Me ven ahora

27 de junio de 2012

El hombre imaginario Nicanor Parra

El hombre imaginario

El hombre imaginario 
 vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
 a la orilla de un río imaginario

 De los muros que son imaginarios
 penden antiguos cuadros imaginarios
 irreparables grietas imaginarias
 que representan hechos imaginarios
 ocurridos en mundos imaginarios 
 en lugares y tiempos imaginarios

 Todas las tardes tardes imaginarias 
 sube las escaleras imaginarias
 y se asoma al balcón imaginario 
 a mirar el paisaje imaginario 
 que consiste en un valle imaginario
 circundado de cerros imaginarios

 Sombras imaginarias
 vienen por el camino imaginario
 entonando canciones imaginarias
 a la muerte del sol imaginario

 Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria 
 que le brindó su amor imaginario 
 vuelve a sentir ese mismo dolor 
 ese mismo placer imaginario
 y vuelve a palpitar
 el corazón del hombre imaginario


 de Hojas de parra (Santiago, Ganímedes, 1985)

26 de junio de 2012

Wislawa Szymborska / Agradecimiento




AGRADECIMIENTO


Debo mucho
a quienes no amo.


El alivio con que acepto
que son más queridos por otro.

La alegría de no ser yo
el lobo de sus ovejas.

Estoy en paz con ellos
y en libertad con ellos,
y eso el amor ni puede darlo
ni sabe tomarlo.


No los espero
en un ir y venir de la ventana a la puerta.


Paciente
casi como un reloj de sol
entiendo
lo que el amor no entiende;
perdono
lo que el amor jamás perdonaría.

Desde el encuentro hasta la carta
no pasa una eternidad,
sino simplemente unos días o semanas.


Los viajes con ellos siempre son un éxito,
los conciertos son escuchados,
las catedrales visitadas,
los paisajes nítidos.


Y cuando nos separan
lejanos países
son países
bien conocidos en los mapas.

Es gracias a ellos
que yo vivo en tres dimensiones,
en un espacio no-lírico y no-retórico,
con un horizonte real por lo móvil.


Ni siquiera imaginan
cuánto hay en sus manos vacías.


"No les debo nada",
diría el amor
sobre este tema abierto.

24 de junio de 2012

Julio Cortazar Rayuela Capitulo 7


Capítulo 7


 Rayuela, Cap. 7


Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.



22 de junio de 2012

Wislawa Szymborska / Aquí

 

AQUÍ


No sé cómo será en otras partes
pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.
Aquí se fabrican sillas y tristezas,
tijeras, violines, ternura, transistores,
diques, bromas, tazas.

Puede que en otro sitio haya más de todo,
pero por algún motivo no hay pinturas,
cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.

Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.
Algunos te pueden gustar especialmente,
puedes llamarlos a tu manera,
y librarlos del mal.

Puede que en otro sitio haya lugares así,
aunque nadie los encuentre bonitos.

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,
aquí tengas un torso separado
y con él los instrumentos necesarios
para añadir los propios a los niños de otros.
Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,
todo el tiempo cuenta, compara, mide,
saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.

Ya, ya sé lo que estás pensando.
Aquí no hay nada duradero,
porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos.

Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido
y a veces tienen que descansar mucho
hasta la próxima vez.

Y sé qué más estás pensando.
Guerras, guerras, guerras.
Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes – la gente es mala.
Descansen – la gente es buena.
A la voz de firmes se produce devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.

La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.

Y por si eso fuera poco,
giras sin billete en un carrusel de planetas,
y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,
en unos tiempos tan vertiginosos
que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien
la mesa está donde estaba,
en la mesa una carta, colocada como estaba,
a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura
por la que el viento se te lleve a ninguna parte.


Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano

21 de junio de 2012

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, EL CUENTO DEL GALLO CAPÓN


EL CUENTO DEL GALLO CAPÓN



Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento del gallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.


20 de junio de 2012

Julio Cortázar, Diario a diario


El diario a diario


Un señor toma un tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diaro, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.

 En Historia de Cronopios y Famas
Julio Cortazar




19 de junio de 2012

Augusto Monterroso - La vida en común - Guatemala




LA VIDA EN COMÚN

Alguien que a toda hora se queja con amargura de tener que soportar su cruz (esposo, esposa, padre, madre, abuelo, abuela, tío, tía, hermano, hermana, hijo, hija, padrastro, madrastra, hijastro, hijastra, suegro, suegra, yerno, nuera) es a la vez la cruz del otro, que amargamente se queja de tener que sobrellevar a toda hora la cruz (nuera, yerno, suegra, suegro, hijastra, hijastro, madrastra, padrastro, hija, hijo, hermana, hermano, tía, tío, abuela, abuelo, madre, padre, esposa, esposo) que le ha tocado cargar en esta vida, y así, de cada quien según su capacidad y a cada quien según sus necesidades.

La bella durmiente Quim Monzó



                     En medio de un claro, el caballero ve el cuerpo de la muchacha, que duerme sobre una litera hecha con ramas de roble y rodeada de flores de todos los colores. Desmonta rápidamente y se arrodilla a su lado. Le coge una mano. Está fría. Tiene el rostro blanco como el de una muerta. Y los labios finos y amoratados. Consciente de su papel en la historia, el caballero la besa con dulzura. De inmediato la muchacha abre los ojos, unos ojos grandes, almendrados y oscuros, y lo mira: con una mirada de sorpresa que enseguida (una vez ha meditado quién es y dónde está y por qué está allí y quién será ese hombre que tiene al lado y que, supone, acaba de besarla) se tiñe de ternura. Los labios van perdiendo el tono morado y, una vez recobrado el rojo de la vida, se abren en una sonrisa. Tiene unos dientes bellísimos. El caballero no lamenta nada tener que casarse con ella, como estipula la tradición. Es más: ya se ve casado, siempre junto a ella, compartiéndolo todo, teniendo un primer hijo, luego una nena y por fin otro niño. Vivirán una vida feliz y envejecerán juntos.
   Las mejillas de la muchacha han perdido la blancura de la muerte y ya son rosadas, sensuales, para morderlas. Él se incorpora y le alarga las manos, las dos, para que se coja a ellas y pueda levantarse. Y entonces, mientras (sin dejar de mirarlo a los ojos, enamorado) la muchacha (débil por todo el tiempo que ha pasado acostada) se incorpora gracias a la fuerza de los brazos masculinos, el caballero se da cuenta de que (unos 20 o 30 metros más allá, antes de que el claro dé paso al bosque) hay otra muchacha dormida, tan bella como la que acaba de despertar, igualmente acostada en una litera de ramas de roble y rodeada de flores de todos los colores.




16 de junio de 2012

Liberacion Sándor Márai (Fragmento)




  “—Ya ve —dice el hombre, indulgente, como si le divirtiera la conversación—, tal vez eso esté en la base de todo malentendido. La generalización, ése es el gran problema, la causa común de todo mal. Usted tiene las mejores intenciones, sin embargo dice: ellos, los judíos… Es la primera en creer que los judíos comparten un secreto común, un funesto espíritu de pertenencia. Pero eso no es verdad —asegura serio, casi solemne—. Hablar de los judíos es una generalización igual que decir «los cristianos». Hay judíos y hay cristianos, y la ascendencia, la religión, la forma de vida, la raza, sin duda reflejan ciertos rasgos comunes… Pero los judíos entre sí se diferencian más de lo que se asemejan. Créame…”



14 de junio de 2012

Edgar Allan Poe El cuervo



Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

Paul Auster Ciudad de cristal Fragmentos


"En cuanto a mí, tengo días buenos y días malos. Cuando vienen los días malos, pienso en los que fueron buenos. La memoria es una gran bendición. Lo mejor después de la muerte.

.
.
.

—Los años pesan mucho, en verdad. Pero tenemos tanto que agradecer. El paso del tiempo nos envejece, pero también nos da el día y la noche. Y cuando morimos, siempre hay alguien que ocupa nuestro lugar.

12 de junio de 2012

Gustavo Adolfo Bécquer, RIMA LIII



RIMA LIII

   Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
        jugando llamarán.

  Pero aquellas que el  vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
        ¡esas... no volverán!.

  Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
        sus flores se abrirán.

  Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
        ¡esas... no volverán!

  Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
        tal vez despertará.

  Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...; desengáñate,
        ¡así... no te querrán!


Gustavo Adolfo Bécquer

11 de junio de 2012

Harper Lee Matar un ruiseñor (fragmento)





 "Cuando nos dió nuestros rifles de aire, Atticus no nos enseñó a disparar. Fue el tío Jack quien nos instruyó en sus principios, dijo que Atticus no estaba interesado en armas. Atticus le dijo a Jem un día,
-Prefiero que disparen a las latas vacías en el patio trasero, pero se que ustedes van tras los pájaros. Dispara a todos los pájaros azules que quieras, si es que les puedes acertar, pero recuerda que es un pecado matar un ruiseñor-.
Ese fue el único momento que escuché a Atticus decir que era un pecado hacer algo, y le pregunté a la señorita Maudie al respecto. -Tu padre tiene razón-, me dijo ella. Los ruiseñores no hacen otra cosa que crear música para que la disfrutemos. No se comen los jardines de la gente, no hacen nidos en los graneros, no hacen otra cosa que cantar su corazón para nosotros. Es por eso que es un pecado matar a un ruiseñor". 

9 de junio de 2012

Wislawa Szymborska / Mi difícil vida con la memoria

La persistencia de la memoria
Salvador Dalí, 1931
Museo de Arte Moderno de Nueva York, Nueva York, Estados Unidos


En este poema "Mi difícil vida con la memoria", uno se pregunta por los espacios en que uno estuvo y que ya no reconoce como suyos, momentos que corresponden- creo yo- a sensaciones extrañas, como si allí hubiese habido otro “yo”, una especie de desdoblamiento del alma.

Soy mal público para mi memoria.
Quiere que continuamente escuche su voz,
y yo no dejo de moverme, carraspeo,
escucho y no escucho,
salgo, regreso y vuelvo a salir.

Quiere ocupar mi atención y mi tiempo por completo.
Cuando duermo le resulta fácil.
De día, depende, y eso le molesta un poco.

Me desliza insistente antiguas cartas, fotografías,
trata hechos importantes y sin importancia,
pone la mirada en paisajes inadvertidos,
los puebla con mis muertos.

En sus historias siempre soy más joven.
Es agradable, sólo que para qué seguir insistiendo en eso.
Los espejos me dicen otra cosa.

Se enfurece cuando me encojo de hombros.
Y, vengativa, me echa en cara todos mis errores,
graves, luego fácilmente olvidados.
se mira a los ojos, espera a ver qué digo.
Al final me consuela con que pudo haber sido peor.

Quiere que viva ya sólo con ella y para ella.
De preferencia en una habitación oscura y cerrada,
y en mis planes hay siempre un sol presente,
nubes actuales, caminos en curso.

A veces estoy harta de su compañía.
Le propongo separarnos. Desde hoy y para siempre.
Entonces sonríe compasiva,
pues sabe que para mí también sería una condena.

Del libro Aquí, Bartleby editores, Madrid, 2009, traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano

6 de junio de 2012

Wislawa Szymborska / Divorcio


DIVORCIO


Para los niños el primer fin del mundo de su vida.
Para el gato un nuevo dueño.
Para el perro una dueña nueva.
Para los muebles escaleras, golpes, carga, descarga.
Para las paredes claros cuadrados tras los cuadros descolgados.
Para los vecinos de la planta baja un tema, una pausa en el hastío.


Para el coche mejor que fueran dos.
Para las novelas, la poesía — de acuerdo, llévate lo que quieras.

Peor para la enciclopedia y el vídeo, ah, y para el manual de ortografía,
donde tal vez se explique el tema de los dos nombres:
si todavía unirlos con la conjunción “y”,
o ya separarlos con un punto.


 (Del libro Aquí, Bartleby editores, Madrid, 2009, traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano)

4 de junio de 2012

Mario Benedetti Táctica y estrategia


Mi táctica es 
mirarte 
aprender como sos 
quererte como sos 

mi táctica es 
hablarte 
y escucharte 
construir con palabras 
un puente indestructible 

mi táctica es 
quedarme en tu recuerdo 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
pero quedarme en vos 

mi táctica es 
ser franco 
y saber que sos franca 
y que no nos vendamos 
simulacros 
para que entre los dos 
no haya telón 
ni abismos 

mi estrategia es 
en cambio 
más profunda y más 
simple 

mi estrategia es 
que un día cualquiera 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
por fin me necesites.

3 de junio de 2012

Mario Benedetti Hagamos un trato


Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

2 de junio de 2012

Robert Graves: “Los Mitos Griegos”: “Orfeo”


I) Orfeo y Eurídice.

Orfeo, hijo del rey tracio Eagro y la musa Calíope, fue el poeta y músico más famoso de la época. Apolo le regaló una lira y las Musas le enseñaron a tocarla, de tal modo que no sólo encantaba a las fieras, sino que además hacía que los árboles y las rocas se movieran de sus lugares y lo siguieran. Después de una visita a Egipto, Orfeo se unió a los Argonautas, con quienes se embarcó para Cólquide, y su música les permitió lograr allí grandes hazañas. A su regreso se casó con Eurídice, y se instaló en Tracia.

Un día, en las cercanías de Tempe, Eurídice se encontró con Aristeo, quien trató de violarla. Ella pisó una serpiente al huir y, a causa de la mordedura, murió. Pero Orfeo, descendió audazmente al Tártaro, con la esperanza de traerla de vuelta. Utilizó el pasaje que se abre en Aorno, y a su llegada, blandiendo la lira, no sólo encantó al perro Cerbero, sino a Caronte, el barquero, y hasta a los tres Jueces de los Muertos con su música. De tal modo ablandó el corazón del Mundo Subterráneo que Hades mismo le concedió su permiso para que Eurídice retornara al mundo terrestre. La sola condición que puso fue que Orfeo no mirase hacia atrás hasta que ella estuviera de nuevo bajo la luz del sol. Dicho esto, Eurídice siguió a Orfeo por el oscuro pasaje, guiada por el son de su lira, y sólo cuando hubo llegado a la luz del día, Orfeo se dio vuelta para ver si ella lo seguía, con lo que la perdió para siempre (IBD Eurípides , Alcestes 357, Pausanias ix 30.3. Op Graves).
II) Muerte de Orfeo

Cuando Dionisios invadió Tracia; Orfeo no le rindió los honores debidos, sino que enseñó otros misterios sagrados y predicó la maldad del asesinato ritual a los hombres de Tracia. Ofendido por ello, Dionisios (*) hizo que lo atacaran las Ménades de Deyo, quienes lo mataron y arrojaron luego su cabeza al río Hebro, que siguió flotando y siguió cantando hasta llegar al mar, que la condujo a la Isla de Lesbos. (**) (IBD Aristófanes. Las Ranas 1032, Ovidio Metamorfosis xi 1-85. Op Graves). Las musas lloraron, recogieron sus miembros y los enterraron en Liebetra, al pie del Monte Olimpo. Las Ménades, enviadas de Dionisios, trataron de limpiarse la sangre de Orfeo en el río Helicón, pero el dios fluvial se metió bajo tierra y desapareció a lo largo de cuatro millas para volver a aflorar a la superficie con otro nombre, el Bafira.

___________________________________________________________________
Notas:

(*) Se dice que Orfeo había censurado la promiscuidad de las Ménades y predicado el amor homosexual, por lo que Afrodita estaba no menos irritada que Dionisios. Sin embargo, los olímpicos no estaban de acuerdo con el asesinato de Orfeo. Dionisios, ante las persecuciones que se entablaron hacia las Ménades, las salvó transformándolas en encinas. Los tracios que habían sobrevivido a la matanza decidieron tatuar a sus esposas como advertencia contra el asesinato de sacerdotes

(**) Pausanias (ii.30.2, ix 30.3) relata de manera completamente diferente la muerte de Orfeo. Dice que Zeus lo mató con un rayo por haber divulgado los secretos divinos. En verdad había instituido los Misterios de Apolo en Tracia, los de Hécate en Egina y los de Deméter Subterránea en Esparta.

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Fuente: Graves Robert. Los Mitos Griegos I. Buenos Aires. Alianza. 1998.

Delmore Schwartz (EEUU, 1913-1966)


EN EL LECHO DESNUDO EN LA CAVERNA DE PLATÓN

En el lecho desnudo, en la caverna de Platón
las luces se deslizaban furtivas por el muro
mientras los carpinteros martillaban bajo las persianas
y el viento bamboleaba el cortinaje a lo largo de la noche;
ahí estaban los camiones remontando la colina, agobiantes,
atiborrados de bultos, como de costumbre.
El cielo raso se iluminaba de nuevo; su diseño encorvado
se insinuaba discretamente.

Al oír los golpes del lechero, 
su penosa ascensión  por la escalera, el entrechoque de la botellas 
me levante de la cama, encendí un cigarrillo
y me abalancé hacia la ventana. La quietud
de la calle pedregosa envolvía  edificios
y alumbrados insomnes y caballos serenos.
La pureza inmaculada del cielo invernal
me invita a la cama con los ojos exhaustos



1 de junio de 2012

Alicia Morilla Massieu La Paz por bandera


La Paz por bandera


No creo en las guerras
ni creo en las armas,
no quiero ser soldado
ni bala, ni metralla,
quiero ser nube y cielo
de países sin fronteras,
quiero amar a la tierra
y que ella me quiera...
quiero dar la mano
a mi hermano
sin importarme
el color de su piel,
ni creencia, ni su lengua,
...quiero amor para el mundo,
y se formara de colores...
un arco de Paz por bandera
y con letras de amor
todas las poesías...
todos los poemas... de la tierra
de Paz por montera,
llevar por todos los países
del mundo...
el arco iris... La Paz,
¡Esta es mi bandera!.


La Pace per bandiera


Non credo nelle guerre
nè credo nelle armi
non voglio essere soldato
nè pallottola, nè mitraglia,
voglio essere nube e cielo
di Paesi senza frontiera,
voglio amare la terra
e che anche lei mi voglia bene...
voglio darle la mano
a mio fratello
senza importamene
il colore della sua pelle,
nè credenza, nè lingua,
...voglio amore per il mondo,
e si formerà di colori...
un arco di Pace per bandiera
e con scritture di amore
tute le poesie...
tutti i poemi... della terra
della Pace per
portare per tutti i Paesi
del mondo...
larco baleno... La Paz,
Questa è la mia bandiera!

                                                   Traducción Mirella de Blasio

30 de mayo de 2012

Orhan Pamuk - Constantinopla 1955


Constantinopla 1955.
A través de los ojos de Orhan Pamuk.




Los Griegos (romanos) que abandonaron en los últimos cincuenta años Estambul son más que aquellos que la dejaron en los años cincuenta después de 1453.
A comienzos del siglo pasado, la mitad de la población no era musulmana, y la gran parte de la población no musulmana la constituían los Griegos que eran la continuación de los Bizantinos.
En la infancia y en los primeros años adolescentes hubo un movimiento de nacionalismo turco intenso que sostuvo que el uso de la palabra Constantinopla significaba que los Turcos no pertenecían a esta ciudad, que los primeros propietarios de esta ciudad un día regresarían y nos echarían a nosotros los conquistadores desde hace 1500 años o, a lo menos, nos convertirían en ciudadanos de segunda categoría. Para los seguidores del nacionalismo turco el uso de la palabra "toma" tenía gran importancia.
Habían seguramente ocasiones que todavía los Otomanos llamaban a la ciudad Constantinopla.
Los Turcos que querían la ruptura de relaciones con Europa, preferían no enfatizar la "captura".
En los primeros años de la Guerra fría, Turquía, miembro de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico del Norte), no deseaba recordar al mundo la "captura".
Aunque después de dos años, en 1955, fueron destruidas y saqueadas las propiedades de los Griegos y de las otras minorías en Estambul, ya que era imposible que se reprimieran las poblaciones que habían sido instigadas por el gobierno turco. Estos hechos que incluían destrucciones de iglesias y asesinatos de arzobispos, se parecían, en saqueo y crueldad, a los hechos que describen los historiadores "Occidentales" de la "caída".
Los Griegos que abandonaron en los últimos cincuenta años la ciudad de Estambul, debido a los errores de los gobiernos turco y griego que se comportaban ante sus minorías, desde que Grecia y Turquía se volvieron estados nacionales, como si fueran rehenes, son más que aquellos que la abandonaron en los cincuenta años después de 1453.
En 1955, cuando los Ingleses se preparaban para irse de Chipre y los Griegos en retomar completamente el gobierno de la isla, un intendente de los servicios secretos turcos puso una bomba en la casa donde nació Ataturk (Mustafa Kemal), (“padre de los Turcos”) en Thessaloniki.
Cuando los periódicos con extensas ediciones y haciendo grande el incidente, difundieron la noticia, la población enemiga de las minorías no musulmanas se reunió en la Plaza Taksim, quemando, destruyendo y saqueando hasta la mañana, primero tiendas de donde comprábamos mi madre y yo en Begioglu y después, toda la ciudad.
Los movimientos destructores en regiones como Ortakioy, Balukli, Psomatheia, Fanari, donde vivían muchos Griegos, con violencia que causaba terror, quemaron y saquearon pequeñas y humildes tiendas de abarrotes griegas, destruyendo cercados y entrando a las casas, violando a Griegas y Armenias.
Podría alguien decir que se portaron de la misma forma cruel con los soldados que saquearon Estambul, cuando el sultán Maometh el Conquistador entró a la ciudad.
s tarde se descubrió que los organizadores, los cuales eran apoyados por el gobierno, para movilizar a los saqueadores, que por dos días expandieron terror en la ciudad y convirtieron Estambul en un infierno peor que las pesadillas de los cristianos y los Europeos que habían dicho que el saqueador estaba libre.
La mañana de la noche en que en las calles peligraba en ser linchado quien no era musulmán, Begioglu y la avenida Istiklal estaban llenas de objetos que no podían ser transportados de las tiendas saqueadas con las vitrinas y las puertas rotas, mas que habían sido destruidas con mucha alegría. Colores, colores, paisajes, paisajes, las telas, las alfombras y vestidos, y encima refrigeradores bocabajo, muñecos mutilados que miraban el cielo, y algunos tanques que por lo menos tarde habían salido a las calles para restablecer el orden.

Todo esto, ya que se describía por muchos años en casa, está vivo en mi mente, con todos los detalles, como si lo hubiera visto yo mismo.
ORHAN PAMUK
(Premio nobel de literatura 2006)
4 de septiembre de 2008


Traducción: Alejandro Aguilar

28 de mayo de 2012

El idiota. Gabriel Jiménez Emán


Cuando el sabio señaló la luna, el idiota se quedó mirando el dedo del sabio, y vio que se trataba del índice. Era un dedo arrugado, envuelto en una epidermis desgastada, cuyo tejido anterior se hacía tan fino que el espesor de la sangre, fragmentado en pequeños puntos rojos, se dividía a su vez en forma de tabique, debido a las líneas irregulares que en grupos de cinco separaban a las falanginas de las falangetas. Por la parte posterior, en la superficie de los nudillos, estas líneas eran más numerosas y parecían nervaduras de hoja, pues el sabio era tan viejo que la piel del nudillo era un pellejo de consistencia inerte, y hasta tenía ciertas marcas de los mordiscos leves que el sabio le había dado en los momentos de reflexión.
En los demás dedos del sabio había ciertos vellos que el idiota apenas conseguía registrar con el ojo, tal era su concentración en el índice, distintos de aquellos por ser lampiños, con los poros más grandes y de una uña más pronunciada, curva y de una pátina tenue de amarillo. Su superficie se adivinaba casi tan lisa como la de un cristal, y brillaba. El contorno de la cutícula estaba perfectamente dibujado; no había en su línea cóncava ni el más mínimo desprendimiento. El nacimiento de la próxima uña, blanco y puntiagudo, formaba con la cutícula un óvalo que el sabio miraba a veces, encontrando en él una especie de centro universal cuyo significado desconocía. Se detuvo por fin el idiota en la parte superior de la uña, que coincidía exactamente con el nivel de la yema y cuyo borde se inclinaba hacia abajo. Allí el idiota vio, perfectamente reflejada y redonda, a la luna.

27 de mayo de 2012

Adam Zagajewski Tierra del fuego



Adam Zagajewski es un poeta de la claridad. En sus versos asoman inviernos infinitos, sabor de hojas, arboledas y sonidos, casas como un bolsillo en un abrigo, violonchelos, aeropuertos, los vivos y los muertos, un anhelo, la memoria y, a veces, el tiempo circular. Zagajewski es asimismo un poeta visual, de palabras que son celebración del mundo y sus imágenes. Es el canto de un instante que se expande, que involucra, y en el que converge la realidad toda, epifánica y plural, siempre presente. Poeta exiliado, la suya no es, sin embargo, una poesía del exilio. Se le considera una de las figuras más relevantes y con más repercusión internacional de la nueva generación de poetas polacos.

Distinguido con el Premio Europeo di Poesia 2010 por el conjunto de su obra.

Bajo otra luz ves de repente el mundo,
las puertas de casas ajenas se entreabrirán por
un momento,
los pensamientos secretos saldrán, serán las fiestas
menos dolorosas,
más comprensible la alegría ajena,
y más bellas las caras.

Olvídate de ti, ciégate de éxtasis,
olvídate de todo, volverá así quizás
una fraternidad y una memoria más profundas,
y dirás no lo sé, no sé cómo ocurrió:
las palmeras abrieron mi corazón ansioso.



Traducción: Xavier Farré
Tierra del fuego, Adam Zagajewski
Ed. Acantilado

25 de mayo de 2012

Kennet Patchen y Allan Ginsberg





¿HAS MATADO HOY UN HOMBRE?

En estas manos, las ciudades; en mi temperatura, los ejércitos
de razones mejores que una muerte
bajo la estridente música de la guerra.
Multitudes de hombres astutos
han sido aniquilados; ellos buscaron el verdor de la vida
en un mundo más sombrío que el tuyo;
pero tú has nutrido el gusto de la enfermedad
hasta amortiguar todos los otros sabores de la boca;
sólo nosotros, resguardados al margen de los neblinosos
mantos
de la hipocresía y el crimen,
estamos «enfermos».
Esta es la salud que tú deseas.
Tuya es la salud del cerdo que arranca las raíces
de la vid que le entrega alimento;
nuestra es la enfermedad del cervatillo que es abatido
porque esa es la actividad de los cazadores: matarlo.
En tus manos, las ciudades; en mi mundo, la marcha
de hombres más nobles que todos esos que remontan senderos
dejando tras de sí el cadáver de lo saludable y lo hermoso.
(Kenneth Patchen, 1911 / 1972)

CALAVERA APESADUMBRADA
Para Allen Ginsberg

Oh semblante apesadumbrado de bufón,
La calavera humana,
con la cúpula huesuda y mordaz,
con la cuenca sombría,
el triángulo oscuro de la nariz
y los dientes quebrados que sonríen
en la futilidad de la nada.
Tu peso es el peso de una copa
de fútbol entre mis manos.
Eres tan ligera y modesta
y pequeña,
sin la amplitud de ojos y oídos
y barbilla
sino únicamente
solitaria
como una golondrina triste y negra
temblando en el viento.

(Michael McClure, 1932)

23 de mayo de 2012

El Enfado Eugenio Barragán


El enfado

Estoy enfadado, mucho, se me ha caído mi diente de leche. Estoy enojado, demasiado, y he decapitado a mi oso de peluche. No ha sido como otras veces. Debajo de la almohada, sólo me han dejado un vale para canjearlo por la rueda de una bicicleta. Al coco oscuro lo ahuyenté con el fogonazo de mi linterna. Mis soldados de plomo se ahogan en el orinal. El ratón Pérez agoniza bajo el peso de mi cama. Sí, estoy muy disgustado. Sólo espero que amanezca para que mis padres tropiecen con la trampa que les he preparado.

El enfado
Eugenio Barragán

20 de mayo de 2012

hacking

Perdónenme no haber publicado, mi cuenta fue hackeada. espero que no se vuelva a repetir,cambio mis contraseñan a menudo

5 de mayo de 2012

Wislawa Szymborska / Prospecto


Ya no hay otro Demonio


Prospecto


Soy un tranquilizante.
Funciono en casa,
soy eficaz en la oficina,
me siento en los exámenes,
comparezco ante los tribunales,
pego cuidadosamente las tazas rotas:
sólo tienes que tomarme,
disolverme bajo la lengua,
tragarme,
sólo tienes que beber un poco de agua.

Sé qué hacer con la desgracia,
cómo sobrellevar una mala noticia,
disminuir la injusticia,
iluminar la ausencia de Dios,
escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara.

A qué esperas,
confía en la piedad química.

Eres todavía un hombre (una mujer) joven,
deberías sentar la cabeza de algún modo.
¿Quién ha dicho
que la vida hay que vivirla arriesgadamente?

Entrégame tu abismo,
lo cubriré de sueño,
me estarás agradecido (agradecida)
por haber caído de pies.

Véndeme tu alma.
No habrá más comprador.

Ya no hay otro demonio.


Traducción Abel A. Murcia
Si Acaso [1972]

3 de mayo de 2012

La papelera Luis Mateo Díez

La papelera

    Por lo menos había visto a siete u ocho personas, ninguna de ellas con aspecto de mendigo, meter la mano en la papelera que estaba adosada a una farola cercana al aparcamiento donde todas las mañanas dejaba mi coche.

Era un suceso trivial que me creaba cierta animadversión, porque es difícil sustraerse a la penosa imagen de ese vicio de urracas, sobre todo si se piensa en las sucias sorpresas que la papelera podía albergar.

Que yo pudiera verme tentado de caer en esa indigna manía era algo inconcebible, pero aquella mañana, tras la tremenda discusión que por la noche había tenido con mi mujer, y que era la causa de no haber pegado ojo, aparqué como siempre el coche y al caminar hacia mi oficina la papelera me atrajo como un imán absurdo y, sin disimular apenas ante la posibilidad de algún observador inadvertido, metí en ella la mano, con la misma torpe decisión con que se lo había visto hacer a aquellos penosos rastreadores que me habían precedido.

Decir que así cambió mi vida es probablemente una exageración, porque la vida es algo más que la materia que la sostiene y que las soluciones que hemos arbitrado para sobrellevarla. La vida es, antes que nada y en mi modesta opinión, el sentimiento de lo que somos más que la evaluación de lo que tenemos.

Pero si debo confesar que muchas cosas de mi existencia tomaron otro derrotero.

Me convertí en un solvente empresario, me separé de mi mujer y contraje matrimonio con una jovencita encantadora, me compré una preciosa finca y hasta un yate, que era un capricho que siempre me había obsesionado y, sobre todo, me hice un transplante capilar en la mejor clínica suiza y eliminé de por vida mi horrible complejo de calvo, adquirido en la temprana juventud.

El billete de lotería que extraje de la papelera estaba sucio y arrugado, como si alguien hubiese vomitado sobre él, pero supe contenerme y no hacer ascos a la fortuna que me aguardaba en el inmediato sorteo navideño.

2 de mayo de 2012

Kafka y la muñeca viajera - Paul Auster fragmento de " The Brooklin Follies"



Cuenta Paul Auster en su libro The Brooklin Follies una pequeña historia que ilustra la sustitución de la realidad por un relato de la misma.



[...] "Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de veces, Dora, su pareja, lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje", le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. ¡Tres semanas! Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la mueca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, sin no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir".[...]

1 de mayo de 2012

Invitación al viaje - Charles Baudelaire

      Invitación al viaje

        Mi niña, mi hermana,
        ¡Piensa en la dulzura
        De vivir allá juntos!
        Amar libremente,
        ¡Amar y morir
        En el país que a ti se parece!
        Los soles llorosos
        De esos cielos encapotados
        Para mi espíritu tienen la seducción
        Tan misteriosa
        De tus traicioneros ojos,
        Brillando a través de sus lágrimas.
        Allá, todo es orden y belleza,
        Lujo, calma y voluptuosidad.
        Muebles relucientes,
        Pulidos por los años,
        Decorarían nuestra alcoba;
        Las más raras flores
        Mezclando sus olores
        Al vago aroma del ámbar
        Los ricos artesonados,
        Los espejos profundos,
        El esplendor oriental,
        Todo allí hablaría
        Al alma en secreto
        Su dulce lengua natal.
        Allá, todo es orden y belleza,
        Lujo, calma y voluptuosidad.
        Mira en esos canales
        Dormir los barcos
        Cuyo humor es vagabundo;
        Es para saciar
        Tu menor deseo
        Que vienen desde el cabo del mundo.
        —Los soles en el ocaso
        Recubren los campos,
        Los canales, la ciudad entera,
        De jacinto y de oro;
        El mundo se adormece
        En una cálida luz
        Allá, todo es orden y belleza,
        Lujo, calma y voluptuosidad.
      Las flores del mal
       Charles Baudelaire