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25 de marzo de 2013

Ítaca (Poema de Eugenio Montejo)

Eugenio Montejo
Por esta calle se va a Ítaca

(Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008)

A continuación; me permito compartir un poema, que es a su vez, una relectura de otro gran poema: "Ìtaca" de Constantinos Kavafis, que es una relectura del poema;homérico: "La Odisea",;que es una lectura de ese universo mítico-griego. ¿Un poema en el espejo de otro poema? ¿Diálogo;entre poemas u objetos verbales y, a su vez, comunión entre poetas? Su autor: Eugenio Montejo, es un poeta venezolano, nacido en 1938 y recupera la condición marginal,subterránea y, un tanto sagrada de la poesía.

En 1998 recibió el Premio Nacional de Literatura. Uno de sus poemas es citado en la película 21 gramos, del director mexicano Alejandro González Iñárritu.

ÍTACA

para un homenaje a C. Cavafis

Por esta calle se va a Ítaca
y en su rumor de voces, pasos, sombras,
cualquier hombre es Ulises.

Grabado entre sus piedras se halla el mapa
de esa tierra añorada. Síguelo.

El pájaro que escuchas está cantando en griego;
no lo traduzcas, no va ahorrarte camino.

Aquellas nubes vienen de su mar, contémplalas;
son más puros los cielos de las islas.

Por esta calle, en cualquier auto,
hacia el norte o el sur se viaja a Ítaca.
En los ojos de los paseantes arde su fuego,
sus pasos rápidos delatan el exilio.

Aún sin moverte,como estos árboles
hoy o mañana llegarás a Ítaca.

Está escrito en la palma de tu mano
como una raya que se ahonda,
día tras día.

Aunque te duermas, despertarás en Ítaca;
la lluvia de este valle, todo lo arrastra
despacio, hasta sus puertas.

No tiene otro declive.
Ya puedes anunciarnos tu llegada, buscar hotel,
dar al olvido tu destierro.

Por esta calle no ha cruzado un hombre,
que al fin, no alcance su paisaje.

Prepara el corazón para el arribo,

Una vez en su reino, muestra tu magia.
será el reto supremo del exilio.

A ese mar no se miente. La furia de sus olas
todo lo hace naufragio. Pero no te amilanes.

Demuéstranos que siempre fuiste Ulises.

Alfabeto del mundo, 1986


Cada hombre lleva su Ítaca tatuada sobre su corazón en alguno de sus sueños. Desde su nacimiento se sabe en tránsito hacia ella.


Aun sin moverte llegarás a Ítaca: el vuelo o el viaje es una parábola cuya enseñanza secreta es la vuelta al centro y al lugar, que no está propiamente en la tierra, superficie o profundidad del planeta, sino en la terredad, destino obscuro de cada ser terrestre que atrae a cada ser a su centro y lo religa a su mundo.



19 de mayo de 2008

Eugenio Montejo Ítaca

Eugenio Montejo
Hacia Ítaca

Hacia Ítaca...



(Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008)

En 1998 recibió el Premio Nacional de Literatura. Uno de sus poemas es citado en la película 21 gramos, del director mexicano Alejandro González Iñárritu.


ÍTACA


para un homenaje a C. Cavafis

Por esta calle se va a Ítaca
y en su rumor de voces, pasos, sombras,
cualquier hombre es Ulises.

Grabado entre sus piedras se halla el mapa
de esa tierra añorada. Síguelo.

El pájaro que escuchas está cantando en griego;
no lo traduzcas, no va ahorrarte camino.

Aquellas nubes vienen de su mar, contémplalas;
son más puros los cielos de las islas.


Por esta calle, en cualquier auto,
hacia el norte o el sur se viaja a Ítaca.
En los ojos de los paseantes arde su fuego,
sus pasos rápidos delatan el exilio.

Aún sin moverte,como estos árboles
hoy o mañana llegarás a Ítaca.

Está escrito en la palma de tu mano
como una raya que se ahonda,
día tras día.

Aunque te duermas, despertarás en Ítaca;
la lluvia de este valle, todo lo arrastra
despacio, hasta sus puertas.

No tiene otro declive.
Ya puedes anunciarnos tu llegada, buscar hotel,
dar al olvido tu destierro.

Por esta calle no ha cruzado un hombre,
que al fin, no alcance su paisaje.

Prepara el corazón para el arribo,

Una vez en su reino, muestra tu magia.
será el reto supremo del exilio.

A ese mar no se miente. La furia de sus olas
todo lo hace naufragio. Pero no te amilanes.

Demuéstranos que siempre fuiste Ulises.

Alfabeto del mundo, 1986


Cada hombre lleva su Ítaca tatuada sobre su corazón en alguno de sus sueños. Desde su nacimiento se sabe en tránsito hacia ella.

Aun sin moverte llegarás a Ítaca: el vuelo o el viaje es una parábola cuya enseñanza secreta es la vuelta al centro y al lugar, que no está propiamente en la tierra, superficie o profundidad del planeta, sino en la terredad, destino obscuro de cada ser terrestre que atrae a cada ser a su centro y lo religa a su mundo.



1 de mayo de 2008

El silencio de las sirenas Franz Kafka- Marco Denevi -José de la Colina -Jorge Luis Borges


Franz Kafka

(Praga, 1883 - Viena, 1924)

El silencio de las sirenas

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:

Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos.

El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas.

Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contorneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera, a modo de escudo.
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«Yo he escrito también algunos cuentos en los cuales traté ambiciosa e inútilmente de ser Kafka.»
JORGE LUIS BORGES
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Marco Denevi

(Buenos Aires, 1922 - Buenos Aires, 1998)

Silencio de sirenas (1996)

Cuando las Sirenas vieron pasar el barco de Ulises y advirtieron que aquellos hombres se habían tapado las orejas para no oírlas cantar (¡a ellas, las mujeres más hermosas y seductoras!), sonrieron desdeñosamente y se dijeron: ¿Qué clase de hombres son estos que se resisten voluntariamente a la Sirenas? Permanecieron, pues, calladas, y los dejaron ir en medio de un silencio que era el peor de los insultos.
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José de la Colina

(Santander, 1934)

Las Sirenas

Otra versión de la Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros que se taparan los oídos para no oír el pérfido si bien dulce canto de las sirenas, pero olvidó indicarles que cerraran los ojos, y como además las sirenas, de formas generosas, sabían danzar...
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Bibliografia:
Franz Kafka (1983): Obras Completas. Editorial Teorema. Barcelona.
Meri Lao (1995): Las Sirenas, historia de un símbolo. Ediciones Era. Mèxico.
Benito Arias García (2004): Grandes minicuentos fantásticos. Alfaguara. Madrid.

Gracias A Irlanda...por su bello poema.

16 de abril de 2008

Ulises: microrrelatos Augusto Monterroso

Augusto Monterroso (Tegucigalpa Honduras, 21 de diciembre de 1921 – México D.F., 7 de febrero de 2003) es un escritor guatemalteco, conocido por sus colecciones de relatos breves e hiperbreves.
Su composición "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", estuvo considerada como el relato más breve de la literatura universal durante muchos años. En 1970 ganó el premio Magda Donato, en 1975 el premio Villaurrutia y en 1988 le fue entregada la condecoración del Águila Azteca, por su aporte a la cultura de México. En 2000 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en reconocimiento a toda su carrera.

Dos relatos breves basados en Ulises:

La sirena inconforme


Usó todas sus voces, todos sus registros; en cierta forma se extralimitó; quedó afónica quién sabe por cuánto tiempo.

Las otras pronto se dieron cuenta de que era poco lo que podían hacer, de que el aburridor y astuto Ulises había empleado una vez más su ingenio, y con cierto alivio se resignaron a dejarlo pasar.

Ésta no; ésta luchó hasta el fin, incluso después de que aquel hombre tan amado y deseado desapareció definitivamente.

Pero el tiempo es terco y pasa y todo vuelve.

Al regreso del héroe, cuando sus compañeras, aleccionadas por la experiencia, ni siquiera tratan de repetir sus vanas insinuaciones, sumisa, con la voz apagada, y persuadida de la inutilidad de su intento, sigue cantando.

Por su parte, más seguro de sí mismo, como quien había viajado tanto, esta vez Ulises se detuvo, desembarcó, le estrechó la mano, escuchó el canto solitario durante un tiempo según él más o menos discreto, y cuando lo consideró oportuno la poseyó ingeniosamente; poco después, de acuerdo con su costumbre, huyó.

De esta unión nació el fabuloso Hygrós, o sea “el Húmedo” en nuestro seco español, posteriormente proclamado patrón de las vírgenes solitarias, las pálidas prostitutas que las compañías navieras contratan para entretener a los pasajeros tímidos que en las noches deambulan por las cubiertas de sus vastos trasatlánticos, los pobres, los ricos, y otras causas perdidas.

La tela de Penélope o quién engaña a quién

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.
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14 de abril de 2008

Ulises: Poemas acerca de Odiseo (Ulises)

Ulises y las sirenas siglo III A.C.

Poemas sobre Ulises


En la Ilíada conocemos a Odiseo como un guerrero duro, el Odysseus, el hombre de las muchas tretas y recursos; el hombre a quien la leyenda inmortalizó como el ingenioso autor de la estratagema con que los aqueos lograron hacer caer la ciudad de Troya. Pero otro poema, la Odisea, y otro aspecto de la tradición, nos muestran un personaje diferente. Ulises es el hombre que lucha y sufre por volver a la patria y al hogar; es el esposo y padre que en la lejanía y la adversidad comprende su destino; es el varón que busca la verdad de la existencia humana a través de años y años de penalidades; el destructor de mitos, el ser humano capaz de enfrentarse a dioses y monstruos hostiles; es aquél que vence una tras otra las tentaciones que- bajo los nombres de Circe, las Sirenas, Calipso, Nausícaa- buscan alejarlo de la ruta o hacerlo perder su condición humana y rebajarlo al nivel animal o elevarlo al ámbito de los inmortales o simplemente ofrecerle un hermoso y plácido nuevo hogar. Al vencer hostilidades, tentaciones, tempestades y peligros, Ulises ha impuesto su razón, su amor, sus anhelos, su decisión. Ha conservado, reafirmado, ampliado y enriquecido su espíritu; y así llega finalmente a la patria y al hogar. Esta es la concepción que puede desprenderse de la Odisea homérica: es el itinerario de un hombre que salva su condición de tal y la lleva a la plenitud.

Aquí presento una muestra de varios poemas, con distintas visiones:

PETRONIO

Exhortatio ad Ulissem

Deja tus moradas y costas extranjeras busca,
¡oh joven! Nace para ti una serie mayor de acontecimientos.
No sucumbas al mal: te ha de renovar al Danubio extremo,
el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto
que ven al sol levantarse y descender.
Y más grande que descienda Ulises en playas lejanas.
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DU BELLAY

Soneto XXXI

¡Dichoso el que, como Ulises, hizo un bello viaje,
y después regresó lleno de experiencia y sabiduría
a vivir entre los suyos el resto de su edad!
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DANTE

Divina Comedia Infierno, XXVI, 94 y ss


ni la dulzura del hijo, ni la piedad
del viejo padre, ni el debido amor
que debía a Penélope hacer dichosa,
vencer pudieron dentro de mí el ardor
que tuve de hacerme del mundo experto
y de los vicios humanos y de su valor;
antes, me lancé por el alto mar abierto;
con sólo un barco y con aquellos compañeros
pocos, de los que no fui abandonado.

De costa en costa vi al final los límites de España,
hasta el Marruecos, y la isla de los Sardos,
y las otras que aquel mar en torno baña.

Yo y mis compañeros éramos viejos y tardos
cuando llegamos a aquella fosa estrecha
donde Hércules marcó sus dos resguardos
para que el hombre más allá no se meta;
a la derecha mano dejé Sevilla,
de la otra ya había dejado Ceuta.
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A. TENNYSON

Ulises (fragmento)

De nada sirve que viva como un rey inútil
junto a este hogar apagado, entre rocas estériles,
el consorte de una anciana, inventando y decidiendo
leyes arbitrarias para un pueblo bárbaro,
que acumula, y duerme, y se alimenta, y no sabe quién soy.
No encuentro descanso al no viajar; quiero beber
la vida hasta las heces. Siempre he gozado
mucho, he sufrido mucho, con quienes
me amaban o en soledad; en la costa y cuando
con veloces corrientes las constelaciones de la lluvia
irritaban el mar oscuro. He llegado a ser famoso;
pues siempre en camino, impulsado por un corazón hambriento,
he visto y conocido mucho: las ciudades de los hombres
y sus costumbres, climas, consejos y gobiernos,
no siendo en ellas ignorado, sino siempre honrado en todas;
y he bebido el placer del combate junto a mis iguales,
allá lejos, en las resonantes llanuras de la lluviosa Troya.
Formo parte de todo lo que he visto;
y, sin embargo, toda experiencia es un arco a través del cual
se vislumbra un mundo ignoto, cuyo horizonte huye
una y otra vez cuando avanzo.
¡Qué fastidio es detenerse, terminar,
oxidarse sin brillo, no resplandecer con el ejercicio!
Como si respirar fuera la vida.
Una vida sobre otra
sería del todo insuficiente, y de la única que tengo
me queda poco; pero cada hora me rescata
del silencio eterno, añade algo,
trae algo nuevo; y sería despreciable
guardarme y cuidarme el tiempo de tres soles,
y refrenar este espíritu ya viejo, pero que arde en el deseo
de seguir aprendiendo, como se sigue a una estrella que cae,
más allá del límite más extremo del pensamiento humano.
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N. KAZANTZAKIS

Odisea, Rapsodia II, 1436-1475

despedíos de la isla, desarraigad la patria;
y el que pueda que la arroje al agua tras él como un peñasco,
y el que no se hartó de ella entre vosotros, cuélguela como amuleto,
pues al alba partimos para el último viaje sin retorno”.
Dijo, y los compañeros, cargados de odres de vino y harina
y variadas mercancías de alacena y así como de armas nuevas,
ya a medianoche, en silencio, desde el portalón salieron,
y caminando con pasos pesados, tomaron el camino del navío.

Subió Odiseo, inmutable, a su lecho elevado,
y se tendió- postrera vez- junto a la pobre mujer.
Un sueño dulce, reparador, le hizo descansar el pensamiento;
mas antes de aclarar se alzó el gallo colorado
y cantó en el patio grande, en los bordes del brocal.
Y oyó en su sueño el arquero al ave alegre de-la-cresta-triple;
levántase de un salto y se ciñe la daga de hierro,
cuelga el arco enroscado en sus tostadas espaldas,
y abre furtivo la armella, que no se asuste la mujer.
Mas ella la noche entera velaba con los párpados cerrados,
y sellaba sus labios una incurable pena muda;
y al crujir el cerrojo, los ojos entreabre suavemente
y divisa en la brumosa aurora al marido que se marcha.
No se movió ni se arrojó a abrazar llorando sus rodillas;
bien sabía la infeliz que no hay ya esperanza alguna;
mas cuando oyó los escalones rechinar y llorar, se levantó
y a la ventanilla azul se abalanzó y alcanza a divisarlo
cómo cruza en puntillas, calmado, por los atrios e, igual que un ladrón,
coge ansiosamente el pasador de bronce del portón,
y sin volverse hacia atrás atraviesa con ímpetu la puerta;
la desdichada entonces ya saca los lamentos y se desgarra de dolor piel y cabello.
Y el cruel viajero, en tanto, la escarcha cristalina de la noche
absorbe en su entraña sedienta y extiende sus brazos
y presuroso toma la bajada de la playa en penumbra.
Con vigor trabajaban los dragones en la orilla y empujaban poco a poco
la nueva embarcación airosa en las tiznadas armadías,
y Súralos el músico rociaba con agua los morillos para que no encendieran.
Y cuando se preparaban para el último impulso,
apareció el capitán y extendiendo la mano
a las olas precipitó con energía el bajel virginal
y segó el cordón umbilical de la entraña amada de la patria.
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CONSTANTINO KAVAFIS

Segunda Odisea


Segunda Odisea


Odisea segunda y grande,
mayor quizás que la primera. Pero ay,
sin Homero, sin hexámetros.
Era pequeña su casa paterna
era pequeña su ciudad paterna
y toda su Ítaca era pequeña.

La ternura de Telémaco, la fe
de Penélope, la ancianidad del padre,
sus antiguos amigos, el amor
del abnegado pueblo,
el feliz reposo del hogar,
penetraron cual rayos de alegría
en el corazón del navegante.

Y cual rayos se apagaron.
La sed
del mar se despertó dentro de él.
Odiaba el aire de la tierra firme.
Su sueño turbaban por la noche
los fantasmas de Hesperia.
Lo venció la nostalgia
de los viajes, y de las llegadas
matinales a los puertos donde,
con qué alegría, entras por primera vez.

La ternura de Telémaco, la fe
de Penélope, la ancianidad del padre,
sus antiguos amigos, el amor
del abnegado pueblo,
y la paz y el reposo
de la casa lo aburrieron.
Y se marchó.
Cuando las costas de Ítaca
se desvanecían poco a poco frente a él
y navegaba hacia occidente a toda vela,
hacia Iberia, hacia las columnas de Hércules,-
lejos de todo mar aqueo-,
sintió que revivió, que
arrojó las pesadas ataduras
de cosas conocidas y domésticas.
Y su corazón aventurero
se regocijaba fríamente, vacío de amor.

/*____________________________

CONSTANTINO KAVAFIS

Ítaca


Cuando salgas en el viaje , hacia Ítaca
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas,
tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergues delante de ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas la mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.

Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Ítaca

Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan.
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LEON KUKULAS

Pequeña Odisea

Nos salvamos de los Cíclopes
y nuestro anhelo de llegar un día a Ítaca
reavivó mil veces el rescoldo
de nuestra alma, que poco a poco se enfriaba.

Y ni las yerbas mágicas de Circe,
ni siquiera los filtros de la Sirenas
que acaso nos guardaban nuevos goces,
pudieron cambiar nuestro propósito.

Por ese nuestro objetivo, apreciamos como injustos
y ante la bondad ingratos a menudo
e impasibles dejamos, al partir,
en su desolación a Calipso sollozando.

Y nos negamos nuevas glorias y riquezas
y sin pena contemplamos cierto día
perderse para siempre entre la bruma gris
la espléndida visión de los Feacios.

Y ahora que hemos retornado a Ítaca,
cuando a menudo narramos lo pasado,
como más dulce sentimos su angustia
que la serenidad de nuestra vida muelle.

Y nuestro dolor se nos hace infinito,
con que nos castiga una amarga contrición,
pues no sopla ya el viento en nuestros aparejos,
y para siempre terminó la travesía.

(Caminos desconocidos)

/*_______________________________


LEFTERIS ALEXÍU

Odysseus und Kalypso Arnold Böcklin

Ulises así habló a Calipso cuando decidió Abandonarla


Nieve semeja en el velado atardecer
tu cuerpo diáfano. Con ardor envolvente
igual que de reptil, el amor serpentino
cual brazo firme estrecha mi cintura.

El grillo que no calla de tu beso
y tu mirar me hicieron inmortal.
Nada veo ni escucho. Como abejas
el antiguo recuerdo me circunda.

Me llaman las gaviotas. Clama el ponto
Tiembla la espuma en mis párpados húmedos,
y la inmortalidad me es servidumbre.

Dame otra vez el incierto destino;
que me lleve la libre fantasía
en un madero por la mar salada.

_________________________


YORGOS SARANDIS



Odiseo

Puesto que fuiste el causante de la desaparición de Troya
no te extrañes de hallarte bajo persecución divina
combatiendo con dioses invidentes y rudas esperanzas
no te extrañes
tú el más ingenioso entre los hombres.

La primera emboscada de los dioses es la nostalgia
es el juego insensato con tu alma
la malhadada quimera del regreso.

Pero qué esperas viajando en tu
oscura suerte
pero qué esperas huyendo entre los años
qué esperas cuando te mata el lúgubre lamento de Troya
que te sigue
cuando estalla la ira de los dioses y te barre
cuando te doblega el tiempo delirante.

Desnudo llegarás a tu isla
- pero mejor que no llegaras -
ya que has perdido todos tus compañeros
tu virtud en aventura sin objeto
tu prudencia en duda lucha sin sentido
ya que has perdido lo más selectos años de tu vida.

era la malhadada quimera que te enfermó el entendimiento
el juego con tu alma de los dioses sin corazón
tú sin embargo
- el más ingenioso de los hombres -
cómo no adivinaste
qué amargura
cuánto castigo
qué nuevas heridas traerá
el fin de tu inquieto camino
el vano regreso
tu triste arribar a la Ítaca asolada.

________

Homero


Perro de Ulises

El perro de Odiseo

"Así estos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el perro del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión.

Anteriormente lo llevaban los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; pero entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho estiércol de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para abonar los extensos campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de pulgas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, pero ya no pudo salir al encuentro de su amo. 

Entonces Odiseo, que le vio desde lejos, se enjugó una lágrima sin que se percatara Eumeo y le preguntó: 'Eumeo, es extraño que este perro esté tumbado entre el estiércol. Su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, era rápido en la carrera, o era como esos perros falderos que crían los señores por lujo'. 

Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo: 'Ese perro perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su rapidez y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo del espeso bosque, porque era sumamente hábil en seguir un rastro.

 Pero ahora le abruman los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes muchachas no lo cuidan, porque los siervos, cuando los amos ya no mandan, no quieren hacer los trabajos que les corresponden, pues Zeus quita a un hombre la mitad de su valía cuando le alcanza el día de la esclavitud.' Diciendo así, entró por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes, pero Argos muere a poco de reconocer a su amo luego de veinte años".

Fragmento de La Odisea - Libro XVII