Me ven ahora

18 de marzo de 2013

El poeta William Somerset Maugham

William Somerset Maugham
Écija (Sevilla)

El Poeta


No siento gran interés por la gente célebre, y no puedo soportar a esas personas que tienen la pasión de codearse con las grandes figuras.

Cuando alguien me propone presentarme a una persona que se distingue de sus semejantes, ya sea por su categoría social o por sus proezas, trato por todos los medios de buscar una excusa aceptable que me permita evitar el honor del encuentro. Por lo tanto, cuando mi amigo Diego Torre dijo que iba a presentarme al señor de Santa Ana rehusé inmediatamente.

Este señor de Santa Ana no era sólo un renombrado poeta, sino también una figura romántica y, a pesar de todo, me hubiese gustado saber cómo sería en la pobreza un hombre cuyas aventuras, por lo menos en España, eran legendarias. Pero supe al mismo tiempo que era ya un anciano y que estaba enfermo, y no pude menos de pensar que hubiese sido para mí una molestia tener que encontrarme con un desconocido y extranjero a la vez.

Calixto de Santa Ana, que así se llamaba, era el último descendiente de una familia de grandes personajes, y en un mundo repudiado por Byron había llevado una vida completamente byroniana, narrando las aventuras de su azarosa existencia en una serie de poemas que le habían hecho famoso, pero que sus contemporáneos ignoraban por completo.

No me considero capaz de juzgar el valor que puedan haber tenido, pues los leí por primera vez cuando contaba veintitrés años. Entonces me sedujeron; denotaban pasión, altiva arrogancia y estaban llenos de vida. Me entusiasmaron, y aun hoy no puedo leerlos sin sentirme emocionado, ya que sus estrofas traen a mi memoria los más queridos momentos de mi juventud.

Me inclino a creer que Calixto de Santa Ana merece en sumo grado la reputación que goza entre la gente de habla hispánica. En aquel tiempo, toda la juventud tenía sus versos en los labios, y mis amigos no cesaban de hablarme de sus modales, de sus apasionados discursos -además de poeta era también político-, de su agudo ingenio y de sus amoríos.

Era un rebelde, y a veces también un bravo bandolero, pero, por encima de todo, era un fogoso amante.

Todos conocíamos la pasión que demostraba por tal o cual artista o cantante de renombre, pues habíamos leído hasta saberlos de memoria los encendidos sonetos en que describía su vehemente amor, sus angustias o sus odios. Sabíamos también que una aristócrata, descendiente de una orgullosa familia, habiendo cedido a sus ruegos, tomó despechada los hábitos cuando él dejó de amarla. Aplaudimos el romántico rasgo de la dama, ya que realzándola a ella halagábamos a nuestro poeta.

Pero todo esto sucedió hace muchos años, y durante un cuarto de siglo don Calixto se retiró desdeñosamente del mundo, que ya nada podía brindarle, viviendo solitariamente en Écija, su pueblo natal.

Hacía dos semanas que me encontraba en Sevilla, y cuando di a conocer mi intención de trasladarme allí, no por interés de conocerle, sino porque se trata de un pueblecito andaluz muy simpático y al que me unen gratos recuerdos, don Diego Torre se ofreció a darme una carta de presentación.

Parecía ser que don Calixto se dignaba algunas veces recibir la visita de los hombres de letras de la joven generación, con quienes conversaba imprimiendo tal fuego a sus palabras que electrizaba a sus oyentes, lo mismo que había hecho con sus poemas en la primavera de su vida.

-¿Y cómo está ahora? -pregunté.

-Espléndidamente.

-¿Tiene usted algún retrato suyo?

-Me gustaría tenerlo, pero se ha negado a dejarse retratar desde hace más de treinta y cinco años, alegando que no quiere que la posteridad lo conozca sino de joven.

Debo confesar que esta extraña forma de vanidad me conmovió. Se sabia que en su juventud había sido un hombre muy esbelto, y en una estrofa, escrita cuando comprendió que se desvanecería su aspecto juvenil, revelaba con qué amarga e irónica angustia contemplaba cómo esa gallardía que había sido la admiración de todos iba desapareciendo.

Sin embargo, rechacé la carta de presentación que me ofrecía mi amigo, contentándome con releer el poema que me era tan conocido. Por otra parte, prefería vagar por las silenciosas y soleadas calles de Écija en completa libertad.

Por esta razón, me sentí asombrado cuando la tarde de mi llegada al pueblo recibí una nota del mismo poeta. Don Diego le había escrito informándole de mi visita a Écija. Me hacía saber que le sería muy grato recibirme a la mañana siguiente, a eso de las once, sí tal hora me convenía.

En estas circunstancias no me quedaba otro remedio que ir a su casa en el día y a la hora sugeridos. Mi hotel daba a la plaza del pueblo, que en aquella mañana primaveral se hallaba muy animada. Pero tan pronto como me alejé de ella me pareció transitar por una ciudad casi desierta. No se veía ni un alma por las tortuosas y angostas calles, excepto alguna dama que regresaba de la iglesia.

Écija es, por excelencia, el pueblo de las iglesias, y no hay que alejarse mucho para ver alguna fachada derruida o la torre de algún templo donde anidan las palomas. En cierta ocasión me detuve para contemplar una fila de burros cubiertos con mantas descoloridas y cargados con unas cestas cuyo contenido no pude llegar a ver.

Pero Écija había sido en un tiempo lugar importante, y muchas de sus blancas casas lucen aún sobre las puertas de entrada imponentes escudos, pues a este lugar afluían las riquezas del Nuevo Mundo, y los aventureros que habían hecho fortuna en las Américas pasaban allí sus últimos años.

En una de esas casas vivía don Calixto. Mientras esperaba ante la enrejada puerta de entrada, después de haber tocado la campanilla, pensé con satisfacción que vivía en una casa en consonancia con su modo de ser. Había cierta grandeza en aquella entrada, que concordaba con la idea que me había formado del poeta.

Aunque sentí claramente el sonido de la campanilla cuando llamé, nadie acudió, por lo que me vi obligado a llamar varias veces más.

Por fin, una vieja se presentó.

-¿Qué desea, señor? -me preguntó. Tenía unos hermosos ojos negros, pero su mirada era hosca. Suponiendo que era el ama de llaves, le entregué mi tarjeta.

-Tengo una cita con el señor de la casa -le dije.

En el patio se notaba una agradable frescura. Era proporcionado, de lo cual se deducía que seguramente había sido construido por algún discípulo de los conquistadores. Los mosaicos estaban rotos, y en algunos lugares el revoque se había desprendido, dejando unas grandes manchas. Todo denotaba pobreza, pero también limpieza y dignidad.

Yo sabía ya que don Calixto era pobre. Había ganado dinero con facilidad, pero no habiéndole dado importancia lo había gastado sin miramientos. Era evidente que vivía en una penuria que desdeñaba tomar en consideración.

En el centro del patio había una mesa y dos sillones, y sobre aquélla varios periódicos de quince días atrás. Me pregunté qué sueños cruzarían por su mente cuando se sentaba allí a fumar un cigarrillo en las calurosas noches de verano.

De las paredes pendían varios cuadros típicamente españoles, algunos de ellos ennegrecidos y francamente feos, y aquí y allá unos bargueños sobre los cuales se veían algunas remendadas estatuas de barro. De una puerta colgaban dos pistolas, y pensé que tal vez hubieran sido utilizadas en el duelo celebrado a causa de la bailarina Pepa Montañez -la cual supongo que es ahora una bruja desdentada y vieja-, en el que había matado al duque de Dos Hermanas.

Este escenario, con las vagas reminiscencias que traía a la memoria, cuadraba tan perfectamente con el ambiente y la manera de ser del poeta que quedé completamente subyugado por el lugar.

Su noble indigencia le rodeaba de una aureola de gloria tan grande como la misma grandeza de su juventud. Se notaba que él también tenía el alma de los viejos conquistadores, y era decoroso que terminara sus días en aquella arruinada y magnífica casa.

Pensé que ésta era la forma en que debía vivir y morir un poeta de su talla.

Me sentía bastante sereno, aunque a la vez un poco enfadado ante la perspectiva de enfrentarme con él. Comencé a ponerme nervioso, y encendí un cigarrillo. Había llegado puntualmente, y me preguntaba cuál podía ser el motivo del retraso del viejo poeta. El silencio que reinaba por doquier era ciertamente molesto.

Fantasmas del pasado parecían cruzar el patio, mientras una época lejana surgía ante mis ojos. Los hombres de entonces poseían un espíritu aventurero y audaz que casi ha desaparecido hoy. No somos capaces de emular sus hazañas temerarias ni sus teatrales proezas.

Sentí un leve ruido, y mi corazón comenzó a latir con fuerza. Cuando al fin lo vi bajar lentamente la escalera, contuve la respiración. Llevaba en la mano mi tarjeta. Era un hombre viejo, alto y excesivamente delgado; su apergaminado rostro tenía el color del marfil antiguo; su cabello era blanco y abundante. pero sus frondosas cejas conservaban aún su color negro, lo que contribuía a que fuese más lúgubre el resplandor de sus grandes ojos. Era extraño ver que a su edad sus enormes ojos negros conservaban aún todo su brillo. Su nariz era aguileña y más bien pequeña su boca. No apartaba sus ojos de mí mientras se acercaba, y se notaba en su mirada que se formaba un juicio sobre mi persona.

Vestía un traje negro, y en la mano llevaba su sombrero de ala ancha. Su porte denotaba dignidad y firmeza. Era tal como me lo había imaginado, y mientras lo observaba comprendí perfectamente por qué había influido en el ánimo de sus semejantes y se hacía adueñado de sus corazones. Era un poeta. en todo el sentido de la palabra.

Llegó al patio y se dirigió lentamente hacia mí. Tenía, en verdad, unos ojos de águila. Sentí una emoción incontenible. viendo ante mí al heredero de los grandes poetas de España: el inmortal Herrera, el tan recordado y patético Fray Luis, el místico san Juan de la Cruz y el avinagrado y oscuro Góngora, de gran renombre...

Era el único superviviente de ese linaje de grandes hombres y un digno representante de ellos. En mi corazón resonaban las bellas y tiernas canciones que habían hecho tan famoso el lirismo de don Calixto. Cuando estuvo ante mí me turbé y pronuncié la frase que había preparado y con la cual pensaba saludarle

-Conceptúo como un alto honor, maestro, que un extranjero como yo haya podido trabar conocimiento con un poeta de su fama.

Pude ver en sus penetrantes ojos cuánto le divertía la ocurrencia. Una leve sonrisa se dibujó un instante en sus austeros labios.

-Disculpe, señor. No soy poeta; soy un simple comerciante. Se ha confundido usted. Don Calixto vive al lado.

¡Me había equivocado de casa!

FIN

Cosmopolitas, 1936

16 de marzo de 2013

Conversaciones Sabato Borges



Me parece muy triste morir: dijo Sabato

Los desencuentros de Sabato y Borges


 Falleció  Sabato a los 99 años, a tan solo dos meses de cumplir los cien. Y, aunque Borges murió hace ya un cuarto de siglo, podemos vaticinar sus palabras al respecto. Cuando su madre murió -también a los 99 años- y una periodista se lamentó de que no hubiera llegado a la centena, Borges le respondió sin piedad: "Veo que es usted una devota del sistema decimal". 

Borges era capaz de perder un amigo con tal de urdir una frase lapidaria. Y con Sabato, que no fue su amigo, se sentía muy libre de hacerlo. No hay en eso ninguna novedad. Y acaso, ningún interés. Sería una anécdota más sobre dos grandes escritores que, siendo compatriotas y contemporáneos, no simpatizaron. Como Chesterton y Wells. No obstante, detrás de esta animadversión, lo que hay de fondo y lo que vale la pena repasar, ahora que ambos han entrado en la historia, son dos maneras distintas de entender la literatura y la vida. Sabato quería la trascendencia; Borges, en cambio, "quería morir del todo, quería morir con ese compañero, su cuerpo". Sabato era grave como un Guayasamín; Borges era irreverente y no podía respirar si le faltaba el humor. 

En Diálogos Borges-Sabato (1976), el libro compaginado por Orlando Barone y que paradójicamente ha contribuido a acrecentar la falsa leyenda de su amistad, leemos lo siguiente:

BORGES: ¿Cuándo nos conocimos? A ver… Yo he perdido la cuenta de los años. Pero creo que fue en casa de Bioy Casares, en la época de 'Uno y el Universo'.

 SABATO: No, Borges. Ese libro salió en 1945. Nos conocimos en lo de Bioy, pero unos años antes, creo que hacia 1940".

 No estuvieron de acuerdo ni siquiera en la fecha en que se conocieron. Aunque Sabato estaba más cerca de la verdad. Fue poco después del 40 y en casa de Adolfo Bioy Casares, ese sí, el gran amigo de Borges, quien relata el desencuentro en sus memorias: "Sabato me pareció una persona de inteligencia activa —como Ricardo Resta, de quien se aseguraba 'piensa todo el tiempo'— y eso me bastó para recibirlo como a un amigo. De vez en cuando Sabato se permitía, a la manera de apoyo, pedanterías infantiles, que molestaban a Borges. Si había dicho algo intencionadamente paradójico, exclamaba (como si hubiera hablado otro y él aprobara por lo menos la audacia del concepto): ¡Margotinismo puro!". El tono de este comentario aparente críptico era de extrema suficiencia. Si uno pedía explicaciones, Sabato vagamente y con aire de pícaro aludía a un profesor alemán llamado quizá Margotius o Margotinus o algo así. Evidentemente se trataba de su monsieur Teste, su Bustos Domecq, su Pierre Menard; no quería ser menos que nadie; Borges no celebraba la broma: tal vez la invención de Sabato no fuera más allá del supuesto profesor, no llegara nunca a un reconocible estilo de pensamientos. A falta de eso, ponía Sabato ese inconfundible tono de satisfacción para exclamar "¡Margotinismo puro!". De todos modos, Sabato me parecía digno de estímulo y convencí a Borges (lo convencí superficialmente, para nuestras conversaciones de entonces) de que Sabato era inteligente. Se me ocurre que Borges no creía en esa inteligencia cuando estaba solo o con otros amigos". 

Pero siguieron las cenas en la casa de los Bioy, con Silvina Ocampo y eventualmente con algún miembro de la revista Sur, donde Sabato colaboraba. Sigamos con el relato de Bioy: "Un día me trajo (ya estaba viviendo yo en la calle Santa Fe, donde ahora vive Alicia Jurado) el manuscrito del Túnel 'para que se lo corrigiera'. Me pregunto por qué en el trato de escritores hay tantos malentendidos ¿por falsas modestias? ¿Por una vanidad que siempre merodea, como un chacal hambriento? Lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito y, según mi costumbre (en ese tiempo corregía las traducciones de 'El séptimo círculo' y de 'La puerta de marfil'), lo corregí casi todas las veces que fue necesario. Cuando Sabato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolví un librito, plagado de errores de composición, que no podían corregirse (como esa patética imitación de Huxley, la discusión sobre las novelas policiales que interrumpía el relato) y páginas garabateadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etcétera. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, empezó a deteriorarse". En el voluminoso libro póstumo de Adolfo Bioy Casares, Borges, donde puntualmente anotaba las conversaciones que casi a diario sostenía con su amigo, leemos en la entrada del 11 de julio de 1950: "Come en casa de Borges. Comentamos el carácter de Sabato. Según Borges, lo que está mal en él es que su conversación es demasiado anecdótica, se parece demasiado poco al pensamiento". Se acabaron las tertulias. 

Solo en 1974 el azar volvería a reunirlos en la librería La Ciudad de la Galería del Este. Un raro ejemplar de El Quijote rompió el hielo y los animó a intercambiar palabras después de tantos años. Orlando Barone, presente en la librería, tuvo entonces la idea de sentar a conversar a sus dos admirados maestros. Tuvo que convencerlos por separado y con la promesa de no hablar del peronismo, un tema que exasperaba a Borges. Aunque Sabato le advirtió: "La política suele entrar por la ventana o por una hendija cuando uno menos lo espera". Y entró, Borges terminó recordando aquel sórdido episodio en que el gobierno de Perón lo "traslada" de su modesto empleo en una biblioteca de Almagro para nombrarlo "inspector de gallinas". Fueron sesiones semanales de dos y tres horas durante tres meses en el apartamento de la pintora uruguaya Reneé Noetinger y en un bar de Maipú y Córdoba. Cada uno se instala en su trinchera y la conversación no es fluida. Hay una calma chicha, silencios incómodos. "Hay un momento que percibo tenso, como esos segundos previos a una polémica, a una lucha de opiniones contrarias", dice Orlando Barone. Después de un largo rato, Borges, al fin, consigue sacarle una sonrisa:

SABATO: (con tono escéptico) Pero dígame, Borges, ¿a usted le interesa el budismo en serio? Quiero decir como religión. ¿O solo le importa como fenómeno literario?

BORGES: Me parece ligeramente menos imposible que el cristianismo (ríen).

Sabato no pierde oportunidad para recalcarle a Borges que su literatura es difícil, erudita. Más adelante, cuando Sabato le recuerda su gusto por Almafuerte, "un poeta de barrio", Borges aprovecha para sacarse el clavo: "Todos somos poetas de barrio". 

Como a Juan Pablo Castel y María Iribarne, un largo y oscuro túnel los separaba. Sabato era un intelectual preocupado por la deshumanización a la que nos había llevado el avance incontrolado de la ciencia y la técnica, por el predominio de la razón sobre los sentimientos. Y, entre grandes dudas y zozobras, abogaba por un cambio. Borges era un apolítico, desdeñoso de las teorías y la realidad (a no ser para parodiarlas) e interesado únicamente en el hecho estético, en la extraña música de las palabras. El existencialista y el lúdico. Para Sabato escribir fue un desgarramiento; para Borges, un alivio que lo ayudaba a olvidarse de sí mismo y su circunstancia. Sabato acaba de morir y Borges murió hace 25 años, pero en algún lugar del "inconcebible universo" se está repitiendo este diálogo:

-BORGES: Cómo, ¿usted le tiene miedo a la muerte?

SABATO: La palabra exacta sería tristeza. Me parece muy triste morir.

BORGES: Yo pienso que así como a uno no puede entristecerlo no haber visto la guerra de Troya, no ver más este mundo tampoco puede entristecerlo".

15 de marzo de 2013

"Peces Transparentes"

Peces Transparentes

 

Heridas.


Ya sabes,
no es sencillo
caminar todo el día con las heridas puestas.

Donde acaba el dolor
-si es que termina-
nace el cansancio de arrastrar las cicatrices
a la vista de todos.

Pero no aceptes nunca
la ofrenda fraudulenta
de aliviarte del peso
que te harán muchas veces.

Nadie quiere cargarse con heridas extrañas.

Guárdalas en bolsillos,
tápalas con sonrisas
o exhíbelas, si las piernas te respaldan,
con sus muescas
y con sus desniveles.
Sin esconder ni un solo palmo de fracaso.

Ya lo sé, es complicado
moverse por el mundo con las heridas puestas.

Aún así, 
no te las quieras despegar  como si fueran
una calcomanía.

Algún día, te pasarás la mano por la piel
y no sabrás distinguir lo que está liso 
de lo que está mordido.

 HAMBRE

No me preguntes por qué no tengo hambre.

Pregúntale al cerezo,
al granjero que cuida las gallinas,
a las migas que caen desde el mantel
al suelo
y se arrepienten en el último segundo.

Pregúntales a las cajeras del supermercado,
al repartidor de pizzas,
al temporero que viaja cada año
a recoger tomates
a Almería.

A mi no me preguntes.

Si el hambre se me escurre
entre las comisuras de los labios,
no es por falta de ganas de comerme
tres veces
el centro de la tierra.

Es que desde hace tiempo,
todo me sabe a miel de alcantarilla
y al agua que remueven
en los charcos
las ruedas de los coches.

A mi no me preguntes.

Mi lengua sigue viva.
JULIA CONEJO

Del poemario: Peces transparentes

La autora tiene un Blog que se pude ver Aquí

Los Motivos del Lobo Rubén Darío

Rubén Darío


Los motivos del lobo

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertos y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: "¡Paz, hermano
lobo!" El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: "!Está bien, hermano Francisco!"
"¡Cómo! exclamó el santo. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangare que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?"

Y el gran lobo, humilde: "¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
¡Y no era por hambre, que iban a cazar!"

Francisco responde: "En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!"

"Esta bien, hermano Francisco de AsIs."
"Ante el Señor, que toda ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata."
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, bajo la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: "He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriente.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios." "¡Así sea!",
Contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió la testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.

Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.

Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto en los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dió treguas a su furor jamás,
como si estuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos los buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fué a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.

"En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote dijo, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho."

Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:

"Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía, 
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.

Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fué como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad."

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: "Padre nuestro, que estás en los cielos..."

14 de marzo de 2013

Jose Hierro Cuadernos de Nueva York




José Hierro del Real (Madrid, 3 de abril de 1922 - Madrid, 21 de diciembre de 2002), conocido como José Hierro o Pepe Hierro, fue un poeta español. Pertenece a la llamada primera generación de la posguerra dentro de la llamada poesía desarraigada o existencial (publicó en las revistas Espadaña y Garcilaso).
En sus primeros libros, Hierro se mantuvo al margen de las tendencias dominantes y decidió continuar la obra de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pedro Salinas, Gerardo Diego e, incluso, Rubén Darío. Posteriormente, cuando la poesía social estaba en boga en España, hizo poesía con numerosos elementos experimentales (collage lingüístico, monólogo dramático, culturalismo...).

 Preludio

Después de miles, de millones de años,
mucho después
de que los dinosaurios se extinguieran,
llegaba a este lugar.
Lo acompañaban otros como él,
erguidos como él
(como él, probablemente, algo encorvados).

A partir de onomatopeyas ,
de monosílabos, gruñidos,
desarrolló un sistema de secuencias sonoras.
Podría así memorizar sucesos del pasado,
articular sus adivinaciones,
pues el presente -él lo intuía- no comienza ni finaliza
en sí mismo, sino que es punto de intersección
entre lo sucedido y lo por suceder,
llama entre la madera y la ceniza.

Los sonidos domesticados decían
mucho más de lo que decían
(originaban círculos concéntricos
-como la piedra arrojada al agua-
que se multiplicaban, se expandían,
se atenuaban hasta regresar a la lisura y el sosiego):
y todos percibían su esencia misteriosa
que no sabían descifrar.
Con reverencia temerosa
escuchaban mensajes tan incomprensibles
como los de la llama, la ola, el trueno
(tal vez con la misma inquietud con que escuchamos al doctor
que diagnostica nuestro mal
utilizando tecnicismos nunca oídos,
de manera que no sabemos
si -impasible y profesional-
es nuestra muerte lo que anuncia
o es la vida).

Nadie comprendió entonces sus palabras.
Por eso andan, ahora, las palabras
pasando por los vientos,
ávidas de que alguno las recoja
siglos después de pronunciadas.
Y aquí están aguardando que alguno las escuche,
aquí en el lugar mismo en donde fueron pronunciadas,
aquí donde confluyen
Broadway y la Séptima Avenida.
Fue aquí donde él me vio,
donde narró la crónica
de este instante en que estoy evocándolo.
Aquí, entre anuncios luminosos,
en la ciudad de Nueva York.


De "Cuaderno de Nueva York" 1998





 Villancico en Central Park


Mañanicas floridas

del frío invierno

recordad a mi niño

que duerme al hilo.
                   Lope de Vega

Vistió la noche, copo a copo,
pluma a pluma,
lo que fue llama y oro,
cota de malla del guerrero otoño
y ahora es reino de la blancura.
¿Qué hago yo, profanando, pisando
tan fragilísimo plumaje?
Y arranco con mis manos
un puñado, un pichón de nieve,
y con amor, y con delicadeza y con ternura
lo acaricio, lo acuno, lo protejo.
Para que no llore de frío.

De "Cuaderno de Nueva York" 1998

 Pecios de sombra

Hablaban con bocas de sombra,
susurraban sucesos mágicos,
historias de herrumbre y de musgo
(no sabían que estaban muertos,
y yo no quería apenarlos).
Fui reconstruyendo sonidos
que en el sueño significaban
para interpretarlos despierto
y atribuirlos a unos labios.
(Quería conocer el nombre 
de quienes me hablaban en sueños:
la rosa no olería igual
si su nombre no .fuese rosa.)
Rescaté, lúcido y sonámbulo,
los vestigios que la marea
llevó a mi playa de despierto;
con ellos construiría un puente
desde el soñar hasta el velar:
así tendrían consistencia
las palabras impronunciables 
que yo escuché cuando dormía,
fantasmal materia de sueño.

De "Cuaderno de Nueva York" 1998

 

13 de marzo de 2013

Poetas Españoles: David Hernandez Sevillano



PUEBLO CASTELLANO

La torre de la iglesia como el mástil
erguido de un velero
despuntaba en un mar de sementeras.
A su abrigaño el pueblo sesteaba.
Enfermaron de frío las palabras
y los sueños. Sólo de alguna débil,
escasa chimenea ascendía
un reguero de humo perezoso
como un recuerdo lento.

Ella reconoció
el roce de febrero en los pulmones.
Llegó de abotonar
los surcos de un pasado fronterizo.
Con sus pasos azules
zigzagueó las calles polvorientas,
se sentó junto al tronco de la olma
y acarició la tierra con sus manos.

No sé qué pasa con el sol de invierno
que abre zanjas de risa en el vacío
y le pone corchetes al silencio.

Un viento suplicante, igual que una
torpe interrogación, serpenteaba,

¿qué quedará de ti cuando hayan vuelto
a sus escaramuzas los vencejos?

Silva el agua lejana de la acequia.
En su lecho de musgo el pueblo duerme.
Ella lo ve y sonríe,
como en todas las cosas de la vida
a fuerza de pasar el tiempo tuvo
una vaga intuición:
que el mundo no terminará en nosotros.

Ella cerró los labios
para que el sueño todo le cupiera.

David Hernández Sevillano


David Hernández Sevillano nació en Segovia en 1977, es licenciado en Educación Física, está casado, tiene un hijo y vive desde 2005 en Vegafría, un pequeño pueblo segoviano donde regenta un establecimiento de turismo rural, ha obtenido en 2012 el Premio Jaén de Poesía.

12 de marzo de 2013

Poetas Andaluces: Abu Ishaq Ibrahim Ibn Jafaya poeta andalusí



Abu Ishaq Ibrahim Ibn Jafaya nació en el año 450 de la Hégira en la próspera ciudad valenciana de Alcira. Su vida coincide con el período de los reinos de Taifas, en el que, florecieron las artes y la poesía en las pequeñas cortes principescas de la España árabe. En su ciudad natal realizó estudios gramaticales, religiosos y literarios, sintiendo una fuerte inclinación hacia estos últimos desde muy joven. Tras una formación rigurosa en poesía clásica árabe, se dedicó a la creación de una obra propia, en la que destacó especialmente su tratamiento de los temas de la naturaleza. Apartado de las preocupaciones sociales, disfrutó de la vida con un moderado epicureísmo en el paradisíaco marco alcireño. Viajó poco y, consagrado a la poesía, la amistad y los placeres, apenas tuvo inquietudes políticas, aunque la caída de Valencia en manos del Cid le afectó profundamente, y la situación resultante le condujo a un largo período de silencio, incrementado por la presión de la tiranía almorávide. A partir del año 500, un cambio en la dirección del emirato condujo a una mejora de su situación y a un acercamiento de Ibn Jafaya al poder, lo que favoreció su vuelta a la poesía, aunque ésta tuviera ahora unas características más reflexivas. La producción poética de este segundo período fue muy abundante, prolongándose hasta su vejez, ya que murió a la edad de 83 años, en el 533, en su Alcira natal, donde reposan sus restos.


Ibn Jafaÿa, escribió sobre las inundaciones que se sufrían en la zona de Xarq al-Andalus: He vuelto a Alzira

He vuelto a Alzira

entre el trueno que retumba en mi oído
y la lluvia que azota mis hombros,
como un ave paralizada por las aguas
cuyos polluelos están en el nido, atormentados,
viendo cómo se derrumban los muros
bajo el peso continuo de las nubes.
El mar de la riada,
oleadas de barro;
el cielo, generoso en lágrimas;
los edificios, resquebrajados,
humillados como cautivos
ante el tirano.
Los edificios se venían abajo
inclinándose a tierra
como lo harían las comisiones
delante de los reyes.
Se diría que imitaban
a los fieles en oración

_______________

Jardín y la paloma


El jardín era un rostro de una blancura
resplandeciente,
la umbría, una cabellera negra,
y el agua del arroyo una boca de hermosos dientes.
Fue allí donde la paloma nos regocijó una tarde
al dejarnos oír su dulce arrullo.

_________________

Cuántas noches contigo


Cuántas noches contigo, deliciosas,
vino en el mismo cáliz yo bebía,
y nuestro hablar suave parecía
el susurro del céfiro en las rosas.
Perfume dulce el cáliz exhalaba;
pero más nuestros juegos; más las flores
que de tu seno y ojos seductores
y de tus frescos labios yo robaba.
Sueño, embriaguez, un lánguido quebranto
rindió tu cuerpo hermoso,
que entre mis brazos a posarse vino;
pero la sed, en tanto,
apagar quiso el corazón ansioso,
de tu boca en el centro purpurino,
fue entonces limpia y rutilante espada
y fue bruñido acero tu figura,
al desnudar la rica vestidura
tan primorosamente recamada.
Y yo estreché con lazo cariñoso
tu esbelto talle y delicado seno,
y besé tu sereno
rostro, que sol hermoso
para mi bien lucía,
dando ser a mi alma y alegría.
Toqué con ambas manos
toda la perfección de tu hermosura,
anchas caderas y cintura breve,
y dos alcores cándidos, lozanos,
que separa de un valle la angostura
y que están hechos de carmín y nieve

Cuántas noches contigo, deliciosas,
vino en el mismo cáliz yo bebía,
y nuestro hablar suave parecía
el susurro del céfiro en las rosas.
Perfume dulce el cáliz exhalaba;
pero más nuestros juegos; más las flores
que de tu seno y ojos seductores
y de tus frescos labios yo robaba.
Sueño, embriaguez, un lánguido quebranto
rindió tu cuerpo hermoso,
que entre mis brazos a posarse vino;
pero la sed, en tanto,
apagar quiso el corazón ansioso,
de tu boca en el centro purpurino,
fue entonces limpia y rutilante espada
y fue bruñido acero tu figura,
al desnudar la rica vestidura
tan primorosamente recamada.
Y yo estreché con lazo cariñoso
tu esbelto talle y delicado seno,
y besé tu sereno
rostro, que sol hermoso
para mi bien lucía,
dando ser a mi alma y alegría.
Toqué con ambas manos
toda la perfección de tu hermosura,
anchas caderas y cintura breve,
y dos alcores cándidos, lozanos,
que separa de un valle la angostura
y que están hechos de carmín y nieve

Ibn Jafaya




11 de marzo de 2013

ar-Rusafí / Elegia valenciana


ar-Rusafí


"Balansiya" 

Amigos ¿qué tiene el desierto
que se ha impregnado de perfume?
¿qué tienen las cabezas de los jinetes
que caen desfallecidas como ebrias?
¿se ha desmenuzado el almizcle
en el camino del céfiro
o alguien ha pronunciado el nombre de Valencia?.

Amigos, deteneos conmigo
pues hablar de ella trae la frescura
del agua a las entrañas ardientes.
Deteneos de grado y calmad vuestra sed
pues es seguro que vendrá la lluvia
y regará la Russafa y el Puente.


Es mi patria, y allí, siendo polluelo
se encañonaron de plumas mis alas,
y su solar me abrigó como nido.
Inicio de una dulce vida
en las primicias de la mocedad
¡Nunca permita Dios que olvide
que me sedujo cuando era joven!

Allí vestimos la túnica de la juventud,
y ahora estamos desnudos de sus adornos
aunque ella siga engalanada.
¡Ay morada de nuestra edad primera!
¿Cómo nos hemos alejado
de aquella juventud y de aquel tiempo?

¿ay querida región cuyo recuerdo
no se presenta en mis entrañas
sin que derrame lágrimas rojas!
¿Acaso ser la patria de un muchacho
le obliga a amarla mientras viva?.


No hay otra tierra como esta, llena de almizcle
donde el céfiro colma sus odres de perfume;
llena de plantas, cuyas flores son plata y oro
en las mejillas de la tierra,
y riachuelos, taraceas de la Vía Láctea,
que cubren sus orillas de entretejidas flores.

Bella como lo mejor de una vida que fue dulce
alegre como lo más hermoso
de una juventud que ya pasó.
Dicen: El Paraíso nos describes
- ¿y cómo podrá ser el Paraíso
en otro mundo? - les contesto.

Valencia es esa esmeralda
por donde corre un río de perlas
Es una novia cuya belleza
Dios ha creado para darle luego
la juventud eterna

En Valencia es constante el fulgor de la mañana
pues el sol juega con el mar y la Albufera.
Los soplos de los vientos apedrean
a las estrellas con sus flores
y por temor ningún demonio se acerca a ella.

Aunque la mano de la separación
haya extendido entre nosotros
distancias que el viajero tarda un mes
en recorrer, Valencia sigue siendo
la perla blanca que me alumbra
por donde quiera que vaya.

¿Quién por su brillo se asemeja más a la luna?
Lugares ya lejanos, cuando pienso en ellos
pienso que ya pasó lo más dulce de la vida.
Amigos, voy a ella porque es la patria armada,
ante la cual humillo el pecho.

No aparté de ella mis pasos, abandonándola
- si fuera así, que mis sandalias
no vuelvan a besar sus verdes prados -;
fue el respeto a una tierra de hombres libres
y jóvenes valientes lo que me alejó de ella;
pero si acabaron sus días,
¿como voy a quejarme del destino?.

Dormidos en el seno de la tierra,
la muerte alzó sobre ellos sus tiendas grises.
Pasaron, y unos son estrellas fugaces,
pues Dios no quiso hacer con ellos constelaciones,
y otros los aventajan cuando quieren,
adelantando sin esfuerzo
a los nobles y frescos caballeros.

Todos te recibían con agrado
e inteligente conversación,
y, al extinguirse sus vidas, se portaron
como la luna que se oculta en novilunio.
Esta es la gloria de estos hombres únicos
cuya fama creció entre las criaturas.

Su pérdida afligió a mis ojos y a mis entrañas,
me hizo derramar lágrimas y encendió estas brasas.
Es tanta la tristeza por haberme alejado
de ellos, que no encuentro quien me alegre
ni mi pena distraiga.

Cuando pregunto a los viajeros esperando
buenas noticias, me las dan malas;
si les cuento las cosas agradables
que conocí entonces, me hablan
de algo que me atormenta:
el rostro de un amigo ya perdido
que habita en el alcázar de su tumba.

Brillante cual la aurora, yo gozaba
contemplando el fulgor de su semblante
como el insomne que saluda al alba.
Era un muchacho de cumplida largueza,
generoso en la escasez y en la abundancia.

Entre las lanzas y la pluma movía
sus dedos desenvueltos como claras nubes.
Alto y flexible, parecía el asta
de una morena lanza.
Radiante en sus acciones se mostraba
más brillante que el sol en el crepúsculo.

¿Puede haber buen augurio lejos de su tumba
para quien en los bordes del sepulcro
humedeció sus párpados?
Las noches han cerrado sus pliegues
y me han privado de firmeza y de paciencia.

¡No retenga su riego el llanto de la nube
que ve la boca sonriente de las flores!
No invoco ahora a la nube para excusar mis lágrimas,
mas tengo que excusarme
por haberme alejado de su lado

 Versión Teresa Garulo-

10 de marzo de 2013

Kenneth Rexroth Bestiario

Bestiario Kenneth Rexroth

Deer

Deer are gentle and graceful
And they have beautiful eyes.
They hurt no one but themselves,
The males, and only for love.
Men have invented several
Thousand ways of killing them.

Ciervo

Los ciervos son tiernos y elegantes
Y tienen ojos bellos.
No hieren a nadie sino a sí mismos,
Los machos, y sólo por amor.
Los hombres han inventado varias
Miles de formas de matarlos.

Lion

The lion is called the king
Of beasts. Nowadays there are
Almost as many lions
In cages as out of them.
If offered a crown, refuse.

León

El león es llamado el rey
De las bestias. Hoy en día hay
Casi tantos leones
En jaulas como fuera de ellas.
Si te ofrecen una corona, recházala.

Vulture

St. Thomas Aquinas thought
That vultures were lesbians
And fertilized by the wind.
If you seek the facts of life,
Papist intellectuals
Can be very misleading.

Buitre

Santo Tomás de Aquino pensó
Que los buitres eran lesbianas
Fertilizadas por el viento.
Si buscas los hechos de la vida,
Los intelectuales papistas
Pueden ser de muy poco fiar.

"A bestiary" en 1956.








9 de marzo de 2013

"El Jarrón Hung Wu" Robert Graves

Robert Graves


The Hung Wu Vase.


With women like Marie no holds are barred.

How do they get the gall? How can they do it?

She stormed out, slamming the hall door so hard

That a vase on a gilt shelf above - you knew it,

Loot from the Summer Palace at Pekin

And worth the entire contents of my flat -

Toppled and fell ...

I poured myself a straight gin,

Downing it at a gulp. 'So that was that!'


The bell once more ... Marie walked calmly in,


Observed broken red porcelain on the mat,


Looked up, looked down again with condescension,


Then, gliding past me to retrieve a glove


(Her poor excuse for this improper call),


Muttered: 'And one thing I forgot to mention:


Your Hung Wu vase was a phony, like your love!'


How can they do it? Where do they get the gall?

________________________________________________________________________
El jarrón Hung Wu *

Con mujeres como Marie no hay reglas que valgan.

¿De dónde sacan su desvergüenza? ¿Cómo pueden hacerlo?

Salió con furia, golpeando la puerta con fuerza tal
que un jarrón, en el estante dorado de arriba -tú lo viste,
botín del Palacio de Verano de Pekín
que valía por todos los bienes de mi apartamento-
se bamboleó y cayó...

Yo me serví un trago de ginebra,
apurándolo de un golpe. "Qué le íbamos a hacer?"

Otra vez la campana... Marie entró serena,
observó sobre la alfombra los pedazos de porcelana roja,
miró hacia arriba, otra vez hacia abajo, condescendiente,
y luego, deslizándose a mi lado para recoger un guante
(su pobre excusa por esa visita inoportuna)
susurró: "Y una cosa que olvidé mencionar:
¡tu jarrón Hung Wu era tan falso como tu amor!"


¿Cómo pueden hacerlo? ¿De dónde sacan su desvergüenza?

_______________________________________________________________________________________

*Hung Wu, el primer emperador de la dinastía Ming

La Magdalena de Proust

 

La Magdalena de Proust


Alguien ha entregado a mi pequeña hija una caja
con viejas fichas de póker para ponerlas en juego.
Hoy la recibo de ella
al sentarme en el escritorio,
agobiado por mi cerebro. Es roja.
Sobre la cubierta el dibujo
de la cabeza de un alce y las letras
B.P.O.E.- es una ficha
de la taberna del Alce en un pequeño pueblo. La arrojo
ociosamente al aire y luego la agarro
como a una moneda para hacer algún truco
que divierta a mi pequeña hija.
Repentinamente todo resbala apartándose hacia un costado.
Veo a mi padre
haciendo exactamente lo mismo,
silbando «Beautiful dreamer».
Su aliento penetrante
a whisky y tabaco. Y puedo
escucharlo mientras vuelve a casa borracho,
desde la Taberna del Alce en Elkhart,
Indiana, bamboleándose contra las sillas
en la oscuridad. Y puedo verlo
morir a causa de una cirrosis en el hígado, úlceras
estomacales y neumonía.
O, como él decía en su lecho de muerte,
a causa de cartas arrugadas, whisky genuino,
tardíos caballos y veloces mujeres.

Proust's Madeleine


Somebody has given my
Baby daughter a box of
Old poker chips to play with.
Today she hands me one while
I am sitting with my tired
Brain at my desk. It is red.
On it is a picture of
An elk's head and the letters
B.P.O.E.—a chip from
A small town Elks' Club. I flip
It idly in the air and
Catch it and do a coin trick
To amuse my little girl.
Suddenly everything slips aside.
I see my father
Doing the very same thing,
Whistling ``Beautiful Dreamer,''
His breath smelling richly
Of whiskey and cigars. I can
Hear him coming home drunk
From the Elks' Club in Elkhart
Indiana, bumping the
Chairs in the dark. I can see
Him dying of cirrhosis
Of the liver and stomach
Ulcers and pneumonia,
Or, as he said on his deathbed, of
Crooked cards and straight whiskey,
Slow horses and fast women.

8 de marzo de 2013

Lesbos (Árboles en invierno) Sylvia Plath (3)







LESBOS

Viciousness in the kitchen!
The potatoes hiss.
It is all Hollywood, windowless,
The fluorescent light wincing on and off like a terrible migraine,
Coy paper strips for doors --
Stage curtains, a widow’s frizz.
And I, love, am a pathological liar,
And my child -- look at her, face down on the floor,
Little unstrung puppet, kicking to disappear --
Why she is schizophrenic,
Her face is red and white, a panic,
You have stuck her kittens outside your window
In a sort of cement well
Where they crap and puke and cry and she can’t hear.
You say you can’t stand her,
The bastard’s a girl.
You who have blown your tubes like a bad radio
Clear of voices and history, the staticky
Noise of the new.
You say I should drown the kittens. Their smell!
You say I should drown my girl.
She’ll cut her throat at ten if she’s mad at two.
The baby smiles, fat snail,
From the polished lozenges of orange linoleum.
You could eat him. He’s a boy.
You say your husband is just no good to you.
His Jew-Mama guards his sweet sex like a pearl.
You have one baby, I have two.
I should sit on a rock off Cornwall and comb my hair.
I should wear tiger pants, I should have an affair.
We should meet in another life, we should meet in air,
Me and you.

Meanwhile there’s a stink of fat and baby crap.
I’m doped and thick from my last sleeping pill.
The smog of cooking, the smog of hell
Floats our heads, two venemous opposites,
Our bones, our hair.
I call you Orphan, orphan. You are ill.
The sun gives you ulcers, the wind gives you T.B.
Once you were beautiful.
In New York, in Hollywood, the men said: 'Through?
Gee baby, you are rare.'
You acted, acted for the thrill.
The impotent husband slumps out for a coffee.
I try to keep him in,
An old pole for the lightning,
The acid baths, the skyfuls off of you.
He lumps it down the plastic cobbled hill,
Flogged trolley. The sparks are blue.
The blue sparks spill,
Splitting like quartz into a million bits.

O jewel! O valuable!
That night the moon
Dragged its blood bag, sick
Animal
Up over the harbor lights.
And then grew normal,
Hard and apart and white.
The scale-sheen on the sand scared me to death.
We kept picking up handfuls, loving it,
Working it like dough, a mulatto body,
The silk grits.
A dog picked up your doggy husband. He went on.

Now I am silent, hate
Up to my neck,
Thick, thick.
I do not speak.
I am packing the hard potatoes like good clothes,
I am packing the babies,
I am packing the sick cats.
O vase of acid,
It is love you are full of. You know who you hate.
He is hugging his ball and chain down by the gate
That opens to the sea
Where it drives in, white and black,
Then spews it back.
Every day you fill him with soul-stuff, like a pitcher.
You are so exhausted.
Your voice my ear-ring,
Flapping and sucking, blood-loving bat.
That is that. That is that.
You peer from the door,
Sad hag. 'Every woman’s a whore.
I can’t communicate.'

I see your cute décor
Close on you like the fist of a baby
Or an anemone, that sea
Sweetheart, that kleptomaniac.
I am still raw.
I say I may be back.
You know what lies are for.

Even in your Zen heaven we shan’t meet.

LESBOS

«¡Crueldad en la cocina!
Las patatas hierven.
Hollywood en estado puro, sin ventanas,
la luz fluorescente crispándose como atacada de una terrible migraña,
el papel barato se despega de las puertas –
las cortinas del escenario, una viuda con el pelo rizado.
Y yo, amor mío, soy una mentirosa patológica,
y mi niña – mírala, boja abajo en el suelo,
pequeña marioneta sin hilos, pataleando para desaparecer-
por qué es esquizofrénica,
su cara blanca y colorada, un horror,
has tirado sus gatitos por la ventana
a un patio de cemento
en el que cagan y vomitan y lloran y ella no puede oírlos.
Dices que no puedes soportarla,
es una bastarda.
Tú que has reventado tus bronquios como una radio averiada
vacía de voces e historia, el estático
ruido de lo nuevo.
Dices que yo debería ahogar a los gatitos. ¡Su olor!
Dices que debería ahogar a mi niña.
Ella le cortará el cuello a las diez si enloquece a las dos.
La niña sonríe, caracol gordo,
desde los encerados rombos de linóleo naranja.
Podrías comértelo. Es un niño.
Dices que tu marido no te trata bien.
Su mamá-judía custodia su dulce sexo como una perla.
Tú tienes un bebé. Yo tengo dos.
Tendría que sentarme a peinar mis cabellos sobre una roca en Cornualles.
Tendría que llevar pantalones de tigre, debería tener una aventura.
Tendríamos que encontrarnos en otra vida, tendríamos que encontrarnos en el aire,
tú y yo.

Entretanto hay un hedor a gordura y caca de bebé.
Estoy confusa, drogada con mi último somnífero.
El humo de la cocina, el humo del infierno
flota sobre nuestras cabezas, dos enemigos venenosos,
sobre nuestros huesos, sobre nuestro pelo.
Te llamo Huérfana, huérfana. Estás enferma.
El sol te produce úlceras, el viento, tuberculosis.
Llegaste a ser hermosa.
En Nueva York, en Hollywood, los hombres decían: “¿Ya acabaste?
Oye, eres un poco rara.”
Actuabas, actuabas, actuabas para emocionarnos.
El marido impotente sale tambaleándose a por su café.
Trato de impedírselo,
su viejo poste para los rayos,
los baños de ácido, un cielo lejano.
Él con todo hace un montón al bajar la cuesta adoquinada de plástico,
tranvía flagelado. Las chispas son azules.
Saltan las chispas azules,
desintegrándose como el cuarzo en millones de partículas.

¡Oh, joya! ¡Oh, tesoro!
Aquella noche la luna
arrastraba su bolsa de sangre, animal
enfermo
más allá de las luces de puerto.
Y luego volvió a su normalidad,
indiferente y lejana y blanca.
Su reflejo en la arena me aterró.
Seguimos haciendo montones, disfrutando,
modelándola como si fuera masa, un cuerpo de mulata,
arena de seda.
Un perro ayudó a levantarse a tu despreciable marido. Él siguió su marcha.

Ahora callo, mi cuerpo está
lleno de odio,
profundo, profundo.
No digo nada.
Guardo las patatas viejas como si fueran ropa buena,
guardo los niños,
guardo los gatos enfermos.
Oh, vasija de ácido,
es el amor quien te llena. Sabes a quien odias.
Él se abraza a su bola y a su cadena junto a la puerta
que se abre al mar
a donde lo conduce, blanco y negro,
para luego vomitarlo.
Todos los días lo colmas con asuntos del alma, como si fuese un cántaro.
Estás agotada.
Tu voz mi pendiente,
aleteando y succionando, murciélago sediento de sangre.
Así son las cosas. Así son las cosas.
Observas desde la puerta,
triste hechicera. “Todas las mujeres son unas putas.
No sé como comunicarme.”Veo tu hermoso decorado
cerrarse sobre ti como el puño de un bebé
o como una anémona, la enamorada
del mar, esa cleptómana.
Todavía soy pura.
Digo que puede que regrese.
Ya sabes para qué se miente.

Ni siquiera en tu cielo Zen lograremos encontrarnos.»

(Versión Manuel Ramos Chouza)

Árboles en invierno

7 de marzo de 2013

Gigoló Sylvia Plath Arboles en invierno (2)

Árboles en invierno
Pelicula basada en su vida

Gigolo

Pocket watch, I tick well.
The streets are lizardy crevices Sheer-sided, with holes where to hide. It is best to meet in a cul-de-sac, A palace of velvet With windows of mirrors. There one is safe, There are no family photographs, No rings through the nose, no cries. Bright fish hooks, the smiles of women Gulp at my bulk And I, in my snazzy blacks, Mill a litter of breasts like jellyfish. To nourish The cellos of moans I eat eggs - Eggs and fish, the essentials, The aphrodisiac squid. My mouth sags, The mouth of Christ When my engine reaches the end of it. The tattle of my Gold joints, my way of turning Bitches to ripples of silver Rolls out a carpet, a hush. And there is no end, no end of it. I shall never grow old. New oysters Shriek in the sea and I Glitter like Fontainebleau Gratified, All the fall of water and eye Over whose pool I tenderly Lean and see me.

GIGOLÓ

Reloj de bolsillo, mi tic-tac es bueno. Las calles son grietas de lagarto escarpadas, con agujeros donde esconderse. Lo mejor es encontrarse en un callejón sin salida, un palacio de terciopelo con ventanas de espejos. Allí uno se siente seguro, sin fotografías de familia, sin aros en la nariz, sin gritos brillantes anzuelos de pesca, a las mujeres se les corta la sonrisa ante mi tamaño y yo, con mi elegante ropa negra, pisoteo un montón de corazones como si fuesen medusas. Para alimentar el sonido de violonchelo de los gemidos yo como huevos - huevos y pescado, lo esencial, el calamar afrodisíaco. Mi boca se contrae, la boca de Cristo cuando mis fuerzas llegan a su fin. El sonido de mis doradas articulaciones, el modo en que convierto maldiciones en murmullos de plata extiende una alfombra a mis pies, un silencio. Y no hay un final, no se termina. Nunca maduraré. Jóvenes ostras gritan de dolor en el mar y yo reluzco como Fontainebleau satisfecha, la entera catarata de agua es un ojo en cuyo remanso con lentitud me inclino a contemplarme.

Ärboles en invierno Sylvia Plath (1)

Sylvia Plath
Edición Bilingüe
 Árboles en invierno apareció en inglés en 1971 (siete años tras la muerte de su autora) y se supone que recoge lo último de su producción poética. Hay que diferenciar muy claro en este libro la primera parte (la titulada propiamente “árboles en invierno”), de la segunda, un poema radiofónico, “Tres mujeres (Poema para tres voces)”, que aunque en edición minoritaria, existía ya en español, desde 1992. Este poema (emitido por la BBC, en 1962) parece un trabajo más pensado, si menos desasosegado, que los poemas de la parte primera, a la que le une el tema de la maternidad y de la condición femenina. “Tres mujeres” son las voces -unitarias y plurales- de la madre realizada en la maternidad, de la mujer que ha abortado (la sangre aparece en contumaz recurrencia a lo largo del libro) y finalmente la de otra mujer que teme ser madre y que nunca podrá hacerse cargo de sus hijos. Entrecruzadas, con momentos de mucha intensidad -“¿Puede la nada ser tan pródiga?” -uno ve a Plath en las tres voces. Su satisfacción y sus terrores, que se hacen mucho más evidentes en los poemas de la primera parte. Poemas de una mujer sola, abandonada y con niños, al borde de un abismo que desea y teme.

 Winter Trees


The wet dawn inks are doing their blue dissolve.
On their blotter of fog the trees
Seem a botanical drawing.
Memories growing, ring on ring,
A series of weddings.

Knowing neither abortions nor bitchery,
Truer than women,
They seed so effortlessly!
Tasting the winds, that are footless,
Waist-deep in history.

Full of wings, otherworldliness.
In this, they are Ledas.
O mother of leaves and sweetness
Who are these pietas?
The shadows of ringdoves chanting, but easing nothing.


Árboles en Invierno


Las húmedas tintas del amanecer se diluyen en su azul.
Con su secante de niebla los árboles
semejan un dibujo botánico -
recuerdos que surgen, anillo sobre anillo,
una sucesión de bodas.

Sin saber de abortos ni rencores,
más fieles que las mujeres,
¡se siembran con tan poco esfuerzo!
Saboreando los vientos, que no tienen raíces,
inmersos en la historia -

repletos de alas, pura espiritualidad.
Así, son Ledas.
¡Oh! madre de las hojas y la dulzura
¿quiénes son estas imágenes de la Piedad?
Las sombras de las palomas con su salmodia, que nada alivia.

Versión de Manuel Ramos Chouza


Child

Your clear eye is the one absolutely beautiful thing.
I want to fill it with color and ducks,
The zoo of the new

Whose names you meditate -
 April snowdrop, Indian pipe,
Little

 Stalk without wrinkle,
Pool in which images
Should be grand and classical

Not this troublous
Wringing of hands, this dark
Ceiling without a star.

 NIÑO

Tu Mirada clara es la belleza absoluta.
Quiero llenarla de color y ánades,
el zoo de lo naciente

en cuyos nombres meditas –
campanilla de Abril, flor de hielo,
pequeños

tallos sin pliegues,
estanque en el que las imágenes
deberían ser sublimes y clásicas

no este retorcerse
nervioso de las manos, este oscuro
techo sin una estrella.

Versión de Manuel Ramos Chouza


Nota: Seguiré publicando en versión bilingüe los poemas de "Árboles en invierno", en este mes.

6 de marzo de 2013

Melodrama

El gran Gatsby
Añadir leyenda

MELODRAMA

La tarde esmerilada de naranjas y hielo
semeja una piscina: nítida luz de arpones
tan móvil como zumo.Desde los almohadones
la tarde nos parece sólo un amable vuelo
de cuchillos. Nadamos. Sobre los trampolines
agitamos linternas.Las hamacas de rayas
húmedas nos abrigan: ¿no recordáis las playas
de hace más de diez años? Alguien en los jardines
ha visto un animal del que no sabe el nombre.
Lo persigue. La orquesta toca un bailable, ausente.
Ofrece cada objeto -dulce, aunque nos asombre-
su claridad: qué limpia plenitud. De repente
alguien recibe (y todo se volverá ilusorio)
una llamada oscura desde algún sanatorio.

JUSTO NAVARRO.

4 de marzo de 2013

Ajedrez

Rosario Castellanos

Ajedrez

Porque éramos amigos y a ratos, nos
amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.

Pusimos un tablero enfrente
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.
Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida

Henos aquí hace un siglo, sentados,
meditando encarnizadamente
como dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.

Rosario Castellanos

Nostalgia de mujer


Carmen Conde

Nostalgia de mujer

Mil años ante Ti son como sueño.
Como de aguas el grosor de una avenida.
Hierba que en la mañana crece,
florece y crece en la mañana
aunque a la tarde es cortada y se seca.

¿Qué es el tiempo ante Ti, qué son los truenos
que blandes contra mí cuando me nombras?
Pavor siento a tu idea, te veo hosco
mirándome en la lumbre de tu Arcángel.
La espada Tú también, eres el filo
y el pomo que se aprieta con el puño.

Para verte a Ti mismo me has nacido.
Por no estar solo con tu omnipotencia.
Soy la nada, soy de tiempo, soy un sueño...
Agua que te fluye, hierba ácida
que cortas sin amor...
Tú no me quieres.


Carmen Conde

3 de marzo de 2013

Las ideas, según Jefferson



Thomas Jefferson dijo alguna vez :

"si la naturaleza ha creado alguna cosa menos susceptible que las demás de ser objeto de propiedad exclusiva, esa es la acción del poder del pensamiento que llamamos idea, algo que un individuo puede poseer de manera exclusiva mientras la mantenga guardada. Sin embargo, en el momento en que se divulga, se fuerza a si misma a convertirse en posesión de todos, y su receptor no puede desposeerse de ella. Su peculiar carácter es también tal que nadie posee menos de ellas porque otros posean el todo.
Aquel que recibe una idea mía, recibe instrucción sin mermar la mía, del mismo modo que quien disfruta de mi vela encendida recibe luz sin que yo reciba menos. El hecho de que las ideas se puedan difundir libremente de unos a otros por todo el globo, para moral y mutua instrucción de las personas y para la mejora de su condición, parece haber sido concebido de manera peculiar y benevolente por la naturaleza, cuando las hizo, como el fuego, susceptibles de expandirse por todo el espacio, sin ver reducida su densidad en ningún momento y como el aire en el que respiramos, nos movemos y se desarrolla nuestro ser físico, incapaz de ser confinadas o poseídas de forma exclusiva. Las invenciones, pues, no pueden ser, por naturaleza, sujetas a propiedad".
Esta clásica cita de Jefferson nos muestra que las "ideas" no pueden, por su propia naturaleza, estar sujetas a "propiedad". Muchos intereses han intentado contraponerse a esa naturaleza "imposeíble" de las ideas, en algunos casos con cierto grado de éxito, instalando nociones erróneas como el concepto de "propiedad intelectual".
Tomado de ¿Amasar fortunas o cultivar riquezas? Algunos duelos jurídicos por la distribución del conocimiento.Ponencia presentada por Beatriz Busaniche en la Conferencia sobre Biopolítica, realizada en la ciudad de México, del 22 al 23 de octubre de 2004, organizada por la Fundación Heinrich Böll.



Reescribiendo la propiedad intelectual

Por Antonio Córdoba (elmundo.es)

El objetivo último de Creative Commons es modular y refinar el concepto de propiedad intelectual, y crear un espacio en el que creadores de todo el mundo colaboren productivamente "a ciegas" y con una mayor libertad que la que el modelo actual permite.


En la actualidad todas las creaciones intelectuales caen "por defecto" bajo la protección de las leyes de copyright, con la larga ristra de restricciones que eso implica. Quien quiera emplear una obra específica debe entrar en un complicado proceso de búsqueda del dueño de los derechos y obtener su permiso, lo que en muchas ocasiones implica el pago de royalties. A causa de esto, muchos proyectos nunca llegan a materializarse.

La iniciativa se inspira claramente en la filosofía del software libre y es el resultado de un año de esfuerzos por parte de un grupo de especialistas estadounidenses en ciberderecho, entre ellos Lawrence Lessig, autor de El código y otras leyes del ciberespacio. La idea central de Creative Commons (cuya traducción vendría a ser "tierras comunales creativas") es ofrecer un modelo legal y una serie de aplicaciones informáticas que faciliten la distribución y uso de contenidos dentro del dominio público.

Conforme este proceso sea más habitual y generalizado, la circulación y transformación creativa de este tipo de obras redundarán, en principio, en beneficio de la sociedad.

Recuerda Lawrence Lessig que el propósito de la propiedad intelectual no es otro que contribuir a la promoción de la ciencia y las artes útiles. Así se especifica en la primera ley estadounidense de 1790, en la cual el periodo de aplicación del copyright se limita a 14 años. Por una parte se le daba un incentivo a los creadores, asegurándoles un cierto tiempo de explotación comercial exclusiva y controlada de su trabajo; por otra, la sociedad podía beneficiarse en un plazo breve de las reelaboraciones de este trabajo.


En la actualidad, no obstante, en 1998 este periodo se extendió a 70 años después de la muerte del autor y a 95 años si se trata de una obra que pertenezca a una corporación. Las leyes de propiedad intelectual sirven hoy día, según muchos, para defender los intereses de las multinacionales y no de los propios autores. Por ejemplo, los músicos en realidad sólo perciben entre un 8 a un 15% del precio que pagan los mayoristas por un CD: el resto va a las discográficas. Con la llegada de la era de la (re)producción digital, los consumidores se han rebelado de distintas formas (una de ellas, el uso de las redes P2P), hay quien piensa que la propiedad intelectual debería ser abolida, por obsoleta, y la Industria responde imponiendo cánones, sacando productos que dañan los equipos si no se emplean como la industria desea, e incluso, como en el caso contra ReplayTV 4000, buscando que sea ilegal ver un programa saltándose los anuncios. 

A fin de cuentas, esta perversión del concepto del copyright viene desde su origen. En las dos últimas décadas los historiadores han demostrado con claridad que la propiedad intelectual y el copyright no surgen como una afirmación de los derechos individuales de los creadores sobre sus obras. Se trata, por contra, del resultado de una campaña de la Industria del libro para asegurar sus privilegios de explotación comercial. La defensa del autor es puramente táctica.

Así, los juristas que en el s. XVIII elaboran o, más exactamente, inventan en Inglaterra unos derechos que los autores pueden vender sus editores por tiempo ilimitado, lo hacen tan sólo para apoyar el monopolio de los impresores de Londres en su lucha contra los del resto del país. 

El público en general y los autores, pues, parecen tener mucho que ganar de una flexibilización de la propiedad intelectual. Con el modelo actual, por ejemplo, Shakespeare seguramente nunca hubiese escrito Otelo. Dado su febril ritmo creativo, era demasiado engorroso hacerse con los derechos de un cuento de un autor que llevaba 31 años muerto