¡¡Feliz Cumpleaños Jaquemate!!
Me ven ahora
22 de abril de 2013
20 de abril de 2013
Homero Aridjis / Perséfone (fragmento),
En la mitología griega, Perséfone (en griego antiguo Περσεφόνη Persephónē, ‘la que lleva la muerte’) es hija de Zeus y de Deméter (ἡ Μητὴρ hê Mêtềr, ‘la madre’). La joven doncella, llamada hasta entonces Koré (Κόρη, ‘hija’), es raptada por Hades y se convierte en la reina del Inframundo.
Perséfone es su nombre en la literatura épica de la Grecia jónica. En otros dialectos era conocida por otros nombres, como Persephassa o Persephatta. Homero la llama Persephoneia (Περσεφόνεια). Los romanos tuvieron noticia de ella por primera vez a través de las ciudades eólicas y dóricas de la Magna Grecia, donde usaban la variante dialéctica Proserpina.
PERSÉFONE
Un río carnal abre los muslos.Perséfone se abre como una escalera estrecha y empinada.
Perséfone ríe al borde sus fibras nerviosas.
Navegan barcos por mar desconocido. Navega un dios en
sí mismo enlazado.
El cuello de los cisnes en un solo cuello.
Perséfone me mira como yesca que acecha el fuego.
Pone los codos sobre las rodillas, mete la cabeza entre las manos.
Se sienta en sus cojines suaves. Se sienta sobre un lecho que
por las arrugas de las mantas parece un trono rudo.
Mis manos friccionan con ardor sus miembros. En sus miembros
se confunde lo blanco de su piel, lo rojo de su ardor.
A sus miembros que fricciono llegan su silencio, su emoción, sus gestos.
Un mismo calor anima su corazón, sus pies, sus dedos.
El fuego le abre el cuerpo, igual que un incendio descubre
en una casa muchas ventanas, muchos ojos.
Igual que si se hubiera vuelto su interioridad hacia afuera,
y un color propio la recorriera matizando sus rasgos.
Me adentra.
No pienso.
Mis sentidos despiertan.
Oigo mi cuerpo, oigo su cuerpo enredarse en el mío. Crecen
los dos, enmudecen, maduran, se avejentan, mueren.
Oigo el eco de su desaparición, de su nacimiento. Oigo.
Que no están, que llegan, que se van.
Siento su cuerpo. Toca con mil poros abiertos a mi piel.
Me roza con mil manos y muslos. Me roza con pedazos de
carne que se labia, se hiende.
Mojándome. Huelo su origen. Su deseo. Su deseo. Su ceniza.
Sus cabellos húmedos de mis cabellos. Su roce que es mi roce.
Veo la palabra que no dice en su lengua curvada, alargada
hasta mi lengua. Su sexo que entraña mi sexo. Sus pies extendidos.
Su movimiento sacando chispas de las sábanas con las caderas.
Su hundimiento en el colchón. Su levantarse y caer y sonar.
La oscuridad momentánea de su boca, de sus axilas, de
su cuello y sus brazos.
Llena mi ver una rodilla. Un brazo. Un ojo. Un cabello entre
mis labios. Un trozo de muslo. Un pedazo de vientre.
El ombligo. Sus cabellos. Su ombligo.
Su cara vuelta a la derecha. Su cara vuelta a la izquierda.
Su mentón apuntando hacia arriba y hacia abajo. Su cuerpo
recogido. Su cuerpo diagonal.
Su ombligo. Su oreja. Sus cabellos. Su sexo.
Su boca que se ahonda y se ahonda, que se sumerge por adentro de ella,
que cae y cae, toca mi sexo, sube por mi cuerpo,
se convierte en mi boca que la besa en su boca que se ahonda,
y cae en mí, y cae en ella.
Perséfone (fragmento), 1967
Homero Aridjis
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| Monica Bellucci como Perséfone en el filme "Matrix" |
17 de abril de 2013
¿Cual es la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás?
El sentido de la vida, el universo y todo lo demás es un concepto procedente de la saga de ciencia-ficción "The Hitchhiker's Guide to the Galaxy" (en la edición en castellano, "Guía del Viajero Intergaláctico" para América y "Guía del autoestopista galáctico" para Europa), de Douglas Adams. En la historia, el sentido de la vida, el universo y todo lo demás es buscado por un superordenador llamado Deep Thought («Pensamiento Profundo»). El sentido dado por Deep Thought conduce a los protagonistas a una aventura para averiguar la pregunta que da lugar a la respuesta.
Según The Hitchhiker's Guide to the Galaxy, un grupo de exploradores de una raza de seres pandimensionales e hiperinteligentes construyen Pensamiento Profundo, la segunda mejor computadora de todos los tiempos, para obtener la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Después de siete millones y medio de años meditando la pregunta, Pensamiento Profundo declara que la respuesta es cuarenta y dos, razonando que la pregunta fue mal planteada y debe ser formulada correctamente para entender la respuesta.
A continuación un trozo de la película basada en el libro
-
16 de abril de 2013
María Victoria Atencia / Godiva en blue jeans
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| William Holmes Sullivan : Lady Godiva 1877 |
Godiva en blue jeans
Cuando sobrepasemos la raya que separala tarde de la noche, pondremos un caballo
a la puerta del sueño y, tal Lady Godiva,
puesto que así lo quieres, pasearé mi cuerpo
-los postigos cerrados- por la ciudad en vela...
No, no es eso, no es eso; mi poema no es eso.
Sólo lo cierto cuenta.
Saldré de pantalón vaquero (hacia las nueve
de la mañana), blusa del "Long Play" y el cesto
de esparto de Guadix (aunque me araña a veces
las rodillas). Y luego, de vuelta del mercado,
repartiré en la casa amor y pan y fruta.
María Victoria Atencia
MARÍA VICTORIA ATENCIA GARCÍA nació en Málaga el 28 de noviembre de 1931, en el nº 1 de la Calle del Ángel. Desde su casa de los Montes, donde la ciudad comenzaba a adentrarse en el campo, bajaba diariamente al Colegio de la Asunción ("Santa Clara"), para comenzar unos estudios que luego proseguirá en el Colegio de la Sagrada Familia.
14 de abril de 2013
Homero Aridjis / Encuentro con mi padre en la huerta
Encuentro con mi padre en la huerta
Pasado el mediodía. Pasado el cine,con sus altos muros pesarosos
a punto de venirse abajo, entro a la huerta.
Terminada la función, todos se han ido:
los peones, los perros y las puertas.
Delante de una higuera mi padre está parado.
Mi madre ha muerto. Los hijos han envejecido.
Él está solo, hilillos de aire
atraviesan sus ropas harapientas.
Por miedo a acercarme y asustarlo
con mi presencia viva, quiero pasar de largo.
Él pregunta al extraño, ahora con pelo blanco:
“¿Quién anda allí?”
“Padre, soy tu hijo.”
“¿Sabe tu madre que has regresado? ¿Vas a
quedarte a comer?”
“Padre, desde hace años tu esposa descansa
junto a ti en el cementerio del pueblo.”
Entonces, como si adivinara todo,
él me llama por mi nombre de niño
y me da un higo.
Así nos encontramos los vivos y los muertos.
Luego, cada quien siguió su camino.
Homero Aridjis
Los poemas solares (2005)
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Para Aridjis, el poema es un edificio de visiones y la luz diurna, a la que elogia y canta en este libro, la matriz en que se figura el mundo. Aquí está todo lo que merece ser visto: las cosas, aquellos a los que queremos y a los que quisimos, los sueños. el poeta se detiene frente a nuestra cotidianidad Para percibir lo extraordinario y, en la naturaleza que nos rodea, la presencia de lo sobrenatural y de lo cósmico; cargado de experiencias y en control de sus pasiones voltea hacia el mundo y lo encuentra luminoso.
Salvado por mi perro Ulysses
Mi perro
Estaba en mi cuarto leyendo, escucho los ladridos de mi perro a lo lejos, en pocos segundos llega a mi lado, no le presto atención, entonces me muerde un tobillo y siento un dolor fuerte y punzante.Me enfado con él, le digo que me suelte y entonces despierto.
Todo había sido un sueño, la tierra comenzó a moverse, era un terremoto.
Salgo rápidamente y siento el derrumbe de varios muebles de la pieza.
El polvo y los gritos de la gente llenan el ambiente. Si no hubiera despertado a tiempo, probablemente estaría entre los muertos o heridos. Llamo a mi perro, no contesta y recuerdo que había muerto, hace unos seis años.
Mi perro muerto me había salvado, no creo en explicaciones sobrenaturales, mi subconsciente sabía el mejor modo de despertarme.
Aunque a veces dudo...
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Hace años publiqué esto aquí, mi perro se llamaba Ulysses, igual que mi seudónimo cuando inicié el blog. Lo pongo nuevamente ya que me parece una historia interesante. A los que no lo hayan leído espero que les guste.
12 de abril de 2013
Homero Aridjis / Un poema otoñal de amor
Un poema otoñal de amor
A Betty, en su cumpleaños
Ruede el amor por los campos azules de la tarde
como ruedan en tus ojos los soles cotidianos.
Descienda el amor en cascada de tus brazos
como la lluvia baja las escaleras con rodillas dobladas
para correr blanca y libre por las calles ansiosas y ansiadas.
Rueden tus ojos en mis ojos, y en círculos fugaces
de luces y de sombras, de instantes copulados,
bien vividos, más bien desvividos, se abracen y desabracen,
hasta que no haya cielo ni luminarias encendidas
ardiendo sobre este laberinto sin puertas ni paredes,
en que te encuentro abierta, tibia, acogedora, mía.
Domingo 29 de agosto de 2004
"Los poemas Solares" Fondo de Cultura Económica (2005)
Homero AridjisTLALTECATZIN / En la soledad yo canto .
Tlaltecatzin de Cuauhchinanco fue señor de Cuauhchinanco, señoría chichimeca dominado por Tezcoco, en el actual estado de Puebla, durante el siglo XIV que dejó diversas obras literarias notables en náhuatl. El cronista Ixtlilxochitl, menciona que fue contemporáneo de Techotlala, señor de Tezcoco entre 1357 y 1409.
Tlaltecatzin acudía con frecuencia a la corte de Techotlala en Tezcoco para asuntos del gobierno. Este úlitmo gobernante promovía el cultivo literario náhuatl y pedía a sus cortesanos que hablaran náhuatl a la manera de los toltecas. En el ambiente cultural del Tezcoco de esa época Tlaltecatzin tuvo ocasión de conocer a destacados intelectuales de su época, se instruyó en las doctrinas concernientes a Quetzalcóatl. Además se conoce que Tlaltecatzin llegó a ser un destacado cuicapicqui 'compositor de canciones' de la corte. Sin embargo, sólo se ha conservado una composición de Tlaltecatzin, de extensión mediana, aunque mencionada más de una vez en la fuentes colecciones prehispánicas, esta composición se conoce como Tlaltecatzin icuic 'La canción de Taltecatzin', que es un una oda a la alegría de vivir aun cuando siguiendo el estilo de otros coetáneos de la época habla también de la congoja vital.
Miguel León-Portilla lo llama “Cantor del placer, la mujer y la muerte”
Miguel León-Portilla lo llama “Cantor del placer, la mujer y la muerte”
TLALTECATZIN
En la soledad yo canto ...
En la soledad yo canto
a aquel que es mi Dios.
En el lugar de la luz y el calor,
en el lugar del mando,
el florido cacao está espumoso,
la bebida que con flores embriaga.
Yo tengo anhelo,
lo saborea mi corazón,
se embriaga mi corazón,
en verdad mi corazón lo sabe:
¡Ave roja de cuello de hule!,
fresca y ardorosa,
luces tu guirnalda de flores.
¡Oh madre!
Dulce, sabrosa mujer,
preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.
Aquí tú has venido,
frente a los príncipes,
tú, maravillosa criatura,
invitas al placer.
Sobre la estera de plumas amarillas y azules
aquí estás erguida.
Preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.
El floreciente cacao
ya tiene espuma,
se repartió la flor del tabaco.
Si mi corazón lo gustara,
mi vida se embriagaría.
Cada uno está aquí,
sobre la tierra,
vosotros señores, mis príncipes,
si mi corazón lo gustara,
se embriagaría.
Yo sólo me aflijo,
digo:
que no vaya yo
al lugar de los descarnados.
Mi vida es cosa preciosa.
Yo sólo soy,
yo soy un cantor,
de oro son las flores que tengo.
Ya tengo que abandonarla,
sólo contemplo mi casa,
en hilera se quedan las flores.
¿Tal vez grandes jades,
extendidos plumajes
son acaso mi precio?
Solo tendré que marcharme,
alguna vez será,
yo solo me voy,
iré a perderme.
A mí mismo me abandono.
¡Ah, mi Dios!
¡Ah, mi Dios!
Digo: váyame yo,
como los muertos sea envuelto,
yo cantor,
sea así.
¿Podría alguien acaso adueñarse de mi corazón?
Yo sólo así habré de irme,
con flores cubierto mi corazón.
Se destruirán los plumajes de quetzal,
los jades preciosos
que fueron labrados con arte.
¡En ninguna parte está su modelo
sobre la tierra!
Que sea así,
y que sea sin violencia.
[Versión directa, del náhuatl al español, de Miguel León-Portilla.]
9 de abril de 2013
Homero Aridjis / Los higos Blancos de Esmirna
El poema en prosa, "Los higos blancos de Esmirna” es un extraordinario ejemplo, conmovedor y lúcido, de la genealogía que sigue buscando y nombrando, entre sueños, al autor, al padre, a la madre, a la esposa, a las hijas y, especialmente, a ese héroe trágico de Grecia que vino a dejar simiente en un pequeño lugar de México.
Los Higos Blancos de Esmirna
En mi infancia ejercí con fervor la adoración del higo, como diría Borges del tigre. Hijo de dos culturas, mejor dicho, de dos mitologías, la griega y la mexicana, los higos representaban en mi infancia lo griego. Y algo muy íntimo, la relación del niño con su padre a través de un fruto.
Mi padre, hombre de la diáspora del Asia Menor, se pasó la vida plantando higueras en el campo mexicano. Entre los magueyes, que producían pulque, y los nopales, con sus tunas rojas que hacia pensar en los corazones de los sacrificados en el México antiguo, él se sentaba a la sombra de las higueras y contemplaba sus hojas como grandes manos verdes.
En los umbrales de su propia vejez, caminando entre las higueras desaparecidas de la huerta en las que mi padre y yo cortábamos higos juntos, los más verdes emitiendo al ser cortados su leche pegajosa, me pregunto una vez más, ¿ qué significaron para mí los higos blancos de Esmirna? ¿Eran reales o una referencia apocalíptica, como cuando el Cordero abre el sexto sello y se compara la caída de estrellas sobre la tierra con la higuera que deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento?
Los miércoles en la tarde mi padre cerraba su tienda de ropa y se metía a la huerta, y emergía de ella con los brazos cruzados como un cesto con higos. Los frutos envueltos en una piel fina con la carne repleta de semillas diminutas me sabían a ambrosía, y para mí tenían el color y el olor de venir de los huertos de Pallas Atenea, mi diosa favorita.
Todavía ahora cuando veo higos imagino a mi padre, parado delante de una higuera, que ya no existe, en una huerta que existe, pero con sus árboles frutales arrasados, parafraseando los versos de un poeta andaluz (aunque mi padre no leía versos):
Tú también eres, oh higuera,
sobre este suelo extranjera.
O aún lo escucho metido en el pellejo del Dionisio de Las Bacantes, diciendo:
He venido a esta tierra de los mexicanos, yo, Nicias Aridjis Theologos, hijo ignoto de Zeus, al que antaño parió la hija de Cadmo, Sémele, haciendo de partero el hijo del relámpago; no ando en la figura de un dios, sino en la de un mortal; estoy junto al cerro Altamirano y las barrancas que bajan de los santuarios de la mariposa Monarca hacia el pueblo de Contepec como un hombre que habla la lengua de sus ancestros en sueños.
En 2004, me otorgaron la Nichols Chair in Public Sphere and Humanities de la Universidad de California en Irvine y tuve que pasar cuatro meses en el campus para dar una conferencia e impartir un curso de literatura. Para librarme del tedio que me provocaban, mis alumnos de pocas luces, quise darme el gusto de releer un libro importante en mi vida. Escogí la Odisea, poema que había leído a los trece años en Contepec, mi pueblo natal, en una edición de Editorial Sopena Argentina, en traducción directa del griego de Federico Baráibar y Zumarriaga. Esa lectura me había abierto las puertas de la poesía homérica y el mundo de los libros de aventuras. Versos hermosos como "La aurora de rosados dedos" todavía resonaban en mi mente cincuenta años después. Esta vez leería un Canto cada noche en una edición en prosa, de la Loeb Classical Library , con texto griego y traducción al inglés por A. T. Murray.
Casi al final, al toparme con unos versos del Canto 24, cuando Odiseo, después de matar a los pretendientes de Penélope, se encuentra en su viñedo con su padre viejo Laertes, vistiendo una túnica sucia, parchada y miserable, cubierto con una capa de piel de cabra y guantes en las manos para protegerse de las espinas, soñé con mi padre. Nicias Aridjis Theologos, un griego de la diáspora que se había salvado en 1922 de las matanzas de griegos y armenios a manos de los turcos, cuando Ataturk declaró la guerra a Esmirna infiel, cruzando hacia la isla de Samos. En 1926 pasó a México, y sin volver nunca a Grecia ni a Europa, murió en el pueblo de Contepec sesenta años después.
Terminado el libro, me dormí. Pero al poco rato soñé con mi padre en la huerta. Estaba parado junto a un árbol, una higuera como aquellas que él había plantado para tener higos blancos de Esmirna. Durante mi infancia mucha veces habíamos caminado juntos para cortar higos. Lo curioso es que él estaba muerto y yo vivo, y para no asustarlo con mi presencia mantuve un diálogo como esos que se tienen entre entre un padre y un hijo que viene de visita a la casa paterna. La higuera estaba detrás del Cine Apolo, con su tejado que se había venido abajo, pero en su tiempo, cuando llovía, hacía tanto ruido igual que si el cielo se estuviera cayendo sobre los espectadores.
En el sueño sus manos transparentes no portaban higos.
Como en uno de los tormentos de Tántalo en la Odisea, parecía que los "frutales sus ramas tendíanle a la frente con espléndidos frutos, perales, granados, manzanos, bien cuajados olivos, higueras con higos sabrosos; mas apenas el viejo alargaba sus manos a ellos cuando un viento veloz los alzaba a las nubes sombrías".
Después del diálogo nos despedimos. Al despertar me senté a escribir el poema "Encuentro con mi padre en la huerta".
Homero Aridjis
Diario de sueños, Fondo de Cultura Económica, México, 2011.
7 de abril de 2013
Poema Regalo de una amiga
| Irlanda |
Para Francisco
Te pareces mucho a la nostalgiaque se enreda en los cabellos contra el viento,
que bien cabes en los huecos de la lluvia
en las cosas, en los rostros, en las gentes.
Eres risa, las palabras con un cuerpo
unos ojos, una boca, unas manos
una reflexión cercana a mis oídos,
el chasquido de los dedos prestidigitando.
Si de pronto perdiéramos esos pasos tuyos
voluntariosos sobre el camino que a tantos ha llegado
querido amigo, tu punto de partida sería poblado
por un mar de almas-amapola esperando.
Irlanda
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Este poema me lo envío mi amiga Irlanda, hace algún tiempo, hoy decido publicarlo porque me parece un buen poema.
Gracias amiga por este hermoso poema
5 de abril de 2013
Homero Aridjis / Chica en celo
CHICA EN CELO
¿el amor a qué huele?
JRJ
¿El amor a qué huele?
¿A cuerpos que van y vienen
por la estación de trenes?
¿A náyades furtivas
con ropa de mezclilla
junto a fuentes urbanas?
¿A copos colosales
envueltos en pañuelos
en centros comerciales?
¿A sábados promiscuos
con autobuses llenos
y parejas con niños?
Cuando la chica viene
por la ciudad lluviosa,
¿el amor a qué huele?
París, viernes 8 – sábado 9 de enero de 2010
Homero Aridjis
Diario de sueños, Fondo de Cultura Económica, México, 2011.
4 de abril de 2013
Los Higos blancos de Esmirna - Retratos de mi padre (Dos poemas de Homero Aridjis)
Los Higos blancos de Esmirna
A mi padre Nicias
Antes de que te desvanezcas en el espejo negro,
déjame verte una vez más en la huerta de los higos
de este devastado jardín terrestre, y tu y yo,
como Nadies que han pisado la tierra desnuda,
cojamos con mano vana los frutos del otoño
que regala Démeter dadivosa.
Antes que en brazos de la Parca helada
crucemos separados los umbrales del Hades,
y en el horizonte indefinido se junten
nuestras sombras con la de los vivos y los muertos,
quiero, padre mío, volver contigo a la huerta
de mi infancia, y, escondidos de todos,
cortar los higos blancos de Esmirna.
París, domingo 18 de octubre de 2009
Homero Aridjis
Diario de sueños, Fondo de Cultura Económica, México, 2011.
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Retratos de mi padre
En este cuarto abierto a los cuatro vientos,padre, juego con tus retratos.
Veinte años después de haberte ido,
no sé cuál rostro es el más tuyo,
si aquel donde eres un soldado sobreviviente
de la matanza de griegos en Esmirna,
o aquel en que miras a mi madre con ojos enamorados,
cincuenta años después de haberla conocido,
o en esa instantánea de tu muerte
en tu tienda llena de telas y sombreros,
con una taza de té negro en la mano,
y cara de forastero, como cuando llegaste al pueblo.
Padre, quiero verte de nuevo,
pero en vez de hombre toco papel.
México, jueves 20 de julio de 1986
Homero Aridjis
Diario de sueños, Fondo de Cultura Económica, México, 20113 de abril de 2013
No era el mundo que se acababa
No era el mundo que se acababa
En memoria
de Luis Cernuda
era el amor que se moría.
No había árboles descuajados,
sino una mujer que se marchaba.
Era el amor que se perdía
por una calle de tumbas urbanas.
Era una puerta que gemía,
en unos ojos de ninguna tarde.
No era el mundo que se moría,
era el amor que se acababa.
Homero Aridjis
Diario de sueños, Fondo de Cultura Económica, México, 2011.
Homero Aridjis / "Nosotros"
Homero Aridjis Fuentes (Contepec, Michoacán; 6 de abril de 1940), es un poeta, novelista, activista ambiental, periodista y diplomático mexicano reconocido por su independencia.
Aridjis nació en Contepec, Michoacán, México, el 6 de abril de 1940, de padre griego y madre mexicana, el más joven de cinco hermanos (Juan, Miguel, Hermán, Nicias y Homero). Su padre luchó en el ejército griego durante la Primera Guerra Mundial y en la Guerra Turco-Griega, cuando su familia fue obligada a abandonar su casa en Tire, al suroeste de Esmirna, Asia Menor. Su madre creció en Contepec durante la Revolución Mexicana. Después de casi perder la vida a la edad de diez años en un accidente de escopeta Aridjis se convirtió en un ávido lector y empezó a escribir poesía. En 1959 obtuvo la beca del Centro Mexicano de Escritores otorgada por la Fundación Rockefeller, el más joven escritor en recibir ese premio en los 55 años de historia del Centro.
En 1966 asistió al histórico Congreso Mundial de Escritores del PEN Club en Nueva York, presidido por Arthur Miller, en el que participaron poetas y escritores que después conformarían el boom latinoamericano: Pablo Neruda, Juan Carlos Onetti, Joao Guimaraes Rosa, Ernesto Sábato, Victoria Ocampo, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Nicanor Parra y el mismo Aridjis.
Nosotros
El cielo estaba nublado,pero no llovería en la calle,
habría lluvia de cuerpos.
Desde que nos vimos
en la estación del metro
planeamos esta tormenta de besos.
Sin naves para viajarnos,
ni túneles para adentrarnos,
nos íbamos de vacaciones a nosotros mismos.
En nuestros ríos privados
como peces fluiríamos, sin más fortuna
que nuestra pobre soledad urbana.
México, D. F., jueves 2 de noviembre de 2006
Homero Aridjis
Diario de sueños, Fondo de Cultura Económica, México, 2011.
2 de abril de 2013
Como dioses Homero Aridjis
| Pirámide del Sol, Teotihuacán, México |
Como dioses
Como dioses que ascienden la escaleraDe un templo que contiene imágenes
De sí mismos, en las que ya no creen.
Como dioses espectrales, cuya presencia es denunciada
Por un brillo en la frente, una mancha en la mano
O por la hierba tronchada en un peldaño.
Como dioses que ascienden con más hábito que prisa
La escalera del tiempo, sabiendo que al alcanzar la cima
llegarán a su muerte o se desvanecerán en el olvido.
Como dioses que suben en grupo, pero cada uno solitario,
Con un séquito cobarde que se queda abajo mirándolos subir
a la punta de la escalera donde se volverán aire
O huella O peldaño O vacío
O retorno al principio.
Así mis días.
París, martes 13 de octubre de 2009
Diario de Sueños, 2011
1 de abril de 2013
Homero Aridjis / Amor hasta el fin del mundo
Amor hasta el fin del mundo
En el hotel de pasoel amor tuvo sus jinetes
y la jarra su hielo.
"Con que no haya chinches en el cuarto.
No soporto esos insectos malvados",
dijiste, desnuda en la cama.
Y tu cuerpo borró la vista del baño
con mosaico azul, y la regadera,
en la que nadie se había bañado.
Tu mirada en celo abrió la puerta
del refrigerador descompuesto,
con una botella vacía dentro.
“Ojalá que este beso ardiente
se convierta en un amor a puro diente
hasta el fin de los tiempos”, te dije.
Pero no era necesario hacer tales promesas,
un espejo roto reflejaba al animal de dos espaldas,
huérfano en todas las camas del mundo.
Nueva York, sábado 29 de abril de 2006
Diario de Sueños, F.C.E. 2011
"Siempre sueño en un lugar que es otro lugar" Homero Aridjis
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| Contepec, Michoacán |
Siempre sueño en un lugar que es otro lugar
Siempre sueño en un lugar que es otro lugar,
en un Contepec que no es Contepec,
en un pueblo que no está en los mapas.
La gente que anda por sus calles ya no existe,
llega a sus plazas en trenes de otra época,
cae en sus campos desde otros sueños.
Contepec es más grande que París y Nueva york,
esas ciudades tienen límites y Contepec
es tan pequeño que comienza y termina en el cielo.
El Popocatépetl es una montaña grande,
pero el cerro Altamirano es más alto,
en sus cimas cantan las cuatrocientas voces del azul.
Contepec no tiene mares, tiene un cementerio
de donde parten las almas de los difuntos
en forma de mariposas hacia el vago Norte.
La gente dice que desde la Central de la Memoria
uno puede llegar a pie, a caballo o en coche
a la Terminal del Ego, pero se llega a Ninguna Parte.
Temprano salieron los cronistas con papeles viejos
tratando de rescatarnos del olvido, pero rescataron nada,
la historia está llena de mentiras y sueños cruzados.
Aquel niño flaco, cinéfilo empedernido, decía,
“En ningún cielo he visto una luz como la del cine Apolo
cuando el proyeccionista era yo y la que miraba eras tú.
¿Acaso en algún lado existe un espectáculo como
el de los jaguares de oro que cuando saltan sobre las cimas
de lo oscuro parece que saltan de un sol en agonía?”
Desde su butaca en sombras, el niño se preguntaba:
“¿Qué es ese yo? ¿Qué es ese tú? ¿Qué es ese nosotros?
¿No ves que bajo tierra todos los egos se confunden?”
Así fue que el hombre que soñaba en un Contepec
que no era Contepec al hallarse lejos de sí mismo
vivía el sueño de un yo que ya no era yo.
Después de un sueño, miércoles 3 de mayo de 2006
Diario de Sueños, F.C.E. 2011
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| Cerro Altamirano Contepec, Michoacán |
"Diario de sueños" es el nuevo poemario del escritor y poeta mexicano Homero Aridjis (Contepec, Michoacán; 1940), uno de los más grandes poetas y escritores vivos en español.
La obra, publicada a inicios de 2011 por el Fondo de Cultura Económica de México, surgió de unos sueños que tuvo hace varios años, cuando al escribirlos se convirtieron en poemas. Desde El poeta niño, publicado en 1971, se propuso rescatar al ser que había sido antes de un grave accidente que sufrió en enero de 1950 y que estuvo a punto de costarle la vida. De hecho, se salvó de morir y cuando “resucité”, dice, empezó a leer y escribir poesía.
Así que cuando en 1970 se encontraba en Nueva York y estaba a punto de nacer su primera hija, Chloe, empezó a soñar en el niño que había sido antes del accidente, como una forma de reencontrarse consigo mismo, pues había suprimido de su memoria ese pasado.
31 de marzo de 2013
Homero Aridjis / Ajedrez, Córdoba, Año Mil
| Un cristiano y un musulmán juegan al ajedrez en una tienda. Ilustración del Libro de los juegos, segunda mitad del siglo XIII. |
AJEDREZ, CÓRDOBA, AÑO MIL
Es la última noche del mundo.Al pie de los muros de Córdoba
un monje cristiano y un guerrero moro
juegan una partida de ajedrez.
Un caballero negro galopa
los caminos helados de la tierra.
Un visionario salido de una cueva
ha abierto los siete sellos.
Las siete trompetas han sonado.
Las siete lámparas se han prendido.
Los difuntos emergen de sus tumbas.
Una reina negra absorbe la luz del mundo.
Parado sobre una torre blanca
El ángel vengador levanta la espada.
Qué estampida de peones pasmados.
Qué caída de alfiles aislados.
Los jugadores apuestan la vida.
Pasa la noche.
Sale Sol negro.
Nadie gana nada.
Sábado 7 de octubre y viernes 1 de diciembre de 2006. Sueño tenido dos veces
Homero Aridjis
Diario de Sueños, 2011
30 de marzo de 2013
Eugenio Montejo / Lo Nuestro
![]() |
| Émile Friant Les amoureux, Museo de Bellas Artes de Nancy |
Poema # 466
Lo nuestro.
Tuyo es el tiempo cuando tu cuerpo pasa
con el temblor del mundo,
el tiempo, no tu cuerpo.
Tu cuerpo estaba aquí, tendido al sol, soñando,
se despertó contigo una mañana
cuando quiso la tierra.
Tuyo es el tacto de las manos, no las manos;
la luz llenándote los ojos, no los ojos;
acaso un árbol, un pájaro que mires,
lo demás es ajeno.
Cuanto la tierra presta aquí se queda,
es de la tierra.
Sólo trajimos el tiempo de estar vivos
entre el relámpago y el viento;
el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo,
el hoy, el grito delante del milagro;
la llama que arde con la vela, no la vela,
la nada de donde todo se suspende,
eso es lo nuestro.
Eugenio Montejo.
Poemario: Adiós al siglo XX
29 de marzo de 2013
Mi amor
MI AMOR
En otro cuerpo va mi amor por esta calle,siento sus pasos debajo de la lluvia,
caminando, soñando, como en mí hace ya tiempo...
Hay ecos de mi voz en sus susurros,
puedo reconocerlos.
Tiene ahora una edad que era la mía,
una lámpara que se enciende al encontrarnos.
Mi amor que se embellece con el mar de las horas,
mi amor en la terraza de un café
con un hibisco blanco entre las manos,
vestida a la usanza del nuevo milenio.
Mi amor que seguirá cuando me vaya,
con otra risa y otros ojos,
como una llama que dio un salto entre dos velas
y se quedó alumbrando el azul de la tierra.
Eugenio Montejo
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