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8 de marzo de 2013

Lesbos (Árboles en invierno) Sylvia Plath (3)







LESBOS

Viciousness in the kitchen!
The potatoes hiss.
It is all Hollywood, windowless,
The fluorescent light wincing on and off like a terrible migraine,
Coy paper strips for doors --
Stage curtains, a widow’s frizz.
And I, love, am a pathological liar,
And my child -- look at her, face down on the floor,
Little unstrung puppet, kicking to disappear --
Why she is schizophrenic,
Her face is red and white, a panic,
You have stuck her kittens outside your window
In a sort of cement well
Where they crap and puke and cry and she can’t hear.
You say you can’t stand her,
The bastard’s a girl.
You who have blown your tubes like a bad radio
Clear of voices and history, the staticky
Noise of the new.
You say I should drown the kittens. Their smell!
You say I should drown my girl.
She’ll cut her throat at ten if she’s mad at two.
The baby smiles, fat snail,
From the polished lozenges of orange linoleum.
You could eat him. He’s a boy.
You say your husband is just no good to you.
His Jew-Mama guards his sweet sex like a pearl.
You have one baby, I have two.
I should sit on a rock off Cornwall and comb my hair.
I should wear tiger pants, I should have an affair.
We should meet in another life, we should meet in air,
Me and you.

Meanwhile there’s a stink of fat and baby crap.
I’m doped and thick from my last sleeping pill.
The smog of cooking, the smog of hell
Floats our heads, two venemous opposites,
Our bones, our hair.
I call you Orphan, orphan. You are ill.
The sun gives you ulcers, the wind gives you T.B.
Once you were beautiful.
In New York, in Hollywood, the men said: 'Through?
Gee baby, you are rare.'
You acted, acted for the thrill.
The impotent husband slumps out for a coffee.
I try to keep him in,
An old pole for the lightning,
The acid baths, the skyfuls off of you.
He lumps it down the plastic cobbled hill,
Flogged trolley. The sparks are blue.
The blue sparks spill,
Splitting like quartz into a million bits.

O jewel! O valuable!
That night the moon
Dragged its blood bag, sick
Animal
Up over the harbor lights.
And then grew normal,
Hard and apart and white.
The scale-sheen on the sand scared me to death.
We kept picking up handfuls, loving it,
Working it like dough, a mulatto body,
The silk grits.
A dog picked up your doggy husband. He went on.

Now I am silent, hate
Up to my neck,
Thick, thick.
I do not speak.
I am packing the hard potatoes like good clothes,
I am packing the babies,
I am packing the sick cats.
O vase of acid,
It is love you are full of. You know who you hate.
He is hugging his ball and chain down by the gate
That opens to the sea
Where it drives in, white and black,
Then spews it back.
Every day you fill him with soul-stuff, like a pitcher.
You are so exhausted.
Your voice my ear-ring,
Flapping and sucking, blood-loving bat.
That is that. That is that.
You peer from the door,
Sad hag. 'Every woman’s a whore.
I can’t communicate.'

I see your cute décor
Close on you like the fist of a baby
Or an anemone, that sea
Sweetheart, that kleptomaniac.
I am still raw.
I say I may be back.
You know what lies are for.

Even in your Zen heaven we shan’t meet.

LESBOS

«¡Crueldad en la cocina!
Las patatas hierven.
Hollywood en estado puro, sin ventanas,
la luz fluorescente crispándose como atacada de una terrible migraña,
el papel barato se despega de las puertas –
las cortinas del escenario, una viuda con el pelo rizado.
Y yo, amor mío, soy una mentirosa patológica,
y mi niña – mírala, boja abajo en el suelo,
pequeña marioneta sin hilos, pataleando para desaparecer-
por qué es esquizofrénica,
su cara blanca y colorada, un horror,
has tirado sus gatitos por la ventana
a un patio de cemento
en el que cagan y vomitan y lloran y ella no puede oírlos.
Dices que no puedes soportarla,
es una bastarda.
Tú que has reventado tus bronquios como una radio averiada
vacía de voces e historia, el estático
ruido de lo nuevo.
Dices que yo debería ahogar a los gatitos. ¡Su olor!
Dices que debería ahogar a mi niña.
Ella le cortará el cuello a las diez si enloquece a las dos.
La niña sonríe, caracol gordo,
desde los encerados rombos de linóleo naranja.
Podrías comértelo. Es un niño.
Dices que tu marido no te trata bien.
Su mamá-judía custodia su dulce sexo como una perla.
Tú tienes un bebé. Yo tengo dos.
Tendría que sentarme a peinar mis cabellos sobre una roca en Cornualles.
Tendría que llevar pantalones de tigre, debería tener una aventura.
Tendríamos que encontrarnos en otra vida, tendríamos que encontrarnos en el aire,
tú y yo.

Entretanto hay un hedor a gordura y caca de bebé.
Estoy confusa, drogada con mi último somnífero.
El humo de la cocina, el humo del infierno
flota sobre nuestras cabezas, dos enemigos venenosos,
sobre nuestros huesos, sobre nuestro pelo.
Te llamo Huérfana, huérfana. Estás enferma.
El sol te produce úlceras, el viento, tuberculosis.
Llegaste a ser hermosa.
En Nueva York, en Hollywood, los hombres decían: “¿Ya acabaste?
Oye, eres un poco rara.”
Actuabas, actuabas, actuabas para emocionarnos.
El marido impotente sale tambaleándose a por su café.
Trato de impedírselo,
su viejo poste para los rayos,
los baños de ácido, un cielo lejano.
Él con todo hace un montón al bajar la cuesta adoquinada de plástico,
tranvía flagelado. Las chispas son azules.
Saltan las chispas azules,
desintegrándose como el cuarzo en millones de partículas.

¡Oh, joya! ¡Oh, tesoro!
Aquella noche la luna
arrastraba su bolsa de sangre, animal
enfermo
más allá de las luces de puerto.
Y luego volvió a su normalidad,
indiferente y lejana y blanca.
Su reflejo en la arena me aterró.
Seguimos haciendo montones, disfrutando,
modelándola como si fuera masa, un cuerpo de mulata,
arena de seda.
Un perro ayudó a levantarse a tu despreciable marido. Él siguió su marcha.

Ahora callo, mi cuerpo está
lleno de odio,
profundo, profundo.
No digo nada.
Guardo las patatas viejas como si fueran ropa buena,
guardo los niños,
guardo los gatos enfermos.
Oh, vasija de ácido,
es el amor quien te llena. Sabes a quien odias.
Él se abraza a su bola y a su cadena junto a la puerta
que se abre al mar
a donde lo conduce, blanco y negro,
para luego vomitarlo.
Todos los días lo colmas con asuntos del alma, como si fuese un cántaro.
Estás agotada.
Tu voz mi pendiente,
aleteando y succionando, murciélago sediento de sangre.
Así son las cosas. Así son las cosas.
Observas desde la puerta,
triste hechicera. “Todas las mujeres son unas putas.
No sé como comunicarme.”Veo tu hermoso decorado
cerrarse sobre ti como el puño de un bebé
o como una anémona, la enamorada
del mar, esa cleptómana.
Todavía soy pura.
Digo que puede que regrese.
Ya sabes para qué se miente.

Ni siquiera en tu cielo Zen lograremos encontrarnos.»

(Versión Manuel Ramos Chouza)

Árboles en invierno

7 de marzo de 2013

Gigoló Sylvia Plath Arboles en invierno (2)

Árboles en invierno
Pelicula basada en su vida

Gigolo

Pocket watch, I tick well.
The streets are lizardy crevices Sheer-sided, with holes where to hide. It is best to meet in a cul-de-sac, A palace of velvet With windows of mirrors. There one is safe, There are no family photographs, No rings through the nose, no cries. Bright fish hooks, the smiles of women Gulp at my bulk And I, in my snazzy blacks, Mill a litter of breasts like jellyfish. To nourish The cellos of moans I eat eggs - Eggs and fish, the essentials, The aphrodisiac squid. My mouth sags, The mouth of Christ When my engine reaches the end of it. The tattle of my Gold joints, my way of turning Bitches to ripples of silver Rolls out a carpet, a hush. And there is no end, no end of it. I shall never grow old. New oysters Shriek in the sea and I Glitter like Fontainebleau Gratified, All the fall of water and eye Over whose pool I tenderly Lean and see me.

GIGOLÓ

Reloj de bolsillo, mi tic-tac es bueno. Las calles son grietas de lagarto escarpadas, con agujeros donde esconderse. Lo mejor es encontrarse en un callejón sin salida, un palacio de terciopelo con ventanas de espejos. Allí uno se siente seguro, sin fotografías de familia, sin aros en la nariz, sin gritos brillantes anzuelos de pesca, a las mujeres se les corta la sonrisa ante mi tamaño y yo, con mi elegante ropa negra, pisoteo un montón de corazones como si fuesen medusas. Para alimentar el sonido de violonchelo de los gemidos yo como huevos - huevos y pescado, lo esencial, el calamar afrodisíaco. Mi boca se contrae, la boca de Cristo cuando mis fuerzas llegan a su fin. El sonido de mis doradas articulaciones, el modo en que convierto maldiciones en murmullos de plata extiende una alfombra a mis pies, un silencio. Y no hay un final, no se termina. Nunca maduraré. Jóvenes ostras gritan de dolor en el mar y yo reluzco como Fontainebleau satisfecha, la entera catarata de agua es un ojo en cuyo remanso con lentitud me inclino a contemplarme.

Ärboles en invierno Sylvia Plath (1)

Sylvia Plath
Edición Bilingüe
 Árboles en invierno apareció en inglés en 1971 (siete años tras la muerte de su autora) y se supone que recoge lo último de su producción poética. Hay que diferenciar muy claro en este libro la primera parte (la titulada propiamente “árboles en invierno”), de la segunda, un poema radiofónico, “Tres mujeres (Poema para tres voces)”, que aunque en edición minoritaria, existía ya en español, desde 1992. Este poema (emitido por la BBC, en 1962) parece un trabajo más pensado, si menos desasosegado, que los poemas de la parte primera, a la que le une el tema de la maternidad y de la condición femenina. “Tres mujeres” son las voces -unitarias y plurales- de la madre realizada en la maternidad, de la mujer que ha abortado (la sangre aparece en contumaz recurrencia a lo largo del libro) y finalmente la de otra mujer que teme ser madre y que nunca podrá hacerse cargo de sus hijos. Entrecruzadas, con momentos de mucha intensidad -“¿Puede la nada ser tan pródiga?” -uno ve a Plath en las tres voces. Su satisfacción y sus terrores, que se hacen mucho más evidentes en los poemas de la primera parte. Poemas de una mujer sola, abandonada y con niños, al borde de un abismo que desea y teme.

 Winter Trees


The wet dawn inks are doing their blue dissolve.
On their blotter of fog the trees
Seem a botanical drawing.
Memories growing, ring on ring,
A series of weddings.

Knowing neither abortions nor bitchery,
Truer than women,
They seed so effortlessly!
Tasting the winds, that are footless,
Waist-deep in history.

Full of wings, otherworldliness.
In this, they are Ledas.
O mother of leaves and sweetness
Who are these pietas?
The shadows of ringdoves chanting, but easing nothing.


Árboles en Invierno


Las húmedas tintas del amanecer se diluyen en su azul.
Con su secante de niebla los árboles
semejan un dibujo botánico -
recuerdos que surgen, anillo sobre anillo,
una sucesión de bodas.

Sin saber de abortos ni rencores,
más fieles que las mujeres,
¡se siembran con tan poco esfuerzo!
Saboreando los vientos, que no tienen raíces,
inmersos en la historia -

repletos de alas, pura espiritualidad.
Así, son Ledas.
¡Oh! madre de las hojas y la dulzura
¿quiénes son estas imágenes de la Piedad?
Las sombras de las palomas con su salmodia, que nada alivia.

Versión de Manuel Ramos Chouza


Child

Your clear eye is the one absolutely beautiful thing.
I want to fill it with color and ducks,
The zoo of the new

Whose names you meditate -
 April snowdrop, Indian pipe,
Little

 Stalk without wrinkle,
Pool in which images
Should be grand and classical

Not this troublous
Wringing of hands, this dark
Ceiling without a star.

 NIÑO

Tu Mirada clara es la belleza absoluta.
Quiero llenarla de color y ánades,
el zoo de lo naciente

en cuyos nombres meditas –
campanilla de Abril, flor de hielo,
pequeños

tallos sin pliegues,
estanque en el que las imágenes
deberían ser sublimes y clásicas

no este retorcerse
nervioso de las manos, este oscuro
techo sin una estrella.

Versión de Manuel Ramos Chouza


Nota: Seguiré publicando en versión bilingüe los poemas de "Árboles en invierno", en este mes.