de cuatro letras; los arlequines y la muestra del pinturero sugieren cuatro términos. Yo subrayé cierto pasaje en el manual de Leusden: ese pasaje manifiesta que los hebreos computaban el día de ocaso a ocaso; ese pasaje da a entender que las muertes ocurrieron el cuatro de cada mes. Yo mandé el triángulo equilátero a Treviranus. Yo presentí que usted agregaría el punto que falta. El punto que determina un rombo perfecto, el punto que prefija el lugar donde una exacta muerte lo espera. Todo lo he premeditado, Erik Lönnrot, para atraerlo a usted a las soledades de Triste-le-Roy.
Lönnrot evitó los ojos de Scharlach. Miró los árboles y el cielo subdivididos en rombos turbiamente amarillos, verdes y rojos. Sintió un poco de frío y una tristeza impersonal, casi anónima. Ya era de noche; desde el polvoriento jardín subió el grito inútil de un pájaro. Lönnrot consideró por última vez el problema de las muertes simétricas y periódicas.
-En su laberinto sobran tres líneas -dijo por fin-. Yo sé de un laberinto griego que es una línea única, recta. En esa línea se han perdido tantos filósofos que bien puede perderse un mero detective. Scharlach, cuando en otro avatar usted me dé caza, finja (o cometa) un crimen en A, luego un segundo crimen en B, en 8 kilómetros de A, luego un tercer crimen en C, a 4 kilómetros de A y de B, a mitad de camino entre los dos. Aguárdeme después en D, a 2 kilómetros de A y de C, de nuevo a mitad de camino. Máteme en D, como ahora va a matarme en Triste-le-Roy.
Para la otra vez que lo mate -replicó Scharlach-, le prometo ese laberinto, que consta de una sola línea recta y que es indivisible, incesante.
Retrocedió unos pasos. Después, muy cuidadosamente, hizo fuego.

16 de julio de 2011

El terrorista Fernando Sandoval M.

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El terrorista

El joven se movía desinhibido por la calle, su voz se oía desafinada y descontrolada, en momentos muy fuerte y a veces sólo susurros, en ratos se contorsionaba y en otros se detenía y manoteaba…
La gente volteaba a verlo, algunos sonreían, pero la mayoría lo miraba con un gesto adusto, con la mirada seria meneando la cabeza en desaprobación,
- ojalá lleve su permiso - dijo alguno
… Si, aquella maldita ley.

El capitán de aquellas fuerzas especiales se paseaba orgulloso por la avenida, la gente se hacia a un lado, pues notaban que los que osaban no hacerlo salían rebotados, golpeados o empujados y aquel oficial como si nada.
Parecía distraído, absorto en sus pensamientos, pero bastaba ver sus ojos para darse cuenta que en realidad observaba detenidamente a la gente, en su lado de la acera, y al otro lado también, a los conductores de los autos, incluso a la gente que se encontraba en los establecimientos o en sus casas.
Si, sus ojos no cesaban de moverse sin perder un solo detalle, quizá por eso su paso aunque firme y determinado, era lento y parsimonioso.
Y por eso sus ojos de halcón pudieron percibir a aquel sujeto, que aún cuando estaba a más de cincuenta metros, y a los numerosos transeúntes, era imposible que no llamara su atención,
- Águila 1, atención a las 9, está entrando al subterráneo - Comunicó a su auxiliar.
Enseguida vio entrar al sujeto a la estación del subterráneo desapareciendo de su vista, aunque también vio a su subalterno desaparecer inmediatamente tras de el.
Apresuró el paso al tiempo que dos más de su equipo entraban en la estación escuchando:
- Águila 3, blanco ubicado - , y casi al mismo tiempo
- Águila 2, blanco en la mira -
Cubrió la distancia en segundos, sin descomponer en lo más mínimo la figura, parecía deslizarse simplemente…
Bajo la escalera en un suspiro encontrándose en el anden justo cuando llegaba el tren, el instinto le hizo voltear a su derecha y vió al sujeto dispuesto a abordar el convoy, no pudo disimular una sonrisa al ver un agente a cada lado del sujeto y uno mas atrás de él, pero se le cortó en seco, ¿Y si portaba su permiso? Dudo por un segundo, pero alcanzó a entrar en el vagón justo un momento antes de cerrarse las puertas.
No, no podía equivocarse, algo le decía que ese era un criminal.
Miró al sujeto y se percató que era joven, tal vez 25 años, un poco desaliñado, extravagante e indolente… y sus agentes lo tenían rodeado y lo miraban esperando sus órdenes.
Así que se dirigió a él, no hubo necesidad de apartar a la gente, todos se habían percatado de su presencia y también de quien era su objetivo.
Se plantó frente al joven y aun así tuvo que sujetarlo para detener su danzar extravagante y así diese cuenta del gran volumen que despedían aquellos auriculares.
Esa sacudida volvió a la realidad al joven y por un momento asomó en su rostro el temor, pero se rehízo con una amplia sonrisa al sacarse los audífonos de encima, y todos pudieron escuchar:
– ¿Algún problema oficial? –
El capitán, a su vez sonrió, y con aquella inquieta mirada vio a todos los usuarios inmóviles, atentos, serios, expectantes, algunos incluso sudando…
Lo miro fijamente y le dijo:
- Muéstreme su licencia para escuchar esa música
- No tengo - dijo el joven, encendiendo un rumor entre los usuarios.
- Entonces está usted arrestado - dijo el capitán ampliando su sonrisa, al tiempo que dos de sus agentes sujetaban al joven.
- Espere, no puede hacerlo, yo soy autor de lo que vengo oyendo – dijo el joven sin perder el temple ni su sonrisa.
- ¿Que no conoce la ley? Usted debe registrar primero sus composiciones y obtener su licencia, si usted es el autor solo pagaría el registro – replicó el capitán, a duras penas conteniendo una carcajada.

- ¡A eso voy! – dijo el joven levantando la voz, conteniéndose a duras penas, y mostrando que se le escapaba su auto-control.
- Lo siento - terció el capitán al momento que sus agentes sometían al incauto, colocando sus manos en la espalda, rubricando con las esposas.
- Es la ley – dijo el capitán mientras volteaba a mirar a los usuarios con mirada retadora, arrogante, pues su instinto no le había fallado y seguía sin cometer un solo error.
- Un criminal menos- pensó, satisfecho de si mismo
- Vayámonos – dijo a sus agentes al abrirse las puertas, al arribar a la otra estación…


Todos recuperaron la calma al proseguir el tren la marcha, comentando lo sucedido y escuchando aún esos gritos cada vez más lejanos:
- ¡Yo soy el autor, no soy un criminal, yo soy el autor!… -
Sólo aquel sujeto sentado en el fondo reaccionó mas lentamente, movió su mano izquierda para ver su reloj, para enseguida sacar la mano derecha del interior de su chaqueta, soltando el remoto que no habría dudado en accionar para activar la bomba que llevaba en la maleta, al pie de su asiento…

15 de julio de 2011

La carta. Luis Mateo Díez

"Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y antes de empezar la tarea diaria, escribo una línea en una larga carta donde, desde hace seis años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.”

14 de julio de 2011

William Empson Mising dates

Missing Dates

Slowly the poison the whole blood stream fills.
It is not the effort nor the failure tires.
The waste remains, the waste remains and kills.

It s not your system or clear sight that mills
Down small to the consequences a life requires;
Slowly the poison the whole blood stream fills.

They bled an old dog dry yet the exchange rills
Of young dog blood gave but a month's desires
The waste remains, the waste remains and kills.

It is the Chinese tombs and the slag hills
Usurp the soil, and not the soil retires.
Slowly the poison the whole blood stream fills.

Not to have fire is to be a skin that shrills.
The complete fire is death. From partial fires
The waste remains, the waste remains and kills.

It is the poems you have lost, the ills
From missing dates, at which the heart expires.
Slowly the poison the whole blood stream fills.
The waste remains, the waste remains and kills.
--William Empson




El veneno invade lentamente todo el flujo sanguíneo.
No es el esfuerzo ni el fracaso lo que cansa.
Los residuos permanecen, los residuos permanecen y matan.

No es tu organismo o la claridad de visión lo que reduce
A la nada la coherencia que una vida requiere;
El veneno invade lentamente todo el flujo sanguíneo.

Sangran un perro viejo hasta secarlo, pero aún así, el intercambio de
Sangre con un perro joven alargó los deseos por un mes.
Los residuos permanecen, los residuos permanecen y matan.

Son los sepulcros Chinos y la escoria de los montes
Quienes se apoderan de la tierra
Y el veneno invade lentamente todo el flujo sanguíneo.

No tener pasión es ser una piel que brilla.
El fuego absoluto es la muerte. De las muertes parciales
Los residuos permanecen, los residuos permanecen y matan.

Son los poemas que has perdido, los males
De los datos que has perdido, allí donde el corazón muere.
El veneno invade lentamente todo el flujo sanguíneo.
Los residuos permanecen, los residuos permanecen y matan.

La revolucion francesa 14 de julio de 1789


La Libertad guiando al pueblo – Eugene Delacroix (1830)


La Libertad guiando al pueblo es un cuadro del pintor francés Eugene Delacroix. La obra fue pintada en el año 1830 y es la obra maestra del Romanticismo francés. Este cuadro es la expresión máxima de la Revolución francesa.

"He emprendido un tema moderno, una barricada, y si no he luchado por la patria, al menos pintaré para ella".
Eugène Delacroix

El lienzo representa una escena del 27 de Julio de 1830 en la que el pueblo de París levantó barricadas. El rey Carlos X de Francia había suprimido el Parlamento por decreto y tenía la intención de restringir la libertad de Prensa. Los disturbios iniciales se convirtieron en un levantamiento que desembocó en una revolución seguida por ciudadanos enojados de todas las clases sociales. No existió un único cabecilla. Por eso Delacroix representa a la Libertad como guía que conduce al pueblo. Tampoco esta representada de una forma abstracta, sino que es una figura alegórica muy sensual y real.

El espectador sólo tiene dos posibilidades, el unirse a la masa, o el ser arrasado por ella . El pueblo es la unión de clases: se representa al burgués con su sombrero de copa y empuñando el fusil, al lado un andrajoso y un herido que pide clemencia a Francia. Al fondo aparecen brumas y humos de la batalla que diluyen un barrio francés bastante realista. A los pies de la Libertad un moribundo la mira fijamente indicándonos que ha valido la pena morir por ella.

Hay una estructura en forma de pirámide con los muertos por la libertad en la base y la libertad en la cima sosteniendo en la mano derecha la bandera tricolor y en la mano izquierda un rifle. El ligero pincel de Delacroix y la fuerza luminosa de sus colores exaltan la vitalidad de sus cuadros. Para aumentar la tensión y el movimiento añadió contrastes complementarios junto a la oposición de los claroscuros. El color para Delacroix no solo tenía un valor de representación, sino sobre todo un significado emocional propio, con el que el pintor intentaba plasmar sobre el lienzo el sentimiento y la disposición de ánimo de las personas.

Se utilizan colores pálidos con pinceladas sueltas destacando el azul, el rojo y el blanco de la bandera.

En el cuadro aparecen jóvenes, adultos, clase obrera, burgueses y soldados defendiendo a la Libertad que, como ya se ha dicho, en este caso se identifica también con Francia y es representada como una mujer empuñando un fusil de la época (rasgo realista) y con el pecho al descubierto, hecho este último que escandalizó a críticos y a parte de la sociedad de la época. Entre los muertos del primer plano (abajo, a la derecha del espectador) aparecen también soldados leales a Carlos X.

El personaje del sombrero es un burgués, en el que se autorretrata Delacroix a pesar de que no participó en los hechos.

En segundo plano, a la derecha del espectador, encontramos Notre-Dame, en una de cuyas torres ondea la bandera revolucionaria, quizás para afirmar el sometimiento de la iglesia, que había sido uno de los apoyos de la restauración borbónica.

Características formales

Forma abierta

La sensación de perspectiva está presente en la obra gracias a los edificios del fondo y a la multitud, que se va alejando y reduciendo en tamaño al fondo del lienzo.

La línea del horizonte es algo inestable, sería la línea imaginaria entre las cabezas de la multitud al fondo del cuadro, que se difuminan con el humo y los edificios del fondo del lienzo.

Los tres elementos (bandera, camisa del muerto de la izquierda y vestimenta del herido que se alza frente a la Libertad) forman una línea recta imaginaria que forma un eje central.

Las figuras principales se enmarcan dentro de una pirámide que asciende en el vértice de la cual el eje central es la Libertad y los dos muertos en primer término cierran el triángulo.

La luz del cuadro es irreal, ilumina la Libertad con la bandera tricolor, una parte del cuerpo del niño que hay a su lado, al moribundo de la chaqueta azul, al muerto del margen inferior izquierdo y las manos y media del hombre del sombrero de caño. En este caso la luz y el color tienen un objetivo en común: potenciar el movimiento.

Las pinceladas muestran una gran desenvoltura y ondulación. El rojo y el azul de la bandera, de la vestimenta del herido que se alza delante de la Libertad, y de la camisa del muerto de la izquierda resaltan por encima de todo el predominio de las tonalidades ocres y grises del conjunto.

Junto a la figura alegórica de la Libertad, se dan otros detalles tremendamente realistas como puede ser el pubis desnudo de la persona muerta que hay en primer plano, abajo a la izquierda. ¿Es un cuadro alegórico o histórico? No parece que sea ninguna de las dos cosas, por cuanto que lo único alegórico es la figura de la mujer-libertad-patria y tampoco representa un hecho concreto real. Para Argan es simplemente un cuadro «realista» que aúna alegoría y realidad. Théophile Thoré elogió la obra y refiriéndose a la mujer dijo: «¿Es una muchacha del pueblo? ¿Es el genio de la libertad? Es ambas cosas [...] La verdadera alegoría debe tener el doble carácter de ser una figura viviente y un símbolo».

La obra está impregnada de movimiento no solo por los gestos dramáticos de los personajes, y por la composición en diagonales, sino porque los del primer plano avanzan sobre la quietud de los muertos que se encuentran en la base de la composición y todas las formas muestran ondulaciones que ponen de manifiesto la admiración del autor por Rubens. Por otra parte la luz lo refuerza, pues es una luz dramática y compleja, con zonas iluminadas y otras en penumbra, pero cuyo origen no se vislumbra. La figuras del primer plano aparecen iluminadas por un foco lateral, pero a su vez se recortan a contraluz sobre un fondo encendido, humeante y nuboso, que dota de más inquietud a la composición. No obstante, ese tenebrismo aludido no da como resultado figuras homogéneas en tonos de bronce –como en Caravaggio-, pues incorpora con gran maestría más fuerza y variedad cromática, como por ejemplo el azul de la bandera o de la camisa del personaje que postrado mira fijamente a la Libertad. Lo que pone de manifiesto que Delacroix domina también el color, del que fue un fino estudioso.

La perfecta combinación de tema, movimiento, luz y color, junto a una pincelada suelta que en los planos posteriores (por ejemplo, los combatientes de detrás de la mujer) recuerdan a Goya, determinan que nos encontremos ante una obra y un autor de una tremenda trascendencia en la pintura contemporánea. Por otra parte su maestría en ordenar grandes composiciones como La muerte de Sardanápalo o la de esta obra, es también evidente. Delacroix, que tuvo una formación neoclásica, reaccionó contra el academicismo y llegó a convertirse en el culminador del romanticismo del que su amigo Géricault –tempranamente muerto- fue iniciador. Con Delacroix se produce una ruptura con la herencia clásica a consecuencia de la cual, y como dice Argan, “el arte deja de mirar hacia lo antiguo y empieza a plantearse el ser, a toda costa, de su propio tiempo”.

El cuadro se encuentra expuesto en el Museo del Louvre y es una de las expresiones artísticas más importantes de la historia del arte.

13 de julio de 2011

Victor Hugo Booz Endormi Version bilingüe


Booz es un personaje bíblico que aparece en el libro de Rut. Booz es quien se casa con Rut, que engendra un hijo suyo, Obed, padre de Jesé y por tanto, es bisabuelo de David y ascendiente de Jesucristo.



El matrimonio de Booz con Rut ha sido visto por la tradición cristiana (especialmente la católica) como una prefiguración de la unión de Cristo con la Iglesia, siendo Booz Cristo y Rut, evidentemente, la Iglesia.



Este personaje inspiró uno de los poemas más célebres que aparece en La leyenda de los siglos, de Víctor Hugo: Booz dormido.

Booz endormi


Booz s'était couché de fatigue accablé ;
Il avait tout le jour travaillé dans son aire ;
Puis avait fait son lit à sa place ordinaire ;
Booz dormait auprès des boisseaux pleins de blé.

Ce vieillard possédait des champs de blés et d'orge ;
Il était, quoique riche, à la justice enclin ;
Il n'avait pas de fange en l'eau de son moulin ;
Il n'avait pas d'enfer dans le feu de sa forge.

Sa barbe était d'argent comme un ruisseau d'avril.
Sa gerbe n'était point avare ni haineuse ;
Quand il voyait passer quelque pauvre glaneuse :
- Laissez tomber exprès des épis, disait-il.

Cet homme marchait pur loin des sentiers obliques,
Vêtu de probité candide et de lin blanc ;
Et, toujours du côté des pauvres ruisselant,
Ses sacs de grains semblaient des fontaines publiques.

Booz était bon maître et fidèle parent ;
Il était généreux, quoiqu'il fût économe ;
Les femmes regardaient Booz plus qu'un jeune homme,
Car le jeune homme est beau, mais le vieillard est grand.

Le vieillard, qui revient vers la source première,
Entre aux jours éternels et sort des jours changeants ;
Et l'on voit de la flamme aux yeux des jeunes gens,
Mais dans l'oeil du vieillard on voit de la lumière.

Donc, Booz dans la nuit dormait parmi les siens ;
Près des meules, qu'on eût prises pour des décombres,
Les moissonneurs couchés faisaient des groupes sombres ;
Et ceci se passait dans des temps très anciens.

Les tribus d'Israël avaient pour chef un juge ;
La terre, où l'homme errait sous la tente, inquiet
Des empreintes de pieds de géants qu'il voyait,
Etait mouillée encore et molle du déluge.

Comme dormait Jacob, comme dormait Judith,
Booz, les yeux fermés, gisait sous la feuillée ;
Or, la porte du ciel s'étant entre-bâillée
Au-dessus de sa tête, un songe en descendit.

Et ce songe était tel, que Booz vit un chêne
Qui, sorti de son ventre, allait jusqu'au ciel bleu ;
Une race y montait comme une longue chaîne ;
Un roi chantait en bas, en haut mourait un dieu.

Et Booz murmurait avec la voix de l'âme :
" Comment se pourrait-il que de moi ceci vînt ?
Le chiffre de mes ans a passé quatre-vingt,
Et je n'ai pas de fils, et je n'ai plus de femme.

" Voilà longtemps que celle avec qui j'ai dormi,
O Seigneur ! a quitté ma couche pour la vôtre ;
Et nous sommes encor tout mêlés l'un à l'autre,
Elle à demi vivante et moi mort à demi.

" Une race naîtrait de moi ! Comment le croire ?
Comment se pourrait-il que j'eusse des enfants ?
Quand on est jeune, on a des matins triomphants ;
Le jour sort de la nuit comme d'une victoire ;

Mais vieux, on tremble ainsi qu'à l'hiver le bouleau ;
Je suis veuf, je suis seul, et sur moi le soir tombe,
Et je courbe, ô mon Dieu ! mon âme vers la tombe,
Comme un boeuf ayant soif penche son front vers l'eau. "

Ainsi parlait Booz dans le rêve et l'extase,
Tournant vers Dieu ses yeux par le sommeil noyés ;
Le cèdre ne sent pas une rose à sa base,
Et lui ne sentait pas une femme à ses pieds.

Pendant qu'il sommeillait, Ruth, une moabite,
S'était couchée aux pieds de Booz, le sein nu,
Espérant on ne sait quel rayon inconnu,
Quand viendrait du réveil la lumière subite.

Booz ne savait point qu'une femme était là,
Et Ruth ne savait point ce que Dieu voulait d'elle.
Un frais parfum sortait des touffes d'asphodèle ;
Les souffles de la nuit flottaient sur Galgala.

L'ombre était nuptiale, auguste et solennelle ;
Les anges y volaient sans doute obscurément,
Car on voyait passer dans la nuit, par moment,
Quelque chose de bleu qui paraissait une aile.

La respiration de Booz qui dormait
Se mêlait au bruit sourd des ruisseaux sur la mousse.
On était dans le mois où la nature est douce,
Les collines ayant des lys sur leur sommet.

Ruth songeait et Booz dormait ; l'herbe était noire ;
Les grelots des troupeaux palpitaient vaguement ;
Une immense bonté tombait du firmament ;
C'était l'heure tranquille où les lions vont boire.

Tout reposait dans Ur et dans Jérimadeth ;
Les astres émaillaient le ciel profond et sombre ;
Le croissant fin et clair parmi ces fleurs de l'ombre
Brillait à l'occident, et Ruth se demandait,

Immobile, ouvrant l'oeil à moitié sous ses voiles,
Quel dieu, quel moissonneur de l'éternel été,
Avait, en s'en allant, négligemment jeté
Cette faucille d'or dans le champ des étoiles.

Booz dormido



Rendido de cansancio Booz se había acostado;
durante todo el día trabajó en sus eras;
después se preparó su cama donde siempre;
Booz dormía junto a los bultos de trigo.

Ese anciano era dueño de campos de cebada
y de trigo; era rico y sin embargo justo;
de su molino el agua con barro no mezclaba;
ni huellas del infierno en el fuego de su fragua.

Su barba era de plata como en abril los ríos.
Ni de avaricia u odio sabían sus gavillas;
cuando pasar veía a espigadoras pobres:
- Dejad caer adrede espigas, ordenaba.

Este hombre puro no era de senderos torcidos,
vestía de lino blanco y de entereza cándida;
y siempre por los pobres derramaba sus granos
de sus sacos que eran como veneros públicos.

Booz era un buen amo y un pariente fiel;
sabía ser generoso aunque era ahorrativo;
las mujeres lo miraban mucho más que a los jóvenes,
porque el joven es bello, pero el viejo es insigne.

El anciano que vuelve hacia la fuente primera,
entra en la eternidad y se huye del cambio;
en los ojos de jóvenes puede haber llamaradas,
pero en la pupila del viejo simplemente hay luz.

Así, Booz en la noche dormía entre los suyos;
cerca de los almiares, que parecían ruinas,
dormían los segadores como en grupos de sombras;
todo esto pasó hace ya mucho tiempo.

Las tribus de Israel un juez tenían por jefe;
la tierra donde el hombre erraba bajo tiendas,
inquieto por las huellas visibles de gigantes,
mojada estaba aún, y blanda del diluvio.

Como dormía Jacob, como Judith dormía,
Booz, ojos cerrados, yacía en la enramada;
entonces se entreabrieron las compuertas del cielo
y sobre su cabeza fue descendiendo un sueño.

Y ese sueño era tal que Booz vio un roble
que, salido de su vientre, ascendía hasta el cielo;
una raza subía como larga cadena;
un rey cantaba abajo, y arriba moría un dios.

Y Booz murmuraba con las voces del alma:
"¿Cómo será posible que esto me suceda?
La cifra de mis años pasado ha los ochenta,
y yo no tengo hijos, y ya no tengo mujer.

Hace ya mucho que aquella con quien yo dormía,
¡oh Señor! abandonó mi lecho por el tuyo;
y estamos aún tan mezclados el uno con el otro,
ella está casi viva, casi muerto estoy yo.

¡Nacer de mí una raza! ¿Cómo poder creerlo?
¿Cómo poder creer que llegue a tener hijos?
Cuando joven se es, las mañanas son triunfos;
brota el día de la noche como de una victoria;

pero viejos, temblamos, abedules de invierno;
viudo estoy, solo estoy, y sobre mí cae el crepúsculo,
y curvo ¡oh Dios mío! mi alma hacia la tumba,
como un buey sediento inclinándose al agua".

Así hablaba Booz en el sueño y el éxtasis,
sus ojos hacia Dios, anegados de sueño;
el cedro no siente una rosa en su base,
y él no sentía una mujer a sus pies.

En tanto que él dormía, Rut, una Moabita,
con el seno desnudo a sus pies se acostó,
esperando no sé cuál inédito rayo,
cuando del alba viniera la imprevista luz.

Booz no sabía que una mujer allí estaba,
y Rut no sabía lo que Dios quería de ella.
Los penachos de asfódelos despedían perfumes;
la noche respiraba flotando en Galgalá.

La sombra era nupcial, augusta y solemne;
los ángeles volaban allí oscuramente,
y se veía pasar en la noche, a momentos,
algo azul, como si fuera un ala.

El respirar durmiente de Booz se mezclaba
con los sordos murmullos del arroyo en el musgo.
Y era aquel el mes cuando la natura es dulce,
las colinas con lirios sobre todas sus cumbres.

Ruth soñaba y Booz dormía; y la hierba era negra;
palpitaban muy suaves los cencerros de la tropa;
una inmensa bondad caía del firmamento;
una hora tranquila; los leones bebían.

En Ur y en Jerimádet todo estaba en reposo;
los astros esmaltaban el cielo hondo, umbrío;
la luna fina y clara entre flores de sombra
brillaba en Occidente, y Ruth se preguntaba,

inmóvil, entreabriendo los ojos bajo el velo,
qué dios, qué segador del inmortal estío,
tan negligentemente dejó caer al irse
esa hoz de oro en los campos de estrellas.