Me ven ahora

19 de mayo de 2014

Gonzalo Rojas / No le copien a Pound



No le copien a Pound


No le copien a Pound, no le copien al copión maravilloso
de Ezra, déjenlo que escriba su misa en persa, en cairo-arameo, en sánscrito,
con su chino a medio aprender, su griego translúcido
de diccionario, su latín de hojarasca, su libérrimo
Mediterráneo borroso, nonagenario el artificio
de hacer y rehacer hasta llegar a tientas al gran palimpsesto de lo Uno;
no lo juzguen por la dispersión: había que juntar los átomos,
tejerlos así, de lo visible a lo invisible, en la urdimbre de lo fugaz
y las cuerdas inmóviles; déjenlo suelto
con su ceguera para ver, para ver otra vez, porque el verbo es ése: ver,
y ése el Espíritu, lo inacabado
y lo ardiente, lo que de veras amamos
y nos ama, si es que somos Hijo de Hombre
y de Mujer, lo innumerable al fondo de lo innombrable;
no, nuevos semidioses
del lenguaje sin Logos, de la histeria, aprendices
del portento original, no le roben la sombra
al sol, piensen en el cántico
que se abre cuando se cierra como la germinación, háganse aire,
aire-hombre como el viejo Ez, que anduvo siempre en el peligro, salten intrépidos
de las vocales a las estrellas, tenso el arco
de la contradicción en todas la velocidades de lo posible, aire y más aire
para hoy y para siempre, antes
y después de lo purpúreo
del estallido
simultáneo, instantáneo
de la rotación, porque este mundo parpadeante sangrará,
saltará de su eje mortal, y adiós ubérrimas
tradiciones de luz y mármol, y arrogancia; ríanse de Ezra
y sus arrugas, ríanse desde ahora hasta entonces, pero no lo saqueen; ríanse, livianas
generaciones que van y vienen como el polvo, pululación
de letrados, ríanse, ríanse de Pound
con su Torre de Babel a cuestas como un aviso de lo otro
que vino en su lengua;
cántico,
hombres de poca fe, piensen en el cántico.

18 de mayo de 2014

Susana Reyes / Los libros

 

 

Los libros

Los libros saben a una tarde iluminada
A los viejos poemas de la adolescencia
A un café en un balcón antiguo
A la voz de la abuela repitiendo a Darío
A la búsqueda del hogar que no fue

Los libros, lugar y espacio de los felices
De los desahuciados
De los que rompen cristales en los almacenes

Libros que cantan por las mañanas
y cantan una canción antigua

Libros de papel, de barro, de alabastro
Libros que corren por las venas

Que juntan tapices para dibujarlos en selvas

Libros de pared, de noche, de cristal, de piel y de sueños

De dolor y rabia entre las líneas


Libros de colores, sordos, mudos, sigilosos

Libros con ademán de gente culta

Libros que no saben leer tus angustias

Libros almohada, piedra de puerta
Tropiezo del corazón

Libros felices
Libros con vocación de curita
hisopo, gasa o pomada

Libros de mar y de tierra
de arena y de tempestad

Libros de letras extrañas

Libros de canto, con la astucia de los gatos en la madrugada

Libros de silencio acurrucado en las ventanas

Libros sembrados junto a una planta

Libros inválidos, libros de amor y de sombras

Libros para desayunar, almorzar o esperar en una banca.

Libros de arroz y sustento
con un ojo puesto en la distancia

Libros con la dulzura

y la curiosidad de los niños

Libros de viejas fotos en silencio.

Libros sin una sola piel para herirlos

Libros que bajan de madrugada las escaleras
asaltan,
y te devuelven una lágrima, una sonrisa
o simplemente te dejan en paz.

(Inédito)

Susana Reyes / Amamos las ciudades



Pero el remedio, aunque sea imperfecto, es huir siempre del
último sitio donde se ha sufrido

Charles Dickens, Casa desolada

La ciudad seguirá su pulso
el horizonte se ha desnudado de volcanes
el filo de los pinos muerde la tarde
y la voz de todos ensordece los pasos

Un susurro de viento y verde intenta aliviarla

Le ha dicho que nunca se juega con fuego
que el sabor de la soledad
terminará por vencer su alma
que nunca volverá por el mismo sendero
y que afuera caen, a pedazos, los pájaros.

Ayer soñó con la transparencia de viejos días
y rechazaba las caricias
de manos tristes
y la boca era un cuchillo desangrado

Soñó el ruido de la tarde
su látigo de fuego en la habitación
la vasta soledad del jardín acurrucado
las manos sobre el cuerpo tibio y sonriente
la voz como luz recorriendo las cortezas

Llueven diamantes sobre los árboles
y un mar silencioso y verde se mece.

................................
Los solitarios Amamos las Ciudades
Susana Reyes, San Salvador

17 de mayo de 2014

Karmelo Iribarren / Trágame tierra



El semáforo cambia a ámbar,
no me va a dar tiempo
a pasarlo,
acelero,
pero es inútil:
rojo.

                   Freno,
y me entretengo mirando
a una deliciosa pelirroja
que empieza a cruzar
la calle,
y que me mira
a su vez,
que no me quita ojo,

y que resulta ser
-trágame tierra-
una amiga de mi hija.

16 de mayo de 2014

Homero Aridjis / Como en una película


COMO EN UNA PELÍCULA

todavía no me canso de ver la película de mi vida
mientras la luz entra por debajo de la cortina

todavía la cinta de mi infancia está en la bobina
y la silueta del proyeccionista está en la cabina

todavía el amor atraviesa el otoño
como antes de que la función comenzara

todavía nuestros cuerpos se abrazan en la pantalla
mirándose en el vacío de la cara

todavía los espectadores son sombras
sentadas en la sala sin puertas de la vida

todavía ella pasa lejos
como en una película

Poema soñado la madrugada del martes 20 de junio de 2006

Karmelo Iribarren / Historia apenas entrevista



Acaba de cruzar frente a mi parabrisas.
Es ella. La recuerdo muy bien.
Siempre con algún libro
de Simone de Beauvoir
("Acabemos con la tiranía de la belleza"
y ese tipo de historias).
Luego, un día, desapareció. Se fue a vivir
con un viejo economista.
Se ha pasado al enemigo, dijeron unas.
Ya se sabe, el dinero tiene imán, dijeron otras...
Pero no. Sucedió algo
mucho más sencillo. Tanto
que fue ella misma la primera
sorprendida: Se enamoró.

15 de mayo de 2014

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14 de mayo de 2014

Lawrence Durrell / El cuarteto de Alejandría




El cuarteto de Alejandría es una tetralogía de novelas del escritor británico Lawrence Durrell, publicadas originalmente por separado entre 1957 y 1960. Tuvieron un gran éxito, tanto de crítica como de público. Presentan cuatro perspectivas diferentes de un mismo conjunto de personajes y acontecimientos que tienen lugar en Alejandría, Egipto, antes y durante la II Guerra Mundial. En estas novelas investiga el amor en todas sus formas, y en ellas se mezclan pasajes de gran belleza con estudios sobre la corrupción y con una compleja investigación sensual.
En la primera novela, Justine, el lector se introduce en los ambientes de la cosmopolita ciudad de Alejandría y en los personajes de la tetralogía. Darley, el narrador, es un escritor que siente un intenso amor hacia Justine, una mujer casada y enigmática, con un oscuro pasado y gran capacidad de fascinar; el amor es un sentimiento que Durrell explora con minuciosidad.
El segundo libro, Baltazhar, retoma la historia del primero, incluso muchas de las situaciones narradas ya aparecían en él. Esta novela gira en torno a Baltazhar, amigo de Justine, Darley y el resto de personajes de la primera novela. Es un médico iniciado en el estudio de la cábala, y su sabiduría aporta una nueva dimensión al argumento y personajes ya conocidos. La ciudad, como en las otras novelas, tiene una importancia fundamental.
Mountolive narra, de forma más lineal y objetiva, una historia de intriga. En ella hay menos introspección de sentimientos y personajes, y más narración de acontecimientos. Mountolive es un diplomático de la embajada británica, amigo de Nessim, el marido de Justine. Su historia en Alejandría queda recogida aquí, especialmente su relación amorosa con Leila, la madre de Nessim, y su implicación en una conspiración de tipo político en la que participan Nessim y Justine.
La última novela, Clea, explica el sentido de la totalidad de la obra. Es la que le da una perspectiva temporal: las tres primeras novelas giran en torno a unos mismos hechos, y esta cuarta tiene lugar después. Darley vuelve tras su retiro en una isla a Alejandría, durante la Segunda Guerra Mundial, y vive una historia de amor con Clea, una pintora que forma parte del círculo de personajes de la tetralogía. La relación entre ellos tendrá paralelismo con la creación artística y, por supuesto, con el ambiente de la ciudad. " Me he refugiado en esta isla con algunos libros y la niña, la hija de Melissa. No sé por qué empleo la palabra "refugiado". Los isleños dicen bromeando que sólo un enfermo puede elegir este lugar perdido para restablecerse. Bueno, digamos, si se prefiere, que he venido aquí para curarme... De noche, cuando el viento brama y la niña duerme apaciblemente en su camita de madera junto a la chimenea resonante, enciendo una lámpara y doy vueltas en la habitación pensando en mis amigos, en Justine y Nessim, en Melissa y Balthazar. Retrocedo paso a paso en el camino del recuerdo para llegar a la ciudad donde vivimos todos un lapso tan breve, la ciudad que se sirvió de nosotros como si fuéramos su flora, que nos envolvió en conflictos que eran suyos y creíamos equivocadamente nuestros, la amada Alejandría.

Fragmento inicia de "Justine"

"¡He tenido que venir tan lejos para comprenderlo todo! En este desolado promontorio que Arcturo arranca noche a noche de las tinieblas, lejos del polvo calcinado de aquellas tardes de verano, veo al fin que ninguno de nosotros puede ser juzgado por lo que ocurrió entonces. La ciudad es la que debe ser juzgada, aunque seamos sus hijos quienes paguemos el precio.

En esencia, ¿qué es esa ciudad, la nuestra? ¿Qué resume la palabra Alejandría? Evoco en seguida innumerables calles donde se arremolina el polvo. Hoy es de las moscas y los mendigos, y entre ambas especies de todos aquellos que llevan una existencia vicaria.

Cinco razas, cinco lenguas, una docena de religiones; el reflejo de cinco flotas en el agua grasienta, más allá de la escollera. Pero hay más de cinco sexos y sólo el griego del pueblo parece capaz de distinguirlos. La mercadería sexual al alcance de la mano es desconcertante por su variedad y profusión. Es imposible confundir a Alejandría con un lugar placentero. Los amantes simbólicos del mundo helénico son sustituidos por algo distinto, algo sutilmente andrógino, vuelto sobre sí mismo. Oriente no puede disfrutar de la dulce anarquía del cuerpo, porque ha ido más allá del cuerpo. Nessim dijo una vez, recuerdo -y creo que lo había leído en alguna parte- que Alejandría es el más grande lagar del amor; escapan de él los enfermos, los solitarios, los profetas, es decir, todos los que han sido profundamente heridos en su sexo.

Notas para un paisaje... Largas modulaciones de color. Luz que se filtra a través de la esencia de los limones. Polvo de ladrillo suspendido en el aire fragante, y el olor del pavimento caliente recién regado. Nubes livianas, al ras del suelo, que sin embargo rara vez traen lluvia. Sobre ese fondo se proyectan rojos y verdes polvorientos, malva pastel y un carmesí profundo y diluido. En verano la humedad del mar da una leve pátina al aire. Todo parece cubierto por un manto de goma.
Y luego, en otoño, el aire seco y vibrante, cargado de áspera electricidad estática, que inflama el cuerpo bajo la ropa liviana. La carne despierta, siente los barrotes de su prisión. De noche una prostituta borracha camina por una calle oscura, sembrando los fragmentos de una canción como si fueran pétalos. ¿Fue allí donde escuchó Antonio los acordes arrobadores de esa música sublime que lo impulsó a entregarse para siempre a la ciudad que amaba?

Los cuerpos hoscos de los jóvenes inician la caza de una desnudez cómplice, y en esos pequeños cafés a los que solía ir Balthazar con el viejo poeta de la ciudad (se refiere a poema de Kavafis sobre La Ciudad), los muchachos, nerviosos, juegan al chaquete bajo las lámparas de petróleo y, perturbados por el viento seco del desierto -tan poco romántico, tan sospechoso-, se agitan y se vuelven para mirar a los recién llegados. Les cuesta respirar y en cada beso del verano reconocen el gusto de la cal viva...

He venido a reconstruir piedra por piedra esa ciudad en mi mente, esas provincias melancólicas que el viejo (se refiere a "El Viejo" de Kavafis) veía llenas de las "ruinas sombrías" de su vida. Estrépito de los tranvías estremeciéndose en sus venas metálicas mientras atraviesan la meidan color de iodo de Mazarita. Oro, fósforo, magnesio, papel. Allí nos encontrábamos a menudo. En verano había un tenderete abigarrado donde a ella le gustaba saborear tajadas de sandía y sorbetes de colores brillantes. Naturalmente, llegaba siempre un poco tarde, de vuelta quizá de una cita en una habitación oscura en la que yo trataba de no pensar, tan frescos, tan jóvenes eran los pétalos abiertos de la boca que caía sobre la mía para saciar la sed del verano. Quizás el hombre a quien acababa de abandonar rondaba aún en su memoria, quizá persistía aún en ella el polen de sus besos. Pero eso importaba muy poco ahora que sentía el leve peso de su cuerpo apoyando su brazo en el mío, sonriendo con la sinceridad generosa de los que han renunciado a todo secreto. Era bueno estar allí desmañados, un poco tímidos, respirando agitadamente porque sabíamos lo que cada uno esperaba del otro. Los mensajes se transmitían prescindiendo de la conciencia, por la pulpa de los labios, por los ojos, por los sorbetes, por el tenderete abigarrado. Permanecer allí alegremente, tomados de los meñiques, bebiendo la tarde profundamente olorosa a alcanfor, como si fuéramos parte de la ciudad...

Esta noche estuve revisando mis papeles. Algunos han ido a parar a la cocina, la niña ha roto otros. Me gusta esta especie de censura porque tiene la indiferencia del mundo natural por las construcciones del arte, indiferencia que empiezo a compartir. Después de todo, ¿de qué le sirve a Melissa una hermosa metáfora ahora que yace como una momia anónima en la tibia arena del estuario negro?

Pero estos papeles que guardo con cuidado son los tres volúmenes del diario de Justine, y las páginas que registran la locura de Nessim. Nessim me entregó todo a mi partida, diciendo: Tome esto y léalo. Aquí se habla mucho de nosotros. Le ayudará a conservar la imagen de Justine sin echarse atrás, como he tenido que hacerlo yo".

Traducción Aurora Bernárdez

Wislawa Szymborska / Amor feliz


 

Amor feliz


Un amor feliz. ¿Es normal,
serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
que no ven el mundo?

Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir. ¿Como premio de qué?, de nada;
la luz llega desde ninguna parte.
¿Por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Así es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados, derriba
de su cima a la moral? Viola y derriba.

Mirad qué felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escuchad cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.
Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,
sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!

Resulta incluso difícil prever qué sucedería
si pudiera cundir su ejemplo.
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el círculo.

Un amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.
 Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca podría poblar la tierra,
no es, que digamos, muy frecuente.

Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.

Con esa creencia les será más llevadero vivir, y también morir.

Si acaso (1972)

Versión Abel Murcia Soriano

13 de mayo de 2014

Tras la muerte de alguien / Tomas Tranströmer


Hubo una conmoción,
que dejó tras de sí una larga, pálida, resplandeciente cola de cometa.
Nos envuelve. Provoca que la imagen de la televisión se vea borrosa.
Se posa como gotas frías sobre el cableado aéreo.

Todavía se puede caminar arrastrando los esquíes bajo el sol del invierno,
entre arboledas donde todavía cuelgan hojas del año que pasó.
Parecen hojas arrancadas de una guía telefónica vieja,
los nombres de los abonados tragados por el frío.

Todavía es hermoso sentir el propio corazón latir.
Pero a veces la sombra se siente más real que el cuerpo.
El samurai se ve insignificante al lado
de su armadura negra de escamas de dragón

 Tomas Tranströmer

Juan Ramón Jiménez / EL AMOR, ¿A QUE HUELE?


 EL AMOR, ¿A QUE HUELE?



EL AMOR, ¿A QUÉ HUELE?

El amor, ¿a qué huele? Parece, cuando se ama,
que el mundo entero tiene rumor de primavera.
Las hojas secas tornan y las ramas con nieve,
y él sigue ardiente y joven, oliendo a la rosa eterna. español

Por todas partes abre guirnaldas invisibles,
todos sus fondos son líricos -risa o pena-,
la mujer a su beso cobra un sentido mágico
que, como en los senderos, sin cesar se renueva...

Vienen al alma música de ideales conciertos,
palabras de una brisa liviana entre arboledas;
se suspira y se llora, y el suspiro y el llanto
dejan como un romántico frescor de madreselvas...

(Juan Ramón Jiménez, Laberinto, 1913)

12 de mayo de 2014

EUGENIO MONTEJO La serpiente / Amantes




La serpiente

 De lejos viene la serpiente, del paraíso y la música,
de alguna estrella remota,
ondulando escondida detrás de su llama.

Cuando cruza la luna no tiene anillos,
no tiene cola ni cabeza,
es sólo una estela lucífera,
una sombra alargada y errante.

Aquí en la tierra la espera su cuerpo,
la espera su bífida lengua
y la piel que desprende sus tatuajes.

Aquí encuentra el color de su noche,
el mal que le atribuyen,
la sinuosa materia que en ella se tuerce
y se retuerce
hasta llenarse de veneno.


De Adiós al siglo XX (Renacimiento, 1997)


Amantes



Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,
        sus celajes.

Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
        de alguna flor del aire.

Se amaban. No estaban solos a la orilla
        de su primera noche.
        Y era la tierra la que se amaba en ellos,
        el oro nocturno de sus vueltas,
        la galaxia.

Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
        no demasiado tarde.

Tomas Tranströmer / El cielo a medio hacer



El cielo a medio hacer


El desaliento interrumpe su curso.
La angustia interrumpe su curso.
El buitre interrumpe su vuelo.
La luz tenaz se derrama,
hasta los fantasmas se toman un trago.
Y nuestros cuadros se hacen visibles,
rojos animales de ateliés de la Edad del Hielo.
Todo comienza a dar vueltas.
Somos cientos los que andamos al sol.
Cada persona es una puerta entreabierta
que lleva a una habitación para todos.
La tierra infinita bajo nosotros.
El agua brilla entre los árboles.
La laguna es una ventana a la tierra.


 Traducción de Roberto Mascaró

11 de mayo de 2014

Susana Reyes / Esperé a Ulises cada tarde

Historia de los espejos



Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada ahí es tu destino
mas no apresures nunca el viaje
Constantin Cavafys


Historia de los espejos

I
Para doña Martha Sutter de Selva

Esperé a Ulises cada tarde
alerta, fiel, con mis aves resueltas.

Me senté en el viejo umbral
a deshojar el horizonte.

Los tejidos ablandados por las lágrimas
se desanudaban solos
en una rutina feliz e incierta

No sé si él supo de abismos,
de oscuridades o silencios,
pero el corazón me guió
cada noche hasta sus pasos.

Me ahogué con él
y mil veces me arrastró el viento
en los desiertos.

Gané el hambre y las fiebres
el nudo en la garganta
al que se ató cada noche
para no saltar al vacío.

Y caminé con él
mas nunca supe que sus pasos
huían de mi Itaca,
que quemó sus naves
en el primer puerto,
que se escondió en los espejos…

Pero él no sabrá de las dimensiones,
que camino con él
que lo veo irse y volver cada noche
en este espejo
que sigo tejiendo.


II

Cayó despacio el tejido
y sus hilos mudos y húmedos
se quebraron.

Hubo dolor inexplicable
Un perdón simple insuficiente
un espejo retratando al sol que era mi cara
y la cara de todas aquellas
que en balde amamantaron los días.


III

El pie certero
o la ficha marcada,
la salida del dédalo
hecho de noche y llanto.
La llave sin el listón cambiado,
el ladrillo falso, la máscara
la alfombra, el sortilegio,
el pasadizo de hueso y polvo
el acertijo, el espejo…
la sangre fría o las venas de piedra
Dámelos
porque duele el alma y
muere un poco en cada intento.



Ulises

Nadie te enseña a volver
te quedas ahí
esperando una corriente que te lleve
sin saber a qué playa
y regresas a otra orilla
que te cobija y alimenta
y olvidas el camino
en el sueño que no vuelve
          eco impreciso en tu latido
          eco triste
                 ajeno ya
                            imposible
                                      sin nombre
No se sabe volver
a donde nunca se ha ido



Ítaca

Detrás de su huella se borró el camino.

Lejos de sus ojos,
la Ítaca olvidada
floreció de una eternidad transparente
su dimensión
ahora es otra
          quizá la mentira crea la felicidad.

Ulises sigue vagando triste
No saben nada los caminos
de aquel que borró su huella.
Ítaca no lo recuerda
ya no tiene su aroma en las laderas
ya no florece de amor para sus ojos.

Dicen que después de sus batallas
lloraba por aquella casa
hoy escondida en sus pupilas

El camino incierto y pobre
frente a su grandeza
le hizo olvidarla.
En otras aldeas de espejo dejó su estirpe.
Los pasos rotos
no sangran lejos de los espinos
ni añoran ya los otros pasos

Susana Reyes

El Principito





-"Te amo" - dijo el principito...
-"Yo también te quiero" - dijo la rosa.
-"No es lo mismo" - respondió él...

..."Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos. Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar."
-"Ya entendí" - dijo la rosa.
-"No lo entiendas, vívelo" - agregó el principito."


4 de mayo de 2014

Cecilia Casanova / Cabida en la infancia



Voy a jugar con las trenzas
al borde de mi vestido.

A ovillarme en el chal de la abuela
olfateando su lana
conservada tan bien en su lila.
feliz de caber en su infancia.

La casa fue mía.
¿por que no entrar?
Nada me harán los retratos
colgando de los muros
ni el piano húmedo por el tiempo.

Quítate los zapatos. No.
Con zapatos súbete al sofá y salta
tus siete años, tus doce, tus dieciocho.

Roba miel de la despensa
y sal callada
¡No te vayan a ver!

1 de mayo de 2014

Cecilia Casanova / Como lo mas solo



Soledad, ¿ya no te acuerdas?
yo fui tu amiga.
Te buscaba en las noches estrelladas,
te llamaba en las tardes encendidas

Hoy, en cambio. me asusta tu presencia,
y en los días grises de neblina
vago por las calles, extraviada,
en busca de caras conocidas.

28 de abril de 2014

Eugenio Montejo / La poesía



La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
        -ni siquiera palabras.

  Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.

23 de abril de 2014

Joan Margarit / Una fotografÍa colgada en la pared





El Paseo de Gracia en la nevada
de aquel invierno en que nos conocimos.
En primer plano, dándome la espalda,
se alejan transeúntes:
quizá soy yo este hombre del paraguas,
y tal vez la mujer con el gorrito
de lana seas tú. Al fondo,
todo se va borrando tras los copos,
que ponen este velo de neblina.
Debajo de los árboles parece
la nave de una blanca catedral.
Ahora estoy en la fotografía:
no se oye nada, hay coches aparcados
y sepultados hasta media rueda.
Cruzamos solos el Paseo helado,
entre los plátanos y los herrajes
negros, medio cubiertos por la nieve,
de una de las farolas de Gaudí.
Estamos dentro de aquel mismo invierno
en donde no sabíamos que el hacha
del frío ya esperaba para cuando
el porvenir no fuese nada más
que el amor de dos viejos a un fantasma.

13 de abril de 2014

Wislawa Szymborska / JAN VERMEER VAN DELFT



En alegoría de la pintura, la modelo es una muchacha que modestamente dirige al suelo su tierna mirada y que está envuelta por un azul arrebatador; naturalmente, ha sido colocada en una pose determinada, pero para que esta sea lo menos ostentosa y forzada posible. Si hay en ella ironía, esta no deriva del contraste compositivo, sino que inunda la totalidad de la obra y está presente en el brillo de la trompeta, en los pliegues de la cortina y en la luz que, desde la ventana, desciende sobre el embaldosado blanquinegro.



En mujer sentada tocando la espineta veo el milagro de la luz del día cayendo sobre diferentes tipos de materia: sobre la piel humana y la seda de un vestido; sobre el tapizado de una silla y la blanqueada pared. Un milagro que Vermeer repite constantemente, pero siempre con nuevas variantes y originales revelaciones. La muchacha pone sus manos sobre la espineta como si quisiera tocarnos un pasaje, para hacernos una broma, para recordarnos algo. Vuelve la cabeza hacia nosotros con una hermosa media sonrisa sobre su demasiado bello rostro. En esa sonrisa hay una reflexión y una pizca de indulgencia maternal. Y así ha estado mirándonos durante trescientos años.
Lecturas no obligatorias
Wislawa Szymborska

8 de abril de 2014

Cristián Warnken / Manifiesto de otoño



                                                                                   Cristián Warnken                                               
Le pido a una vecina que, por favor, no barra las hojas de otoño que se han acumulado estos días en nuestra vereda común. Me mira extrañada. Sonríe. Comprendo que sea  difícil entender  a un vecino  que  defienda el  derecho de las hojas de los liquidámbares y los “ginkgo biloba” a permanecer ahí, para ser contempladas, para ser pisadas (algunas crujen),  para jugar con ellas. Las hojas  del otoño  en nuestra  ciudad  desafían  nuestro s intentos  de tener todo bajo control. Innumerables hojas amarillas, rojas, castaño, caen y caen sin tregua, como diciéndonos: “Todo cae, pero caer es hermoso. Eres también una hoja de tu propio otoño, batida por el viento, déjate caer”.

Somos pasajeros. Destellos en la noche. Pensamos que aceptar eso con resignación significa asumir una humillante derrota, la derrota ante la finitud y la muerte. Pero el mismo otoño —gran maestro de las estaciones— se encarga de enseñarnos que envejecer y declinar es bello. El otoño no se hace implantes ni liposucciones a sí mismo. No busca prolongar artificialmente la primavera, esplende con el máximo de intensidad en el momento mismo de eclipsarse, igual que las estrellas que, cuando colapsan, estallan en un espectáculo pirotécnico de adiós. El cielo se ha encargado de hacer del ocaso una fiesta y no un funeral. ¡No barramos las hojas de este otoño, dejémoslas el máximo tiempo posible acompañarnos en nuestro fugaz paso por esta tierra! Si los niños no pisan las hojas de otoño desde temprano, ¿qué tipo de adultos serán mañana? La mayor parte de nuestras neurosis, frustraciones, rabias y falta de sabiduría para vivir nacen de que nadie nos ha enseñado a envejecer y a morir. Salvo el otoño.
Pero para mirar y aprender de las alfombras de hojas, hay que tener tiempo. ¿Y quién tiene hoy tiempo? No tenemos ni tiempo para detenernos para entender que nosotros mismos somos el mismo tiempo que se nos va. En estos días vertiginosos, en que malgastamos la poca vida que nos fue dada en tacos interminables, en correr de asunto en asunto, de “evento” en “evento” como sombras, y en que hemos dejado de vivenciar la vida como el mayor acontecimiento de todos, es bueno arrimarse a un árbol de otoño. Permanecer junto a él lo más que podamos y decir como Fausto, embelesado y redimido ante Helena: “El espíritu no mira ni hacia delante ni hacia atrás. Tan sólo el presente es nuestra felicidad”. Es interesante que el arquetipo del nihilista, el Fausto que no sabe gozar del presente —salvo en este diálogo con Helena y en la escena final de la obra— y es devorado por sus deseos insaciables y el futuro, encarne por un momento lo que el mismo Goethe llamó “la salud del momento”.
Mientras miro embelesado caer las hojas de los árboles de este otoño, compadezco a los que veo correr desaforadamente tras un éxito ilusorio y vano. ¿Qué Presidente de la República, político, empresario o estrella de rock tiene tiempo para perder deambulando entre las hojas, con amigos y no con asesores o guardias personales? ¿Cuántos de nosotros mismos no estamos secuestrados por nuestros propios éxitos?
Pregúntate dónde está “tu” otoño, cuántas hojas contaste en la vereda de tu calle, y serás mejor gobernante, mejor empresario, mejor artista, mejor hombre. No es en las encuestas, en los focus groups, en los indicadores económicos, en los gráficos de fastidiosos y monótonos power-points donde están las respuestas. La respuesta, como dijo Bob Dylan —que está cantando mejor que nunca a sus 72 años—, “está temblando en el viento”. No es cierto que para ser un mejor país necesitamos sólo más “emprendedores”—como se repite tanto hoy—. Lo que el mundo necesita hoy con urgencia son más contemplativos, más sabios, más habitantes del instante, más guardianes del otoño. Por eso, querida vecina, no barra esas hojas, que no son hojas sino espejos, letras de un alfabeto inmemorial que de nuevo debemos aprender a leer, para volver a ser.

28 de marzo de 2014

Jesús Munárriz (1940-) Homenaje

Jesús Munárriz (1940-).  Nació en San Sebastián en 1940, de padres navarros, vivió en Pamplona hasta 1957. Desde entonces reside en Madrid.

 

Homenaje

Aquella veinteañera de hace un cuarto de siglo,
marcada antes de tiempo por la vida,
aún reciente la herida
y en los ojos las sombras del peligro,
es esta compañera, esposa, amada, amante,
cómplice, madre, musa y copiloto,
cuyo control remoto
anima al mundo entero a ir adelante,
que, por que vivan otros, de su vida se olvida,
que prefiere a su júbilo el ajeno,
y con pulso sereno
cuanto toca endereza y reaviva.
Y yo, sin merecerla,
disfruto de la suerte de quererla.

Sólo amor.
Bartleby. Madrid, 2008.

12 de marzo de 2014

Jesus Munarriz / Dos poemas


HAZ LO QUE QUIERAS, PERO...


Haz lo que quieras, pinta como quieras,
el impoluto lienzo
pasivamente aceptará tus huellas.
Hiéndelo libremente, sin prejuicios.

Pero no te abandones a las facilidades,
no desmayes la guardia,
sé siempre muy exacto.
Que lo que digas surja desde dentro,
que las cosas se nombren a sí mismas,
que las palabras jueguen
a juegos de palabras, si les gusta,
y que tu propia vida
vaya manchando el verso con sus botas gastadas.


INSTRUCCIONES DE VUELO

A mi hija Gabriela

Ahora que te echas a volar
a la dudosa luz del alba
sin otro asidero ni guía
que los de tu propia mirada

y vas a tener que aprender
a distinguir filón de ganga,
a abrirte paso, a situarte,
a resistir la marejada,


escoge bien a las personas
con las que emprendas tu jornada:
tu vida es tuya, nunca cedas
si otros quieren arrebatártela.

Un buen amigo es un tesoro,
el malo es peor que chatarra;
elige bien, recuerda siempre
que las apariencias engañan.

Tras simpatías y sonrisas
puede anidar la puñalada;
ni rostro ni voz ni expresión
son siempre el espejo del alma.

No te guíes por etiquetas,
haz poco caso de las marcas,
fíate más del corazón
y de las obras, que no fallan.

Yo he escuchado a más de un buenazo
defendiendo ideas bastardas
y a redomados sinvergüenzas
predicando hermosas palabras.

Hay buena gente en todas partes
y en todas partes hay canallas,
en las iglesias, los partidos,
en los palacios, las cabañas;

no es el color el responsable
de la buena o la mala entraña:
rojos, azules, blancos, negros,
en todas partes cuecen habas.

Tú piensa a dónde quieres ir,
en si es tu elección la adecuada,
y en el esfuerzo y el valor
y la paciencia necesarias.

Sé siempre fiel a la verdad,
nunca te engañes, no hagas trampas;
en tu interior habla una voz
veraz, no dejes de escucharla.

La vida es harto caprichosa,
imprevisible y arbitraria,
por eso conviene actuar
con decisión, plantarle cara.

No es bueno dejarse llevar,
la corriente todo lo arrastra,
hay que aguantar firme el timón
si quieres conducir la barca.

Procura hacer las cosas bien
en tu trabajo, hagas lo que hagas;
la obra bien hecha es la mejor
presentación y la más clara.

Es buena la imaginación,
vuelve las cosas menos chatas,
pero a veces la fantasía
juega también malas pasadas.

No te distraigas con señuelos
y no te pierdas por las ramas;
tú a lo tuyo con decisión,
perspectiva y perseverancia.

Ni cicatera timidez
ni osadía injustificada:
que no te falte la prudencia
ni te abandone la constancia.

Pon cuanto puedas de tu parte
para triunfar en la jugada;
la vida es sueño, el soñador
que mejor sueña es quien la gana.

Aunque te hieran, tú no hieras,
tampoco engañes si te engañan;
huye de la provocación;
porque otros hacen, tú no hagas.

No te olvides de cuando eras
inocente; brota en la infancia
un manantial que nunca cesa:
calma tu sed con esa agua.

Nada es el alma sin el cuerpo,
poco es el cuerpo falto de alma;
vive mientras puedas vivir,
puede que después no haya nada.

A la suerte, échale una mano
si viene bien encaminada,
y si se tuerce, échale un pulso,
que no te achante por ser mala.

Y nunca olvides el amor,
motor del mundo: arriesga y ama.
Ayuda a ser felices a otros,
verás tu dicha en su mirada.

Y si te aman, como esperas
y deseo, si eres amada,
entra en la guerra del amor
y emplea tus mejores armas

en la conquista y la defensa
de la dicha; aprésala, abrázala,
no hay pelea más digna que esa
ni hay mejor campo de batalla.

La vida, la vida, la vida
te está esperando; ve a buscarla,
descúbrela, disfrútala,
emprende el vuelo, abre tus alas.


Jesús Munárriz


6 de marzo de 2014

Bizcocho de aceite de oliva y yogurt



Receta sencilla de preparar y muy apetecible como postre, desayuno o acompañamiento del café o té.  El aceite de oliva virgen extra es ingrediente principal  ya que le aporta la textura especial que tiene el bizcocho asi como sus aromas y jugosidad.  Se puede añadir un poco más de la medida (de un vasito de yogurt) para que salga más jugoso todavía. Para evitar complicaciones con las medidas, se usa como referencia el vasito del yogurt.

Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 1 yogurt de limón
  • 3 vasos de harina
  • 1 vaso de Aceite de Oliva Virgen Extra
  • 2 vasos de azúcar
  • 1 sobre de levadura un poco de mantequilla para el molde
  • aromas naturales: ralladura de cáscara de limón, esencia de vainilla, anís, canela, etc…
Preparación:
En un recipiente se echan los tres huevos, el yogurt, la harina el vaso de aceite y el sobre de levadura. Se bate todo bien hasta que la masa quede uniforme. Si se quiere aromatizar el bizcocho se le puede añadir medio vasito de anís o una cucharadita de esencia de vainilla, o la ralladura de la cáscara de un limón. Cuanto más fragante y frutado sea el AOVE que se usa en esta receta, más aromático resulta el bizcocho: recomendamos por lo tanto usar un buen aceite de oliva virgen extra picual


Una vez añadidos todos los ingredientes en el recipiente, se baten manualmente o con una batidora hasta que quede la masa compacta. Se unta el fondo del molde con mantequilla para facilitar la separación del bizcocho una vez horneado. Se pone en un recipiente al horno durante 45 minutos a 170º. Se recomienda poner el bizcocho en la parte media-baja con las resistencias superior e inferior y sin aire.  Después de este tiempo se saca del horno y se deja reposar antes de servir.


El bizcocho aguanta bien varios días, pero una vez frio se recomienda almacenar en un lugar seco a temperatura ambiente y protegido con papel de aluminio. Es ideal para acompañar al café, en el desayuno o como postre.

5 de marzo de 2014

Federico García Lorca / La niña del bello rostro




Arbolé, arbolé
Arbolé, arbolé
seco y verdé.
La niña del bello rostro
está cogiendo aceituna.
El viento, galán de torres,
la prende por la cintura.
Pasaron cuatro jinetes
sobre jacas andaluzas
con trajes de azul y verde,
con largas capas oscuras.
"Vente a Córdoba, muchacha."
La niña no los escucha.
Pasaron tres torerillos
delgaditos de cintura.
"Vente a Sevilla, muchacha."
La niña no los escucha.
Cuando la tarde se puso
morada, con luz difusa,
pasó un joven que llevaba
rosas y mirtos de luna.
"Vente a Granada, muchacha."
Y la niña no lo escucha.
La niña del bello rostro
sigue cogiendo aceituna
con el brazo gris del viento
ceñido por la cintura.
Arbolé, arbolé
seco y verdé.

2 de marzo de 2014

Homero Aridjis / Primer Sueño


 Primer sueño

Contra el hostigamiento político,
contra la violencia criminal,
contra el miedo
he levantado un muro de poesía.

Against political harassment,
against criminal violence,
against fear
I built a wall of poetry.

4:11 del sábado 17 de noviembre de 2010

Escrito después de un sueño en el que políticos y criminales se emboscaban y mataban, y yo me protegía de la violencia detrás del muro de poesía que había levantado.

Homero Aridjis

Diario de sueños, Fondo de Cultura Económica, México, 2011.

20 de febrero de 2014

Tomas Tranströmer / Allegro



Allegro

Toco Haydn después de un día negro
y siento un sencillo calor en las manos.
Las teclas quieren. Golpean suaves martillos.
El tono es verde, vivaz y calmo.
El tono dice que hay libertad
y que alguien no paga impuesto al César.
Meto las manos en mis bolsillos Haydn
y finjo ser alguien que ve tranquilamente el mundo.
Izo la bandera Haydn -significa.
"No nos rendimos. Pero queremos paz".
La música es una casa de cristal en la ladera donde vuelan las piedras, donde las piedras ruedan.
Y ruedan las piedras y la atraviesan
pero cada ventana queda intacta.

17 de febrero de 2014

Suave como el peligro



Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida y muchas vidas
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como un árbol de vida
porqué eres suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.

11 de febrero de 2014

Henrik Nordbrandt. / Nuestro amor es como Bizancio-

  Nuestro amor es como Bizancio


Nuestro amor es como Bizancio
tuvo que haber sido
la última noche. Tuvo que haber habido
me imagino
un resplandor en los rostros
de los que se agolpaban en las calles
o formaban pequeños grupos
en las esquinas de las calles y en las plazas
hablando en voz baja,
un resplandor que tuvo que haberse parecido
al que tiene tu cara
cuando te echas el pelo hacia atrás
y me miras.

Me imagino que no hablarían
mucho y solo de cosas
bastante indiferentes,
que tratarían de hablar
y se detuvieron
sin haber llegado a decir
lo que querían
y lo intentaron de nuevo
y lo volvieron a dejar
y se miraron mutuamente
y bajaron la mirada.

Los iconos muy antiguos, por ejemplo
tienen el mismo resplandor
que el flamígero fulgor de una ciudad en llamas
o el brillo que la muerte inminente
deja en las fotografías de muertos prematuros
en el recuerdo de los supervivientes.

Cuando me vuelvo hacia ti
en la cama, tengo la sensación
de entrar en una iglesia
que fue quemada
hace mucho tiempo
y donde solo ha quedado
la oscuridad en los ojos de los iconos
plenos de las llamas que los aniquilaron.

Gustavo Adolfo Bécquer / Fiebre






Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?

Gustavo Adolfo Bécquer



7 de febrero de 2014

LAS ROSAS OXIDADAS DE OTOÑO


 

LAS ROSAS OXIDADAS DE OTOÑO


Las rosas oxidadas de otoño
miran el espacio blanco de lluvias
la lluvia hilvana el cielo con la tierra
con miles de puntadas y escalofríos.

Y todo se malogra, se distorsiona,
chorrea, sangra podredumbre
pero no para siempre - de desesperación
sino por un instante - de placer.



Maria Pawlikowska-Jasnorzewska- Polonia
Traducción de Lucía Málaga Sabogal

4 de febrero de 2014

María Mercedes Carranza / Poema de los hados




POEMA DE LOS HADOS

Soy hija de Benito Mussolini
y de alguna actriz de los años 40
que cantaba la “Giovinezza”.
Hiroshima encendió el cielo
el día de mi nacimiento y a mi cuna
llegaron, Hados implacables,
un hombre con muchas páginas acariciadas
donde yacían versos de amor y de muerte;
la voz furiosa de Pablo Neruda;
bajo su corona de ceniza, Wilde
bello y maldito,
habló del esplendor de la Vida
y de la seducción fatal de la Derrota;
alguien grito “muera la inteligencia”,
pero en ese mismo instante Albert Camus
decía palabras
que eran de acero y de luz;
la Pasión ardía en la frente de Mishima;
una desconocida sombra o máscara,
puso en mi corazón el Paraíso Perdido
y un verso;
“par delicatesse j’ai perdu ma vie”.
Caía la lluvia triste de Vallejo
se apagaba en el viento la llama de Porfirio;
en el aire el furor de las balas
que iban de Cúcuta a Leticia, se cruzaban
con los cañones de “Casablanca”
y las palabras de su canción melancólica:

“El tiempo pasa,
un beso no es más que un beso...”


Así me fue entregado el mundo.
Esas cosas de horror, música y alma
han cifrado mis días y mis sueños.